Un buzo, dos mujeres y un pelo
Sunday, 26. July 2009, 15:27:32
También me pregunto si en verdad lo merezco
Soy detallista. Para muchos un obcesivo, que recuerda la forma y el lugar donde se encuentran las cosas vaya a donde vaya. Matrículas, objetos, rostros, pelos, olores, colores y lugares. Comportamientos, ademanes, formas de caminar, de vestir, de mirar. Ese soy yo.
Hacía frío, y en el desorden de mi habitación se encontraba guardado en el placard este abrigo. Nos miramos como sabiendo que hacía tiempo no compartíamos un día juntos y fue entonces que decidí llevarmelo a trabajar conmigo.
A la noche nos fuímos a cenar con una mujer que hasta hoy no conocía. Comimos, bebimos y abrigado por mi buzo y la noche, su coche nos dejó en mi casa.
Las palabras empezaron a sobrar y solo quedó mirarnos. Yo conocía perfectamente ese tipo de miradas que me invitaban a la cama pero con condiciones. Toda la alegría y belleza que derramaba su cuerpo sus ojos se encargaban de explicarme que era una persona triste, dolida y con miedos.
Nos seguíamos mirando. Estabamos ahí, hablandonos sin hablarnos.
Yo sé que los dos, por un instante nos suplicamos un "besame, pero por favor no me lastimes", sabiendo incluso que eso era inevitable, ya que ambos recordabamos como comenzó nuestra última historia gris, y aunque no era igual, se le parecía.
Pedí a gritos que no amaneciera más, pero entre las sábanas poco a poco empezabamos a vernos las caras. Y así, recibimos un nuevo día, ella que no se cansaba de besar y mi mano -que entre lunar y lunar- se aparcaba de a ratos en alguna esquina de su cuerpo. Y así creo que nos dormimos.
Mientras se subía a su coche, le pedí volver a vernos y ella juró regresar. Volví a mi casa ahora feliz.
Antes de irme nuevamente a la cama, en contraste con el frío y blanco marmol de la mesa de la cocina, reconocí que de mi buzo colgaba un pelo, y me obligaba a prestarle atención, así que lo tomé.
Era rojo teñído, con su raíz negra. Lo reconocí casi al instante y con mucho asombro. No podía creer como ese pelo estuvo -según mis calculos- abrazado a mi buzo durante casi un año. Cómo no se cayó al ponermelo, al rozarlo durante todo el día y toda la noche, y peor aún, que se encargara justo ahora de hacerse ver.
También, me percate que había sido testigo fiel de mi reciente enamoramiento.
¿Será posible!!, me dije, que el pelo de la persona que mas oscureció mi vida, me obligue ahora a recordarla?
Decidí tirarlo al piso, mintiendome, diciendome que no le daría importancia, pero minutos después me dí cuenta que aún seguía colgado de mi.
Hice entonces un trato. Yo lo guardaba sabiendo que eso implicaba recordarlo siempre, y tenerlo presente cada vez que abriera ese cajón, y él me iba a dejar vivir sin atormentarme todo el tiempo con su recuerdo.
Ella juró regresar, y regresó.
Yo prometí no olvidar al pelo, y aquí estoy.
JUAN




















