Relatos

Caminando sobre hojas secas con los pies descalzos.

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Naciente.

Tengo estas manos haciéndoseme arena.
Manos que no alcanzan a abrazar lo que quiero.
En la simple cortina de esperanzas
se que me hago polvo, no toco lo que espero.

Tengo estas manos vacías
y el corazón remendado.
Soñando, suspirando, guardando las creencias
en el hombre, en los sueños, en nuevas esperanzas
en la misma voluntad que emana de mi cuerpo.

Soy el centro de mi mundo, me respiro y me siento
y mi canto de amor propio suena rebelde como el viento.
Espigada...espigada me reinvento.

Anuket

Ya estaría bien
Dejar que estos encuentros dejen de ser
Creadores de culpa o ironías
Estaría bien que ya pudiera en ellos ver
Un soplo de rebeldía.

Aún hay tiempo
Para el último grano de arena que cae
Ven, sé que no ignoras que es el momento.
Anuket vendrá a regocijarse en nuestro encuentro.

Porque el amargo sabor del desamor
Solo puede venir de historias grandes
De la concupiscencia, de aburrirse del asombro.
De morir y vivir al mismo tiempo.

Partir

Las luchas repetitivas esconden el fracaso de simplemente querer perder.
Yo esta tarde te pierdo, veo como tus zapatos te arrastran del lugar donde vives
Mi corazón ya no parece el escondite de amantes que antes fuimos
Por eso te alejas, te llevas parte de la alacena que hay en él
para partirlo por días
Por noches,
por horas,
por segundos
En las que se creará tu adiós interminable.
Sé que quebrarás todos mis relojes,
Ya no sabré en que tiempo me encuentro.

Cuando Oliveiro ya no Volaba

Me da por esconderme, justo cuando me espero.
Mi sonrisa corre sin vacilar y angustiada
Hacia días de lluvia bajo paraguas torcidos.
No sé por qué me sigo preguntando lo mismo
Cuando me da por ser mi pariente lejana
La que deja las sombras tiradas cuando huye
Y no recoge sus pasos cuando se encuentra alejada.

Para todos he sido el anfitrión cobijo
Que refrescan en su sombra toda clase de penas
Otra parte de mí se esconde entre edificios
Como murmullo de agua mojando las aceras
Apenas corriendo y arrastrando lo sucio
Llenándome de todo lo que otros desechan.

Un hombre soñó que podía ser pájaro
Y construyó una máquina y soñó con sus plumas
Cuando el hombre vuela creyendo tener alas
Cuando todo ha sido un espejismo fatal.
Y de repente observa que no atraviesa ventanas
Entonces es cuando vuelve su entorno real.

Así el karma se asegura de transformar las acciones
Para que nada se pierda, para que se conserve
El dolor de las penas de los ecos antiguos
La soledad que encubre con el frío inclemente.

1932

Nos impusieron gobernantes que no elegimos, que no velaban por nuestros derechos. No eran representantes sino de los intereses de los grandes hacendados.

Dijeron que fue organizado por el Partido Comunista pero fuimos nosotros, indígenas despojados de sus tierras, muertos de miedo y de orgullo nos armamos como pudimos, tomamos plazas, alcaldías, eramos valientes con el miedo en una mano y en la otra el corazón encogidito...no se podía más, nos estábamos muriendo de hambre cortando café ajeno donde antes habíamos cultivado nuestros alimentos.

Abrimos la alcaldía y ya envalentonados nos fuimos al cuartel, sin pensarlo, henchido el pecho y cerrada la mente sin pensar en las pocas posibilidades que teníamos ante armas superiores a nuestras herramientas de trabajo. Los vimos venir con sus uniformes, disparando desde posiciones donde nosotros no pudimos alcanzarlos, dejando una alfombra de cuerpos a su paso. Levantamiento le llamaron pero después su solución fue matarnos fue dejarnos a todos abajo, muertos uno sobre otro.

