El Eterno Valor de la Privacidad
Saturday, 20. May 2006, 02:56:34
La refutación más común en contra de los que advocan por la privacidad -- por aquellos en favor de los chequeos de ID, cámaras, bases de datos, data mining y otras medidas de vigilancia al por mayor -- es esta línea: "Si usted no esta haciendo nada malo, qué tiene que ocultar?"
Algunas respuestas iluminadoras: "Si yo no estoy haciendo nada malo, usted no tiene ninguna razón para vigilarme", "Porque el gobierno es el que define qué es lo que está mal, y aún sigue cambiando la definición con el tiempo", "Porque usted puede hacer algo malo o equivocado con mi información". Mi problema con sentencias como aquella -- tan correctas como sean -- es que aceptan la premisa de que la privacidad trata sobre esconder algo malo. No es así. La privacidad es un derecho humano inherente, y un requerimiento para mantener la condición humana con dignidad y respeto.
Dos proverbios lo dicen mejor: Quis custodiet custodes ipsos? ("quién vigila a los vigilantes?") y "el poder absoluto corrompe absolutamente".
El Cardenal Richelieu comprendía el valor de la vigilancia cuando famosamente dijo: "Si alguien me diera seis líneas escritas por la mano del más honesto hombre, yo hallaría algo en ellas para tenerlo colgado". Mire a alguien lo suficiente, y encontrará algo con lo cual arrestarlo -- o simplemente chantajearlo. La privacidad es importante porque sin ella, la información de vigilancia será abusada: para husmear, para venderla a vendedores o espiar enemigos políticos -- por quienes ellos resulten ser en ese momento.
La privacidad nos protege de abusos por parte de aquellos en el poder, aún si uno no esta haciendo nada malo en el momento en que lo vigilan.
No hacemos nada malo cuando hacemos el amor o vamos al baño. No estamos ocultando nada deliberadamente cuando buscamos lugares privados para reflexionar o conversar. Mantenemos diarios íntimos, cantamos en la privacidad de la ducha, y escribimos cartas a amantes secretos y luego las quemamos. La privacidad es una necesidad humana básica.
Un futuro en el que la privacidad sufriera un asalto constante fue tan ajeno a los creadores de la constitución (estadounidense) que jamás se les hubiera ocurrido declararla como un derecho explícito. La privacidad es inherente a la nobleza de su ser y de su causa. Por supuesto ser vigilado en su propio hogar era inrazonable. Cualquier tipo de vigilancia era un acto tan inpropio como inconcebible entre caballeros en aquellos días. Usted vigila criminales convictos, no ciudadanos libres. Usted manda en su propio hogar. Es algo intrínseco al concepto de libertad.
Si somos observados en todos los aspectos, estamos constantemente bajo amenaza de corrección, juicio, criticismo, incluso plagio de nuestra propia singularidad. Nos volvemos niños, restringidos bajo ojos vigilantes, constantemente temerosos de que -- ya sea ahora o en un futuro incierto -- patrones (de conducta o comportamiento) que dejemos atrás sean sacados a flote para implicarnos, por cualquier autoridad que ahora se haya focalizado en nuestros una vez privados e inocentes actos. Perdemos nuestra individualidad, porque todo lo que hacemos es observable y grabable.
Cuantos de nosotros hizo una pausa durante una conversación en los pasados 4 años y medio, repentinamente concientes de que podemos estar siendo interceptados? Probablemente haya sido una conversación telefónica, aunque pudo haber sido un email, una conversación por mensajería instantánea o mantenida en lugar público. Probablemente el tema haya sido terrorismo, política, o el Islamismo. Paramos repentinamente, momentáneamente temerosos de que nuestras palabras puedan ser sacadas de contexto, luego nos reímos por nuestra paranoia y continuamos. Pero nuestro comportamiento ha cambiado, y nuestras palabras son sutilmente alteradas.
Esta es la falta de libertad que encaramos cuando nuestra privacidad se nos es quitada. Esta es la vida de la ex Alemania del este, o del Iraq de Sadam Hussein. Y es nuestro futuro mientras permitamos un siempre-intrusivo ojo en nuestras vidas privadas, personales.
Muchos erróneamente caracterizan al debate como "seguridad versus privacidad". La verdadera elección es libertad versus control. La tiranía, ya sea que surga bajo amenaza de un ataque físico extranjero o bajo un constante escrutinio doméstico autoritativo, sigue siendo tiranía. La libertad requiere seguridad sin intrusión, seguridad más privacidad. La vigilancia policíaca extendida es la propia definición de un estado policial. Y por eso es que debemos defender la privacidad aún cuando no tengamos nada que esconder.
