PAN y PRD: ¿se van los extremos? Itinerario Político Ricardo Alemán 02 de octubre de 2007
Saturday, 6. October 2007, 07:48:07
Ricardo Alemán
02 de octubre de 2007
PAN y PRD: ¿se van los extremos?
Se puede hablar de la llegada de políticos de un perfil más negociador
La nueva generación podría moverse en los distintos matices del centro político
Casi de manera simultánea, en marzo de 2008 dos de los tres grandes partidos políticos mexicanos —PAN y PRD— resolverán el relevo de sus respectivas dirigencias nacionales, procesos que al mismo tiempo podría significar un rumbo radicalmente distinto, y acaso hasta generacional, al que marcó a esos partidos en la última década.
En los dos casos, y a partir de los políticos y las personalidades que se perfilan para dirigir tanto a los azules como a los amarillos —y de la composición de fuerzas en el interior de los dos aparatos partidistas—, se puede hablar de la llegada a la dirigencia de los dos partidos de una generación de políticos de un perfil más moderno, negociadores y dialogantes, lejanos de los extremos de la derecha y la izquierda, que sumados al perfil de la actual dirigencia del PRI —que encabeza Beatriz Paredes— pudieran augurar una buena señal para alcanzar acuerdos como los que consiguió el Congreso en las semanas recientes.
En el PAN, como todos saben, desde el gobierno de Felipe Calderón se impulsó la postulación de Germán Martínez Cázares, quien tiene muchas posibilidades de ganar la presidencia del partido, salvo que el actual presidente, Manuel Espino, decida buscar la reelección. Si al final de cuentas Espino decide continuar, se verán reducidas las posibilidades del ex secretario de la Función Pública. Aun así, el control que logró entre los consejeros panistas el grupo de los llamados doctrinarios y, sobre todo, los felipistas, le dan al delfín del Presidente muchas posibilidades de triunfo.
Pero acaso lo más importante en la contienda interna que vivirá Acción Nacional durante los seis meses por venir es que, luego de una década en la que la estructura directiva de ese partido estuvo en manos de la extrema derecha —y especialmente jefaturado por El Yunque—, con la eventual llegada de Germán Martínez Cázares regresará a la dirigencia de los azules una nueva generación del panismo doctrinario, que controló el partido desde febrero de 1987 —con la llegada de Luis H. Álvarez, al que le siguió Carlos Castillo Peraza y luego Felipe Calderón, hasta sumar 12 años de control de la estructura del partido—, y que lo dejó en manos de la extrema derecha con la llegada de Luis Felipe Bravo Mena, en 1999, al que sustituyó Manuel Espino.
Paradójicamente, en los anteriores 12 años que el panismo histórico mantuvo el control del partido —con Luis H. Álvarez, Carlos Castillo y Felipe Calderón— fue cuando el PAN alcanzó sus mayores triunfos electorales, pero también cuando vivió sus mayores desviaciones ideológicas a causa de que ya era un importante centro de poder en municipios, estados y en el Congreso.
Vale la pena recordar que en 1988 la mancuerna que formaron Luis H. Álvarez y Carlos Castillo impulsó la candidatura presidencial de Manuel J. Clouthier —fallecido precisamente hace 18 años—, quien “metió” al PAN a una buena cantidad de empresarios, dirigentes de sindicatos empresariales e ideólogos de empresa. Entre los más destacados se encuentran nada menos que Vicente Fox y Luis Felipe Bravo Mena. El primero de cuestionable paso por Los Pinos y el segundo presidente del PAN durante seis años. Todo indica que la eventual llegada de Germán Martínez Cázares al CEN del PAN significará el fin temporal de la ultraderecha en la dirigencia de los azules, el regreso de los doctrinarios —y el regreso al origen del partido—, así como un corrimiento al “centro-derecha”, lo que acercará al PAN con el PRI, pero también podría acercarlo con el nuevo PRD. ¿Por qué con este último? Porque en el partido amarillo también se renovará la dirigencia en marzo de 2008, y de igual manera podrían ser desplazados del aparato partidista los grupos de extrema izquierda. Como ocurrió en el PAN, en el PRD el grupo de Los Chuchos tiene el control territorial y de su consejo nacional.
También en el PRD ya se destaparon las dos alternativas para la dirigencia y la lucha se resolverá entre el candidato de Nueva Izquierda, Jesús Ortega —el jefe de Los Chuchos—, y Alejandro Encinas, un ex comunista moderado que representará los intereses de Andrés Manuel López Obrador.
Jesús Ortega buscará presidir a los amarillos por tercera ocasión —en las dos anteriores fue arrastrado por intereses grupales—, y pretenderá regresar al PRD a la vida institucional, luego de que en sus primeros 12 años de vida estuvo controlado por el feudo político de Cuauhtémoc Cárdenas y en los años recientes fue víctima de la grosera imposición del señor Leonel Cota, verdadero títere de López Obrador.
En realidad, durante sus primeros 18 años de vida el partido que dice representar a la izquierda mexicana ha sido un instrumento político al servicio del caudillo en turno. En marzo próximo podría liberarse de esa tara congénita, para dar el paso hacia una izquierda moderna, negociadora, dialogante que, por supuesto, le ha ganado ya una buena cantidad de “malquerientes”. Los enamorados y fanáticos de López Obrador ven a Los Chuchos y a todo lo que no comparta el pensamiento del tabasqueño como “una traición”. Para ese sector el candidato Jesús Ortega es lo más cercano a “un peligro para la izquierda”. Para esa izquierda fanática, por supuesto.
En el caso de Nueva Izquierda, un sector de sus integrantes se han planteado —en consonancia con el PAN que se propone Germán Martínez— un corrimiento ideológico hacia la socialdemocracia, o si se quiere hacia la centro-izquierda. Esta posición no es bien vista por los grupos que apoyan a López Obrador y por otras tribus del PRD, que sin embargo están más cerca del viejo PRI y que, incluso, impulsan desde las sombras la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard, el más priísta de los perredistas. Lo curioso del fenómeno que veremos en el PAN y el PRD —y con ellos el PRI— es que surgirá una nueva generación política, capaz de moverse en los distintos matices del centro político. Y eso augura acuerdos.
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