En los días siguientes mataron a los líderes, la mitad de nuestras madres y hermanas creyeron que estaban locos por velar por nuestras tierras, los mataron por comunistas decían. Muchos tuvimos que escondernos mientras nos llegaban noticias de familiares que habían matado y nosotros escondidos sin poder irles a velar ni buscar. Poco a poco nos fuimos preguntando donde estaba también Dios escondido para hacernos compañía

Poco a poco tuvimos que despojarnos de la ropa que nos gustaba, nuestra lengua, nuestras fiestas. Ya había sido duro para nuestra ascendencia haber adquirido todo esto durante la colonización y ahora teníamos que dejar nuestras vidas, nuestro trabajo y escondernos como ladrones.

Pero de eso ya hace 79 años, los pocos que quedaron se han ido muriendo también y con ellos la memoria.



Batalla.

Me sigue pareciendo extraño como una cosa tan pequeña pueda generar una alegría tan grande.

Justo como cuando veo que tu boca me regala una sonrisa deteniendo el proceso en el que la luz de tus ojos se apagaba para mí.

Como compañera de batalla, fusil en mano, besos en los labios, deseo en la piel voy a crear hogueras tomándote por sorpresa, despidiendo al frío y trayendo la primavera desde donde ha ido a esconderse mientras huía de los brazos de los amantes que la atrapan.

Un cuento.

Había un paísito donde la muerte era el milagro de cada día, siempre se daba la multiplicación de la divina providencia, que era sabia y buena, compasiva y parcial, para que alcanzara a todos, sobre todo a los más necesitados.


Era la divina gracia con que el hombre ayudaba a la naturaleza a regular la sobrepoblación que amenazaba con acabarse los recursos más rápidamente. Así que acaparaba los alimentos, destinaba como privilegio la educación y el vestuario, acumulaba riquezas a costa de la pobreza de otros y puso armas a disposición de la muchedumbre y les enseñó a jugar con ellas desde pequeños para que fueran felices.


Un día se murió un elefante (que ni era propio de estas tierras, extranjero nacionalizado si es que se puediera llamar) y muchos acudieron a su entierro, se reunieron, llevaron flores y velas, se lamentaron de que la naturaleza siguiera su curso y acabara con un ciclo de vida.


Mientras tanto, trece personas morían ese mismo día de causas no naturales y tres más decidían quitarse la vida, claro está que no puede generarse ninguna condolencia al respecto porque el corazón, esa cajita de sentimientos del hombre, no puede compadecerse de una especie que mata a sus congéneres ni por situaciones que pasan todos los días. Lo cotidiano simplemente no conmueve.
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Tesoros

Ya quisiera yo
tus horarios, tus sueños,
la arruga de la sábana
que se aplasta con tu espalda.

Ya quisiera yo el hilo
que te estira los labios creando tu sonrisa,
la sorpresa siempre sabia
que te lleva a abrir los ojos desmesuradamente.

Ya quisiera yo guardarlo todo
entre bolitas de alcanfor y adornarlo con tiempo,
como cartas viejas,
como tesoros guardados
esperando a ser descubiertos
por alguien que distraidamente les quitará el polvo
los pondrá sobre su mesa de noche
comenzará por besarlos
y los usará para dormir
combinados con algun analgésico.

Niñito

Tengo un niño pequeñito que en las mañanas, cuando despierto,
brinca a mi cama como regresando de un sueño.
Me acaricia las manos, las perfuma con sus besos,
tengo un niño pequeñito que siempre viene sonriendo.

Cuando apenas abro los ojos, lo busco como presintiendo
que estará bajo mi almohada para contarme sus cuentos.
Me regala los rayitos que al sol le quita, travieso,
y yo simplemente, al verlo feliz lo quiero.

Inocente se pasea deslizándose en mis cuencos
y le encantan las cosquillas que le producen mis vellos.
Mi niñito chiquitito me hace reir sin quererlo
y no se cómo levantarme sin que quede descontento.

Despacio le acaricio su cabecita de cielo
y al oido le regalo un poema de te quieros,
al notar que me levanto, en seguida frunce el ceño
y se acurruca y me dice que quiere dormir en mi pecho.

