LAS LUCHAS CIVILES EN URUGUAY (1832-1904) Aspectos humanos 15. El soldado. El soldado oriental, soldado jinete
Friday, January 4, 2008 5:13:39 PM
“Yo no se cómo es
de sufrido el soldado en otro país,
pero me atrevo a afirmar
que para sufrir las inclemencias de las estaciones,
descalzo, y las privaciones,
ninguno los será, por cierto,
más que el soldado oriental”.
(Francisco Dairault, francés, 1843)
EL SOLDADO ORIENTAL, SOLDADO JINETE
... “ capaz de meterse, lanza en mano,
por el frente de un batallón y salirse por la retaguardia
con la lanza chorreando sangre.”
(Víctor Arreguine)
Sobre el valor del soldado oriental, tomemos testimonios de dos extranjeros. Extranjeros militares que actuaron en nuestras guerras civiles.
Uno de ellos fue el Sargento Mayor del Ejército de la Defensa, el francés Francisco Dairault. Haciendo referencia a un plan peligrosísimo para cruzar la Laguna Merín en dirección al Brasil, después de la batalla de India Muerta, dice:
... “ plan que a no ser de orientales, tan solamente podía caber en la cabeza de un bretón.”
Garibaldi en sus “Memorias”, escritas en 1870 en Italia, recuerda con cariño y lleno de admiración las proezas a que eran capaces los orientales con quienes él había convivido en nuestra Guerra Grande:
“Para mí el soldado de la caballería americana no tiene rival en cualquier clase de combates. Después de una derrota, no hay como él para perseguir al enemigo y capturarlo. Cuando un árbol no le permite pasar derecho, se pliega sobre el dorso del caballo y desaparece confundido con el lomo. Si el obstáculo es un río, el americano se precipita con el arma en los dientes y hiere al enemigo en medio del agua”...
El soldado oriental era un guerrero jinete por excelencia. El soldado era modelado por la región y sus características. Volvamos a las observaciones de Garibaldi:
... “ un país donde todos los hombres son completos jinetes ... donde el mismo espíritu caballeresco hace belicosos a los habitantes”.
Acostumbrados al caballo, nuestros guerreros saltan al animal en pelo, a lo panadero, también saltan de un lado al otro apoyando las manos sobre la bestia. Por eso no nos extraña aquella orden dada por Timoteo Aparicio en el combate del 26 de marzo de 1870:
“A caballo sin monturas, y a formar de a 4 en fondo”. ¡ Y ... vencieron !
¡ Cuántos elogios han recibido estos anónimos héroes de la patria ! Con razón Rivera, haciendo alusión al bizarro Regimiento de Dragones Orientales de la Unión decía que “sus soldados son bravos, saben sufrir el hambre y la intemperie. Son excelentes prácticos, conocen de cerca esta clase de guerra, así como el terreno en que han de hacerla”. (Gómez)
Para ser un buen revolucionario, ¿qué era necesario?
Para empezar anotamos las siguientes exigencias: ser buen jinete, (muy valiente, claro está), levantarse temprano (al empezar las barras del día), saber ensillar, resistir montado sobre el animal durante 10, 15 ó 20 horas continuas, aguantarse sin comer 24 y hasta más horas, poder sufrir las inclemencias del tiempo (frío, lluvias, sol abrasador), no dormir (o hacerlo a caballo, andando, o aún com las ropas mojadas y los pies en el agua), ingeniarse mucho para vadear los ríos y los arroyos crecidos.
Si salvando estos obstáculos, y muchos más, el candidato resistía bien, podía ser merecedor del juicio expresado por Norberto Acevedo Díaz luego de su participación en la batalla de Arbolito:
“Cuanto lujo de valor se hizo, digámoslo con orgullo, tanto de una parte como de la outra. ¡Cuántos orientales desafiaban el plomo mortífero, esperándolo de pie y a cuerpo gentil, para caer fulminados como por un rayo!”.







