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La bitácora de Juan de los Parlotes.

Un cristiano en alta mar.

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El día en que me arrepentí haberle prestado el voto a Fortuño.

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No sé si estaba alucinando en dicho momento, pero sin duda alguna, no fue por influencia de algún bobo reportero que se hace llamar prensa, pero que en realidad no es más que un fiel peón, cumplidor de la agenda escondida y a la misma vez explícita, de los amarillistas en las posiciones de poder. Estaba cagándome en la madre de los tomates, cuando caminaba bajo el sol candente tropical que asedia a mi ciudad y tuve un momento de retrospección al notar que estaba muy decepcionado con las ineptitudes del gobernador. Hacía el ridículo en la prensa cada vez que se disponía a parlar de algún asunto, que la prostituta colonia considera imperiosamente importante. La reacción fue medio embarazosa, un poco repugnante y me supo a pura mierda, porque éste que está sentado escribiendo le prestó el voto a ese manganzón. Pero qué más de esperarse, si estamos siendo atacados constantemente con las malas vibras--como diría mi querida amiga Anna--de todo este gentío fiscalizador, que me tiene hasta las narices con su bla, bla, bla. 

Sin embargo, algo que me ha llamado la atención es el hecho de que desde el principio, no le dimos un chance al pobre hombre de ni siquiera gobernar tranquilamente. Uno por el hecho de que los opositores del partido independentista popular estaban resentidos, porque lo que tenían por líder no era nada más ni nada menos que un chulo político, que prostituyó al juez federal a su favor. Tampoco quiero traer a colación, mis anhelos no existentes de revivir el mesías novoprogresista para una nueva humillación ante el mundo entero, porque ese bastante que nos ha jodido la existencia y todavía muchos dicen ignorantemente “Si Roselló estuviera, él sí que tendría los pantalones de poner las cosas en su sitio”. A lo mejor les gustaba su carisma pedante, preñado en arrogancia con el cual terminó siendo recordado, al tratar puerilmente de llegar a la oficina principal por un tercer cuatrienio. Pues mire, no viva en el pasado. Lo que ya fue, pasado es y no va a ser más.

Pero, será eso lo que nos gusta a los puertorriqueños, un líder carismático con palabras bonitas e impetuosas que no sepa gobernar, en vez de uno que es trabajador, un poco ensimismado y con gallitos al hablar. El tiempo dirá. Yo por mi parte les dejo estas palabras en su cancha, que no son humildes, ni pedantes, y aunque trato de ser imparcial mi humanidad me lo hace imposible.

Por último, hoy el cielo parecía estar pintado de color rosa y las florecitas chiquitas que adornaban la universidad de color amarillo se habían podrido desde el sábado con la lluvia; y de un cosa sí estoy seguro, y es que ni los principados, ni las potestades […] me podrán separar del amor de Dios, ni tampoco del que le tengo a Fortuño; aunque me avergüenza el pobre, le deseo lo mejor en su gobierno, porque al fin, y al cabo, cada decisión mala que tome nos joderá a todos. Así que en vez de echarle maldiciones y desearle la muerte optemos por mirar las cosas positivas e imperfectas que está haciendo a su buen parecer por mejorar la colonia. Y no se preocupen, que el día en que me arrepienta de haberle prestado el voto no vacilaré en decirlo, pero todavía le sigo dando el beneficio de la duda, como hicieron los otros durante todo un cuatrienio 2x. Cuídense, chao.

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