Yo no sé cómo negarme, le prometo mi regreso
y advierto que con malicia va jugando con mi tiempo.
"Mi niño chiquitito, no estés triste que yo vuelvo
y regreso a tu lado si tú quieres", le comento.

Se toca los pies y se enrolla, dice que yo le miento,
le digo que no hay manera de que lo engañe, lo quiero.
Se le escapa una sonrisa, dice que eso es cierto
y al marchar se alargan mis horas para volver a su encuentro.

Pero mientras inquieta espero poder volver a verlo
pienso en sus ojos cafés, las marcas de sus hoyuelos
su ingenuidad que conquista la piel de mis sortilegios.

Yo sé que cuando regrese estará ahí, lo creo
y tendremos para darnos muchas horas de vuelo.
Mi niñito pequeñito, mi conchita de mar, mi beso.

RETORNO

¡¿Cuántas veces le habia tocado amarse a sí misma?!
Decirselo al oido mientras se peinaba un poco para sentirse mejor.


Pero ya estaba cansanda, aquel día despertó con el antojo de un beso compartido, quiso sentir como una mano acariciaba la suya y nada más o quizá hasta desafió el tibio abrazo que la dejara sin aliento ni latidos.


Usó su lápiz de labios para dejarse una nota: "Ya no me esperes, no vuelvo más, me voy a la calle a encontrar lo inexistente"


Y se fue...





Cuando regresó a su casa, de nuevo sola, de nuevo vacía, leyó la nota que había en el espejo, tomó nuevamente su labial y escribió abajo de aquella frase: "He vuelto a casa y no he logrado encoentrarte, no te vayas, te necesito". Y lloró como una niña durante toda la noche.

Pero nunca más volvió, ahora se enamora del reflejo que ve en las vitrinas cuando sale a la calle y por casualidad alguien se detiene a su lado para echarle un vistazo a las cosas

RUTA

No habia nada planeado, las líneas de mis mapas marcaban claramente otra ruta.

Siempre me he acusado propiamente de ser tan distraída, sin embargo jamás me tomé el tiempo de comprar
para mí una brújula pequeña...quizá por que tampoco compré nunca un reloj para tomarme el tiempo.
No sé en que momento cambié de rumbo o se movieron las calles, yo simplemente acuso a quien las coloca
todas las mañanas por su mal sentido del humor.

Un día en que pasaba por donde siempre, haciendo las mismas cosas, mirando a la misma gente,
entre ellos vos...a quien habia mirado antes, besado antes, tocado antes, resultó que eras diferente, que eras otro en otra calle, con otra cara y otras palabras.

Ahi tuve que haber maldecido a los planificadores por reirse de lo inesperado.

SOBRE AVISO

No tengo un plan elaborado que se proponga ser fiel sirviente,
estás siempre a mi mano cada vez que lo necesito.

Sin embargo, me rehuso a dejarte sentado en una esquinita
donde seguramente se me olvide hasta tu nombre.

Esta vez no quiero continuar perdiendo sin haber jugado.
No me permitirìa cometer tal locura.

Sería bueno que te fueras dando cuenta
de que esta vez voy a saltar sin haberme preparado.



tomado de www.rossannabarri.blogspot.com

A ROCAMADOUR



Apenas si sos un bebé que ahora mismo va creyendo en las cosas que le voy mostrando, en los cuentos que te leo y en los lugares que logro que te imagines en tus sueños…

Tu inocencia ahora es esa conchita de mar que uno se encuentra a la orilla de la playa así como medio quebrada y un poco corroída por la sal, pero tan hermosa cuando el sol la viste. Siempre mantuviste oculta esa parte de vos que tanto agrada y uno se pone a pensar si esa conchita no estaba esperando ser arrojada por una ola para que golpeara los dedos de mis pies.
Imaginarte que te cuido, soñar que me cabes en una palma de la mano, acostarte y cobijarte con la que me queda libre y formarte una casita de amor y de tiempo que te guarda de las malas intenciones.

