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LA VERDAD, SOLO LA VERDAD Y NADA MAS QUE LA VERDAD

La Verdad es un don demasiado esquivo para la humanidad

APUNTES SOBRE GUADALUPE PARTE 02

Investigación realizada por LUIS GONZALEZ DE ALBA

Nota Primera
Es un hecho conocido que fue el señor bachiller Miguel Sánchez, quien escribiera el primer relato sobre la Virgen de Guadalupe hacia el año de 1648.

Esto indica que nadie –en 117 años- se había tomado la molestia de escribir seriamente sobre la leyenda que relata las apariciones de la virgen Guadalupana.

Aún la propia Iglesia Católica desmentía tal creencia popular pues la veía como expresión del viejo culto pagano a la diosa Tonantzin. Esta diosa era venerada precisamente en el Tepeyac.

Fray Bernardino de Sahagún –historiador de renombre-, señala un hecho necesariamente importante, pues refiere que los religiosos de entonces, en su intento de presentar a la madre de Cristo, utilizaban con los indígenas el término náhuatl Tonantzín, nombre que para ellos identificaba más bien a la conocida diosa madre del cerro del Tepeyac.

Por eso el historiador califica de inconveniente el culto guadalupano, pues afirma que al escuchar a los frailes decir Tonantzín, los indígenas pensaban en la diosa de su gentilidad y no en la Guadalupe hispana.

Por eso fray Bernardino cree que la Guadalupana es "una invención satánica para encubrir la idolatría". Esto lo que quiere decir es que tal práctica fue contraproducente para los propósitos de aquella predicación.

Además, al historiador le parece extraño que habiendo imágenes de María en cada localidad, el hecho que la afluencia de indígenas fuera mayor al Tepeyac viene siendo sospechoso, pues, en su relato da cuenta que "los indios vienen de muy lejos –como siempre-, a pesar que en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y a pesar de eso, no van a ellas, sino que la devoción se la dan a esta Tonantzin ".

En la actualidad muchos indígenas siguen dando el nombre de esa diosa pagana a la Virgen de Guadalupe.

Nota Segunda
El 8 de septiembre de 1556, ante la Real Audiencia y ante el virrey, se plantó fray Francisco de Bustamante, el provincial de la orden franciscana, y enrojecido de cólera pronunció un vehemente sermón contra el arzobispo de México.

Parte del discurso era este: "la devoción que esta ciudad le ha tomado a una ermita, a una casa de Nuestra Señora que han intitulado de Guadalupe, es un perjuicio grande hecho a los naturales porque se les da a entender que aquella imagen que pintó el indio Marcos, hace milagros…”.

El indio Marcos Cipaq de Aquino, un buen pintor, vivía por entonces y no negó la autoría de la imagen.

Nota Tercera
El arzobispo de México, fray Alonso de Montúfar, al defenderse, no favoreció para nada la leyenda de las apariciones, pues al responderle al provincial, dijo que “no se hacía reverencia a la tabla ni a la pintura, sino a la imagen de Nuestra Señora por razón de lo que representa"

El arzobispo pudo bien haber sostenido que la devoción era legítima por tratarse de una obra divina, pero inconscientemente la llamó "pintura".

Por otra parte, el superior de los franciscanos se habría referido a la leyenda del milagro, así fuera para combatirla, si por entonces ya hubiera existido. Que no lo haga en su sermón, prueba que la leyenda de las apariciones es muy posterior a esa fecha.

Lo dicho por Montúfar –no está demás decirlo-, es la explicación que actualmente se da para justificar el culto a las imágenes: como ejemplo véase el video “Idolatría en la Iglesia Católica” – de Fernando Casanova” en este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=JZr225NkAvs:

(Fernando Casanova es un hombre puertorriqueño que dice haber sido protestante. Si lo fue, de serlo, habrá sido en forma nominal nada más, porque protestante seguramente nunca lo fue. Es cosa fácil percibir en sus propias palabras que él siempre ha sido católico)

Nota Cuarte
La postura del superior de todos los franciscanos no era novedosa en la Nueva España pues hubo resistencia a la leyenda de las apariciones hasta fines del siglo XIX, aún dentro de la jerarquía eclesiástica.

Sorprende también que la Inquisición viera con suspicacia las intenciones de coronar la imagen y, cuando finalmente se realiza la coronación en 1895, hace poco más de cien años, el obispo de Tamaulipas, monseñor Eduardo Sánchez Camacho -de quién se habló en el primer apartado-, renunció a su diócesis en son de protesta, pues afirmaba que el culto guadalupano "constituía un abuso que perjudicaba a un pueblo crédulo cuya mayoría era ignorante".

Nota Quinta
Un testimonio de suma importancia lo constituyen las palabras del primer arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, quien -según la tradición- fue quien vivió el prodigio de las rosas y quien cayó de rodillas ante la imagen estampada en la tilma de Juan Diego.

Un documento de catecismo llamado Regla Cristiana, compilado por él y editado en 1547, apenas dieciséis años después del “gran milagro” que había presenciado, dice: "Ya no quiere el Redentor del mundo que se hagan milagros, porque no son menester".

Ante esta declaración, un hombre piadoso de nombre Joaquín García Icazbalceta, quien era biógrafo de fray Juan de Zumárraga y además estudioso de la Guadalupana, espantado se preguntaba: "¿Cómo podía decir tal cosa aquel que había presenciado tan grande milagro?".

Fin de la presente nota.

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