Friday, 17. November 2006, 12:11:09
gran obra, oro, hermetismo, alquimia
NOTA DEL AÑO 2006: Muchas veces se nos ha preguntado sobre L.P. Desde que lo conocimos, allá por el año 2001, hemos mantenido contacto con él, y de sus trabajos en esta ciencia sagrada. Aun cuando nuestra vía y métodos no son los mismos que los de L.P., gracias a él hemos apredido la misteriosa relación que existe entre la Gran Obra y la geometría y magia, cuestiones que a veces son pasadas por alto en los más importantes tratados. Especialmente el tema de la geometría es fundamental, por lo que hemos ido investigando, pues la forma de materia prima no podía ser casual... Por algo L.P nos hablaba ya hace cinco años de que existe "otra Obra", la cual llama "Gran Obra física o de Dios", y en la cual los clásicos y tediosos procesos son abreviados a un método muy sencillo, pero con implicaciones energéticas impresionantes.
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LA ENTREVISTA
El 9 de abril de 2001, realizamos un viaje a la parcela de Lucius Papirus, alquimista chileno, con quien habíamos hablado sólo telefónicamente hacía pocos días. El entrevistado dice llevar más de treinta años en la vía hermética, y, en verdad, su conocimiento demuestra mucho estudio.
La entrevista duró cerca de tres horas. Quisimos extraer de tal mágica experiencia lo que nos ha parecido más útil para comprender lo que es verdaderamente esta Ciencia de Dios. Desde aquí agradecemos a este Adepto, su gentileza para contestar todas nuestras preguntas, por básicas que fueran. Sin duda, sus palabras han sido capitales en nuestra búsqueda.
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¿Qué es para Ud. la Alquimia?
Es la ciencia más enigmática que nos ha legado la antigüedad. Proviene de la Atlántida, pasó por Egipto, luego a los hebreos y de ellos a los árabes y europeos. Aunque posiblemente tuvo una germinación simultánea, dado que en China también se conoce desde hace muchos siglos.
¿Cómo llegó a ella?
Desde muy pequeño. A los diez años me preguntaba porqué valía tanto el oro. Luego pensé que uno podía hacerlo. Para esto investigué; todo ello sin saber que existía una ciencia llamada Alquimia.
A los doce o más, mientras andaba en una feria de "cachureos", hallé un texto alquimista, y con esto me decidí dedicarme por entero a este Arte.
¿Cuál es la función de la Alquimia?
Llegar a evolucionar, ir a la cúspide del ser humano. Ser de verdad hecho a semejanza de Dios.
La Alquimia es algo tangible, concreto, real. Y sólo ella nos lleva a la cúspide del hombre. Para mí es la vía más válida.
Al operar, el alquimista se va haciendo consciente y al ser consciente se hace bueno. Entiende la ciencia del bien y del mal.
¿Qué ayuda puede darle este Arte a las personas modernas?
Ser más conscientes.
¿Qué relación tienen los colores con la Alquimia?
Una muy importante, porque representan las etapas de la Obra. Hay tres colores clásicos; pero entre ellos hay variaciones. Está primero el negro (pues todo viene de la putrefacción); luego el blanco; y finalmente el rojo. Pero antes del rojo está el amarillo.
¿Una vez hecho el Elixir...qué viene, qué es lo que debe hacerse con él?
Puede hacerse lo que uno quiera. Es un secreto que se ha mantenido por siglos, puesto que es un poder que en malas manos produciría desastres.
¿La búsqueda de oro, de la inmortalidad, nos recuerda al Grial?
Sí, es lo mismo. La Iglesia Católica guarda muchos símbolos. El Grial es el Oro.
¿En un sentido esotérico, qué es el oro? ¿Qué representa?
El metal más noble. El Sol. Es representado a través del círculo, que es el símbolo más antiguo de Dios. Y lo es porque el centro está en todos partes y cuya circunferencia en ninguna.
¿Cómo surge el Hermetismo en la historia?
Por un lado de la inspiración de Dios, y por otro de la observación a la Naturaleza.
Hay quienes relacionan brujería y satanismo con Alquimia. Por ejemplo, Peter Kolosimo, en su libro "Polvo del Infierno", parece creerlo.
Eso es falso. Fíjate que todos los alquimistas grandes fueron sacerdotes, y en todo caso siempre eran hombres muy bondadosos
¿La tradición maestro - discípulo es imprescindible en la A?
Es ideal; pero no imprescindible. Por supuesto que es más seguro y rápido...sin embargo, si no hay Maestro no hay otra alternativa que la vía solitaria
¿Es necesario realizar esta búsqueda a través del laboratorio?; ¿no basta la contemplación a la Naturaleza?
En esta época, creo, es recomendable el laboratorio.
¿Cuál es el significado de la Gran Obra?
