El evangelio segun Jesucristo
Monday, January 30, 2012 3:45:38 AM
Sin duda la mujer arrodillada se llama María, pues de antemano sabíamos que todas
cuantas aquí vinieron a juntarse llevan ese nombre, aunque una de ellas, por ser además
Magdalena, se distingue onomásticamente de las otras, aunque cualquier observador, por
poco conocedor que sea de los hechos elementales de la vida, jurará, a primera vista, que
la mencionada Magdalena es precisamente ésa, pues sólo una persona como ella, de
disoluto pasado, se habría atrevido a presentarse en esta hora trágica con un escote tan
abierto, y un corpiño tan ajustado que hace subir y realzar la redondez de los senos,
razón por la que, inevitablemente, en este momento atrae y retiene las miradas ávidas de
los hombres que pasan, con gran daño de las almas, así arrastradas a la perdición por el
infame cuerpo. Es, con todo, de compungida tristeza su expresión, y el abandono del
cuerpo no expresa sino el dolor de un alma, ciertamente oculta en carnes tentadoras,
pero que es nuestro deber tener en cuenta, hablamos del alma, claro, que esta mujer
podría estar enteramente desnuda, si en tal disposición hubieran decidido representarla,
y aun así deberíamos mostrarle respeto y homenaje. María Magdalena, si ella es, ampara,
y parece que va a besar, con un gesto de compasión intraducible en palabras, la mano de
otra mujer, ésta sí, caída en tierra, como desamparada de fuerzas o herida de muerte. Su
nombre es también María, segunda en el orden de presentación, pero, sin duda,
primerísima en importancia, si algo significa el lugar central que ocupa en la región
inferior de la composición.
cuantas aquí vinieron a juntarse llevan ese nombre, aunque una de ellas, por ser además
Magdalena, se distingue onomásticamente de las otras, aunque cualquier observador, por
poco conocedor que sea de los hechos elementales de la vida, jurará, a primera vista, que
la mencionada Magdalena es precisamente ésa, pues sólo una persona como ella, de
disoluto pasado, se habría atrevido a presentarse en esta hora trágica con un escote tan
abierto, y un corpiño tan ajustado que hace subir y realzar la redondez de los senos,
razón por la que, inevitablemente, en este momento atrae y retiene las miradas ávidas de
los hombres que pasan, con gran daño de las almas, así arrastradas a la perdición por el
infame cuerpo. Es, con todo, de compungida tristeza su expresión, y el abandono del
cuerpo no expresa sino el dolor de un alma, ciertamente oculta en carnes tentadoras,
pero que es nuestro deber tener en cuenta, hablamos del alma, claro, que esta mujer
podría estar enteramente desnuda, si en tal disposición hubieran decidido representarla,
y aun así deberíamos mostrarle respeto y homenaje. María Magdalena, si ella es, ampara,
y parece que va a besar, con un gesto de compasión intraducible en palabras, la mano de
otra mujer, ésta sí, caída en tierra, como desamparada de fuerzas o herida de muerte. Su
nombre es también María, segunda en el orden de presentación, pero, sin duda,
primerísima en importancia, si algo significa el lugar central que ocupa en la región
inferior de la composición.