Artículo original en Wired
Algunas respuestas iluminadoras: "Si yo no estoy haciendo nada malo, usted no tiene ninguna razón para vigilarme", "Porque el gobierno es el que define qué es lo que está mal, y aún sigue cambiando la definición con el tiempo", "Porque usted puede hacer algo malo o equivocado con mi información". Mi problema con sentencias como aquella -- tan correctas como sean -- es que aceptan la premisa de que la privacidad trata sobre esconder algo malo. No es así. La privacidad es un derecho humano inherente, y un requerimiento para mantener la condición humana con dignidad y respeto.
Dos proverbios lo dicen mejor: Quis custodiet custodes ipsos? ("quién vigila a los vigilantes?") y "el poder absoluto corrompe absolutamente".
El Cardenal Richelieu comprendía el valor de la vigilancia cuando famosamente dijo: "Si alguien me diera seis líneas escritas por la mano del más honesto hombre, yo hallaría algo en ellas para tenerlo colgado". Mire a alguien lo suficiente, y encontrará algo con lo cual arrestarlo -- o simplemente chantajearlo. La privacidad es importante porque sin ella, la información de vigilancia será abusada: para husmear, para venderla a vendedores o espiar enemigos políticos -- por quienes ellos resulten ser en ese momento.
La privacidad nos protege de abusos por parte de aquellos en el poder, aún si uno no esta haciendo nada malo en el momento en que lo vigilan.
No hacemos nada malo cuando hacemos el amor o vamos al baño. No estamos ocultando nada deliberadamente cuando buscamos lugares privados para reflexionar o conversar. Mantenemos diarios íntimos, cantamos en la privacidad de la ducha, y escribimos cartas a amantes secretos y luego las quemamos. La privacidad es una necesidad humana básica.
Un futuro en el que la privacidad sufriera un asalto constante fue tan ajeno a los creadores de la constitución (estadounidense) que jamás se les hubiera ocurrido declararla como un derecho explícito. La privacidad es inherente a la nobleza de su ser y de su causa. Por supuesto ser vigilado en su propio hogar era inrazonable. Cualquier tipo de vigilancia era un acto tan inpropio como inconcebible entre caballeros en aquellos días. Usted vigila criminales convictos, no ciudadanos libres. Usted manda en su propio hogar. Es algo intrínseco al concepto de libertad.
Si somos observados en todos los aspectos, estamos constantemente bajo amenaza de corrección, juicio, criticismo, incluso plagio de nuestra propia singularidad. Nos volvemos niños, restringidos bajo ojos vigilantes, constantemente temerosos de que -- ya sea ahora o en un futuro incierto -- patrones (de conducta o comportamiento) que dejemos atrás sean sacados a flote para implicarnos, por cualquier autoridad que ahora se haya focalizado en nuestros una vez privados e inocentes actos. Perdemos nuestra individualidad, porque todo lo que hacemos es observable y grabable.
Cuantos de nosotros hizo una pausa durante una conversación en los pasados 4 años y medio, repentinamente concientes de que podemos estar siendo interceptados? Probablemente haya sido una conversación telefónica, aunque pudo haber sido un email, una conversación por mensajería instantánea o mantenida en lugar público. Probablemente el tema haya sido terrorismo, política, o el Islamismo. Paramos repentinamente, momentáneamente temerosos de que nuestras palabras puedan ser sacadas de contexto, luego nos reímos por nuestra paranoia y continuamos. Pero nuestro comportamiento ha cambiado, y nuestras palabras son sutilmente alteradas.
Esta es la falta de libertad que encaramos cuando nuestra privacidad se nos es quitada. Esta es la vida de la ex Alemania del este, o del Iraq de Sadam Hussein. Y es nuestro futuro mientras permitamos un siempre-intrusivo ojo en nuestras vidas privadas, personales.
Muchos erróneamente caracterizan al debate como "seguridad versus privacidad". La verdadera elección es libertad versus control. La tiranía, ya sea que surga bajo amenaza de un ataque físico extranjero o bajo un constante escrutinio doméstico autoritativo, sigue siendo tiranía. La libertad requiere seguridad sin intrusión, seguridad más privacidad. La vigilancia policíaca extendida es la propia definición de un estado policial. Y por eso es que debemos defender la privacidad aún cuando no tengamos nada que esconder.
Artículo original en Wired