Trascender. Estamos presos en este planeta. Hay una historia que nos puede ilustrar esto. Dos tortugas estaban encerradas en una caja. Luego de mucho tiempo una se atrevió a salir. La otra observó sin entender. La primera descubrió que afuera había un mundo por conocer. La otra murió dentro de la caja, sin saber lo que había más allá. Así se grafica la búsqueda del alquimista. Desarrollar las potencialidades. Hallar la Verdad.
¡Ni siquiera sabemos qué es el hombre! Menos conocemos sus capacidades....
La Gran Obra es la coronación de esta búsqueda.
¿Hay factores personales que hacen que unos lleguen más lejos y otros no en la vía alquimista?
Por supuesto. Hay capacidades o dones que no todos tienen
Me he dado cuenta de que hay una estrecha relación entre la Alquimia y la Astrología. ¿Qué puede decir?
Son parte de una misma ciencia. Como todo es simbólico, se ocupan los símbolos de la astrología. Además todos los planetas influyen en el ser humano.
Armand Barbault recogía el rocío de Mayo, hasta lograr el oro potable. Decía este autor que había una relación con la astrología. ¿Cuál es su opinión?
Así es. No todos los días son iguales para la obra.
¿Cuántas clases de oro hay?
Hay tres tipos: potable, físico y el de los filósofos.
¿Da lo mismo alcanzar cualquier oro?
No, no da lo mismo.
¿Y luego de conseguir el oro, qué viene?
Que uno se transforme en oro
¿Y después?
Es un misterio.
¿Para seguir este camino qué debe hacerse?
Tener mucha paciencia, leer, estudiar.
¿Qué libros recomienda para empezar?
Sin duda "El Retorno de los Brujos" (Pauwels y Bergier). Abre mucho la mente; destruye prejuicios e ideas preconcebidas en torno al universo. Es importante también saber algo de química y física (pues la luz es clave; nuestro trabajo se hace a oscuras); pero sólo lo básico. Luego se podrá leer los textos alquimistas clásicos. Se debe tener cuidado con estos, pues algunos lo llevan a uno a un sitio del que no se sale fácilmente.
¿Ud. nos dijo que fue a Europa a investigar la Alquimia? ¿Contactó con alquimistas?
Sí. En Francia. Conocí a un hombre de aspecto joven., quien me llevó a su laboratorio. Transformó un pedazo de plomo en oro líquido, que después se solidificó. Luego él desapareció; pero antes me dio un trozo, que me permitió por más de un año seguir viajando por Europa, consiguiendo tratados y libros antiguos.
Afuera, el frío comienza a ser aun más inclemente. Pero no nos importa: hemos recibido un calor único, un fuego cristalino, para nosotros antes desconocido...Es la voz de Sophia, que ha cantado una vez más al hombre.
Friday, 17. November 2006, 12:00:09
alquimia, esoterismo, tradición, hermetismo
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NOTA: ESTE ARTÍCULO HA SIDO MODIFICADO BREVEMENTE. VÉASE TAMBIÉN EN ESTE SITIO NUESTRA RESEÑA AL LIBRO "LOS ALQUIMISTAS DEL SIGLO XX".
Podemos decir que las críticas a un autor, pueden clasificarse de internas y externas, y, por otra parte, de fundadas e infundadas.
Respecto a la última categoría digamos que la mayoría de las críticas hechas al corpus guénoniano, si se las estudia con detención, no tienen mayor solidez. La coherencia interna de la idea de Tradición como la fortaleza de sus acusaciones al mundo moderno parecen tener asideros sólidos, por lo cual parte de los "enemigos" de Guénon han debido recurrir al siempre poco filosófico argumento ad hominem; y así, para cuestionar la obra del metafísico francés, han atacado sus ambivalencias, v.g., como la de ser masón y escribir en una publicación que ya desde su nombre es antagónica a tal esoterismo. Ciertamente nos estamos refiriendo a "La Francia Antimasónica".
Críticas posiblemente fundadas las hay, pues errar es humano, y por mucha que sea nuestra admiración por el metafísico francés nos parece gravísimo hablar de la "infalibilidad" de Guénon como algunos lo han hecho. Entre ellas está la que ahora abordaremos, y la cual en su momento hizo Ananda Coomaraswamy, seguido por Marco Pallis, para quienes los juicios de Guénon sobre el Buddhismo eran más bien débiles e incorrectos. Sin embargo, nosotros al no ser grandes conocedores de la Tradición Budhista no podemos pronunciarnos sobre la efectividad de dichas críticas.
Respecto a la primera distinción - es decir, entre críticas internas y críticas externas- fácil es deducir que definimos por internas las manifestadas dentro de la escuela guénoniana. Allí encontramos los juicios efectuados por los citados Pallis, Hani, Borella y Coomaraswamy, y, en cierta forma, por autores que se han nutrido de las fuentes guénonianas para después crecer por sí mismos con cierta notoriedad, como lo son Julius Evola y Frithjof Schuon.