Siempre quiero despertarme y escuchar tu sonido, esa respiración que indica que aún dormís plácidamente, que nada mancha tu razón solo por instantes, que podes soñar que sos feliz y que de repente te encontraste en un cofrecito el par de alas que te tenía guardadas esperando tu cumpleaños o navidad, o un caballito azul, o un solecito verde. Con vos puedo pintar tantos colores bellos…que no me caben las mezclas en la paleta de colores.

Yo encuentro mi infancia en la tuya, mi tristeza en la tuya, mi corazón en el tuyo.

Nunca despertés, dejame que te oiga mientras estas dormido, dejame que me pierda en la rayita de tus ojitos cerrados, mi pequeño Rocamadour, mi conchita de playa, mi solecito de mar.

Y SI...

**Tomada de cirugiademanolaplata.blogspot.com


Quisiera ser otra, haber nacido con otro tipo de tierra bajo las plantas de mis pies y dejar de encerrar muertos de amor en mi armario, quitarles el polvo del dolor y coserles las heridas previamente lavadas con agua oxigenada. Quisiera no ser protagonista de las novelas de Drácula. Quizá hubiera podido serlo, pero quién sabe.

TREN



Me bajé del vagón en el que veníamos juntos, tú te asomaste absorto, para verme partir, por la ventana. Yo caminaba contiguo a los rieles viendo partir el tren con su caminar ruidoso y lento. El humo trataba de alcanzarme hasta donde estaba, pero yo apenas miraba tu pañuelo moverse a través del viento para despedirme. Era como una película muda, vieja y dañada pasando por la pantalla de la ausencia. Era el adiós. Era el momento.

RECORRIDO


Doy un lindo paseo por tu cara
me detengo un poco en el estanque de tus ojos
no para beber de ellos
la luz que calma la sed de mi nostalgia
si no para mirar como me miras.
Paso largo tiempo inclinandome hacia ellos
porque hasta ese momento creo que no hay mayor frescura
que pararme a mirarme en el estanque
que sentir que voy fluyendo al fondo de tu alma.

Algo me impacienta, ya no quiero mirar sólo tus ojos.
Me deslizo en tu nariz...
esa que otras veces he rozado con la mía
esa que reconoce mi aroma en la distancia
y que ahora me sirve como flecha que me guía.

Continuo lentamente...
Me parece q no puedo seguir caminando...
tus labios me detienen
me sujetan y me sueltan
y es aquí donde todo reverdece
nada es más fresco y confortable
que quedarme a disfrutrar
el borde de tus labios
la punta de tu lengua
que juega a conocerme.

Todo me parece un sueño
y cierro los ojos
y me lanzo al vacío.
Dejo que me beses
y comienzo a besarte
con toda la furia de los segundos perdidos
con la ternura guardada por años y años
con el sabor a polvo
que se ha ido acumulando desde el último beso.
En esa hora necesito tener más de una boca
y un pulmón más
para colmarte de miles de besos
sin quedarme sin aire.

Abro los ojos para volver a la tierra.
La luz es hiriente como hiriente la distancia
la pequeña brecha que ahora nos separa.

Y el recorrido acaba...
siento que me dejo algo en el camino
con las ganas seguras de iniciar nuevamente
el mismo recorrido.


SIN VOS


No estas más esta noche, ni estarás sobre el tiempo
que vuelve, que vuelve, que vuelve
a regresar a las 12 de la noche en las agujas de un reloj
para volver a empezar.

No estás más...
y tu sonrisa ya no se dispersa sobre los rayos de luz que llegan hasta mis ojos.

No estás más en el sonido diario de una canción que anuncia tu llegada,
ni estás más al lado izquierdo de mi cama
donde tu espacio se hundía para ser llenado con lo que amaba.

No están mas esas horas en que volar era eterno,
no están más nuestras alas abriéndose para ser libres,
para jugar a que el viento
se cuele entre ellas.

Ya no estás presente aunque quiera nombrarte,
aunque el recuerdo acuda moviendo sus piezas para hacer un jaque.

