Después de haber terminado mi penúltimo semestre...
Tuesday, December 22, 2009 1:20:18 AM
Sin duda alguna, este semestre en la universidad fue uno que trajo consigo muchas sorpresas, entre ellas lo estuvieron la cantidad de trabajos que tuve que hacer, como buen esclavo de los estudios que soy. Pero como bien sabemos la universidad no es tan sólo libros, clases ni estudio, sino interacción con compañeros de clases y muchos problemas que traen consigo sus propias soluciones. Cada vez estoy más convencido que mi vida como estudiante de grado ya ha mermado y que sin duda estoy más que ansioso, y listo para emprender estudios de mayor calibre, sin embargo, si no fuera por el hecho de la transferencia de mancebías universitarias ya todo esto habría acabado. Como dicen: qué se puede hacer...
Ahora bien, después de haber terminado el semestre me di con la triste y vergonzosa noticia de que uno de mis profesores, que había accedido en redactar una carta de recomendación, todavía a sol de diciembre, no había hecho ninguna. Así que como buen peregrino de nacimiento me dispuse a tocar puerta tras puerta para poder conseguir esas valiosas recomendaciones para poder estudiar y convertirme en médico. Esa bendita manía de seguir estudiando todavía no se me ha salido de entremedio de las cejas y sigo convencido que mientras más estudie mejor podré evaluar las mentiras y medias verdades de los gobernantes de esta putativa isla.
A propósito en estos días salí con mi querida madre al centro del pueblo del cual resido. Era un día precioso para caminar y tomar el aire, pero que aire tomamos ese día. A pesar del bello clima tropical que adorna los cielos y los campos de Borinquen bella, las calles y el pueblo de Ponce parecían asemejarse a las de una república maldecida por la pobreza, de esa que dicen ser tercermundista. Entremedio de todo el olor de orines, mierda y perros, los comercios parecían a duras penas estar sobreviviendo, la escena era tan triste que me dieron ganas de salir corriendo de ese lugar, salir corriendo de Ponce, de Puerto Rico, montarme en un barco, zarpar hacia el fin del mundo y no volver más. Pero tuve que afrontar la triste realidad de los vagabundos, gentiles pobres y el ruido melancólico de los rayos ultra violeta. Sin duda alguna estas navidades ya no parecen navidad, otros todavía dicen que las navidades insulares son las mejores, pero yo me empeño que son las más tristes y los demás caen en la trampa de los recuerdos, de los cuales singuen absortos y se niegan a ver que el chinchorro isleño se les fue río abajo hace rato.
Por mi parte sigo contemplando el hecho de tener un mostacho como los viejos del pasado siglo a ver si con eso se me pega una tía, porque entre tanto mariposón que se empeña en afeitarse el cuerpo y las cejas para buscar mujeres no me voy a poder destacar mucho. Pero en fin, eso tan sólo son pensamientos de crío que tengo que sacármelos de la mente antes de volverme loco y cometa una idiotez. Así que a días de haber obtenido excelentes notas en las clases, gracias a Dios y la virgen y todos los santos de oriente, jajajaja, me convenzo cada vez que los que dicen amar a Puerto Rico son un mogollón de ilusos que hacen caravanas para matar el tiempo, que prenden fuegos artificiales para cegar a los jodidos que votaron por ellos y que en vez de haber trabajado por el pueblo siguen calentando sillas, y comiendo bueno, engordando cada vez más el culo. Por ahora me despido y les envío un abrazo para todos esos que se atrevieron a leer todo esto. ☺
Ahora bien, después de haber terminado el semestre me di con la triste y vergonzosa noticia de que uno de mis profesores, que había accedido en redactar una carta de recomendación, todavía a sol de diciembre, no había hecho ninguna. Así que como buen peregrino de nacimiento me dispuse a tocar puerta tras puerta para poder conseguir esas valiosas recomendaciones para poder estudiar y convertirme en médico. Esa bendita manía de seguir estudiando todavía no se me ha salido de entremedio de las cejas y sigo convencido que mientras más estudie mejor podré evaluar las mentiras y medias verdades de los gobernantes de esta putativa isla.
A propósito en estos días salí con mi querida madre al centro del pueblo del cual resido. Era un día precioso para caminar y tomar el aire, pero que aire tomamos ese día. A pesar del bello clima tropical que adorna los cielos y los campos de Borinquen bella, las calles y el pueblo de Ponce parecían asemejarse a las de una república maldecida por la pobreza, de esa que dicen ser tercermundista. Entremedio de todo el olor de orines, mierda y perros, los comercios parecían a duras penas estar sobreviviendo, la escena era tan triste que me dieron ganas de salir corriendo de ese lugar, salir corriendo de Ponce, de Puerto Rico, montarme en un barco, zarpar hacia el fin del mundo y no volver más. Pero tuve que afrontar la triste realidad de los vagabundos, gentiles pobres y el ruido melancólico de los rayos ultra violeta. Sin duda alguna estas navidades ya no parecen navidad, otros todavía dicen que las navidades insulares son las mejores, pero yo me empeño que son las más tristes y los demás caen en la trampa de los recuerdos, de los cuales singuen absortos y se niegan a ver que el chinchorro isleño se les fue río abajo hace rato.
Por mi parte sigo contemplando el hecho de tener un mostacho como los viejos del pasado siglo a ver si con eso se me pega una tía, porque entre tanto mariposón que se empeña en afeitarse el cuerpo y las cejas para buscar mujeres no me voy a poder destacar mucho. Pero en fin, eso tan sólo son pensamientos de crío que tengo que sacármelos de la mente antes de volverme loco y cometa una idiotez. Así que a días de haber obtenido excelentes notas en las clases, gracias a Dios y la virgen y todos los santos de oriente, jajajaja, me convenzo cada vez que los que dicen amar a Puerto Rico son un mogollón de ilusos que hacen caravanas para matar el tiempo, que prenden fuegos artificiales para cegar a los jodidos que votaron por ellos y que en vez de haber trabajado por el pueblo siguen calentando sillas, y comiendo bueno, engordando cada vez más el culo. Por ahora me despido y les envío un abrazo para todos esos que se atrevieron a leer todo esto. ☺