No estás más en el silencio de la noche
que cierra sus brazos para abrir los del día;
y la noche me entristece, y la madrugada me aterra
porque sé que al abrir los ojos no encontraré tu presencia.

Te me vas...como hormiga deslizándose en las últimas cuevas que ha dejado la lluvia
y te escondés como deseando que la oscuridad te envuelva
y te proteja.

Ya no estás, y tu ausencia me muerde las esquinas del corazón
y yo
ya no estaré para cuando vuelvas.

POR VOS

¿Cuántas veces me he visto desnuda al espejo preguntándome si seré yo todo aquello que veo?
Pero el vidrio es liso, llano, silencioso y complaciente...es tán simple y fácil creerse aquel reflejo.

La de veces que enrojecí porque se me caían las cosas de las manos, porque tenía hambre, porque necesitaba un baño. La de veces que me avergonze de ser tan humana, de ser libre, de necesitar una mano que me ayudara a lenvantarme.

Por esos días que terminaban en fiesta y alegría, por esos dias en que deje de pensar en vos que estabas tan lejos y que te creía callado y muerto.

Por esos días en que el miedo albergó mis palabras, aquellos días en que ignoré tus pasos tan ruidosos e inconformes, en que deje de gritar con júbilo tu nombre. Por los días y noches que no me levanté para sentir el orgullo de merecerte.

Por las veces que mi mano se extendió para pedir y no para dar sino lo que se me caía, por las que mi puño no se levantó para protestar sino para matar, por los días de quietud sin fin. Por los atardeceres y amaneceres que me he perdido dejando mis pasos entre edificios y horarios, entre sábanas y televisión.

Por todo eso,hoy digo ya no más...me despertaré para trabajar por vos ahora y siempre... ¡hoy anuncio que estas vivo!¡que resucitaste en mi!

NO ESPEREMOS



Ya no dependo más del tiempo.
¿Cómo esperar un tiempo que se arrastra?
el tiempo es el vencido del imbécil que lo cuida.

No lo cuidemos más, amor, porque es cobarde
porque se queja sin tratar de levantar la mirada.
Usémoslo para tratar de reinventarnos sin que se de cuenta
de que es el juguete de nuestras esperanzas.

Cuando se de cuenta, seremos otros,
tendremos otros nombres, otras miradas.
Nos miraremos cansados, felices, satisfechos.
Deshojando petálos en nuestra casa.

No importa que nos haga una mala jugada
que nos deje su marca, su huella imperdonable,
las arrugas, los recuerdos, las horas maltratadas,
el olor de polillas y su furia implacable.

Dejá que intente vencer este olor, esta ternura,
que pretenda volar con alas rotas,
que quiera anestesiarnos con cordura.

Estoy con vos, estás conmigo tomando con mi mano
una esperanza nueva, una figura triste,
desvaneciendo las agujas,
escribiendo una nueva tonada que cante
a la ilusión, a la poesía,
a la ingratitud de mantenernos lejos,
al hambre, al sueño, a la violencia,
al odio de lo injusto, a las barreras.

Hagamos que todos la aprendan, que se resignen
como el tiempo que vencemos.
Que miren nuestras bocas, nuestras manos unidas,
que se revuelquen, que digan, que se alejen.


No esperemos más al tiempo que no espera...






ENTRE OTRAS COSAS

Quiero caminar sobre hojas secas y hacer mucho ruido,
tanto ruido que lastime los oídos de los malintencionados;
reirme de su falta de conciencia, de su mediocridad,
de su cruz a cuestas.

Quiero coser todas las bocas prudentes,
vomitar mis palabras encima de su silencio.
Quiero abrazar al que ríe a pesar de su tortura,
al que lucha a pesar de saberse vencido,
al que guarda el miedo en la bolsa del pantalón
para que no pese tanto la incomodidad al aire
y condenarme para siempre en el purgatorio de la justicia.

Quiero ponerme cualquier zapato sin que me quede chico,
amarrarmelo y comenzar a caminar.

Por decir algo, entre otras cosas.