Las externas provienen de una pléyade de personalidades tan distintas, que no pretendemos aquí abarcar, pero que van desde católicos tradicionalistas, neo-derechistas, paganos, hasta teosofistas, izquierdistas, psicologistas (como Ken Wilber, quien, sin embargo, hace suyos varios planteamientos de RG) o New-Age.
Aquí vamos a tratar una - o, en verdad, varias acusaciones - del todo sólida hecha por un autor no guénoniano ni guénonizante, tan conocido como el autor de la muy certera "Crisis del mundo moderno", y poseedor de una cultura envidiable (aunque, hay que decirlo, reducida al espectro occidental).
Nos referimos a Eugène Cansèliet, discípulo del misterioso Fulcanelli y uno de los renovadores de la Alquimia durante el siglo XX.
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Eugène Cansèliet (1899-1982), amigo de André Breton, Anatole France, Paul Le Cour, y en su momento de los guénonianos hermanos Chacornac, hará de su vida un Magisterio dedicado por entero al Arte Real o Alquimia. Si bien es cierto que su nombre siempre aparece ligado al de su Maestro, Fulcanelli, Cansèliet tiene la cualidad de brillar por su propia luz. Libros como L´Alchimie et son livre Muet; Deux Logis Alchimiques en marge de la science et de l´Historie; y el fundamental L´Alchimie expliquée sur ses textes classiques (trad.cast: La Alquimia explicada sobre sus textos clásicos, Luis Cárcamo editor, Madrid. 1981), son obras que demuestran el gran saber en torno al Hermetismo alquimista que manejaba su emisor, como a la vez son recipientes del fino gusto literario, profundamente antiguo y despierto, de Eugène Canseliet.
En el último de los citados textos, encontramos un Capítulo Tercero, intitulado "Solicitaciones engañosas o insensatas", con unas interesantes reflexiones en torno a lo que precisamente no es Alquimia. En pocas - pero profundas - palabras, se cuestiona a Gaston Bachelard, René Guénon, Julius Evola y Carl Gustav Jung.
Leamos lo que el discípulo de Fulcanelli dice: "Si, con Gaston Bachelard, se está sumamente alejado de la alquimia real, se permanece a la misma distancia astronómica, con René Guénon, quien no vio nunca la antigua ciencia de Hermes, sino a través del deformante espejo de su híbrida obsesión hinduista y próximo oriental" (La Alquimia explicada sobre sus textos clásicos, op.cit., p.70).
Católico tradicional; anglófobo; hombre para el cual latín y griego no son simples elementos decorativos, propios de burgueses cultos, sino, por el contrario, sustentos sólidos del Espíritu; amante del viejo Canto Gregoriano; y contrario a las modas orientalistas como la cremación ( la cual ha ido suplantando la sacra inhumación, ¡incluso en los ambientes supuestamente católicos!); Cansèliet no podía comprender cómo un francés, originalmente cristiano, y estudioso de la Tradición, como lo fuera René Guénon, se hiciera musulmán y olvidara su Fe y cultura, aparentemente (pues el acercamiento de RG al Islam es muy anterior a su traslado a Egipto), de un día para otro. Sin embargo, esto es prueba que Cansèliet no sabía nada de Islam, ni del papel de esta religión en cuanto arca de las tradiciones al final de los tiempos. Pero este es otro tema...
Para Cansèliet, y parece diferenciarse en esto a su Maestro Fulcanelli - más "tolerante"; incluso, más "pagano"- , no hay en la actualidad otra Tradición que la Cristiana y Católica; la cual si bien incorpora algunos elementos tomados de Oriente, como podrían ser ciertas ideas y ritos egipcios - pues como decía San Agustín, el Cristianismo es anterior a Cristo- éstos, un buen estudioso del esoterismo lo descubrirá sin sonrojarse, en nada contradicen los Evangelios, y por el contrario sirven como Claves a la interpretación de esta religión.
Luego la dura mano del alquimista de Savignies cae contra la clásica distinción guénoniana de las dos iniciaciones: la sacerdotal (más perfecta, según RG) y la heroica (la de los Kshatriyas). La primera se quiere de Oriente, la segunda de Occidente. Esto para Cansèliet no es correcto. Tal distingo es inevitablemente peligroso, pues degenera en conceptualizaciones en las que no cabe matices. El alquimista no es ni lo uno ni lo otro: ni sacerdote ni rey. ¡Es ambas cosas! Además: ¿por qué buscar en Oriente lo que se encuentra aquí, en Occidente, a través de la Alquimia, Ciencia o Arte seguido por cristianos como Santo Tomás, Basilio Valentín, Alberto Magno, Nicolás Flamel, Dom Pernety, Raimundo Lulio, y poseedora de un conocimiento más valioso que las especulaciones extremo-orientales?, nos parece decir el ferviente impulsor del resurgimiento de la Alquimia en el pasado siglo.
Ésta es la crítica que también alcanza a Julius Evola y su Tradición Hermética.
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Guénon y Evola, nos señala Cansèliet, se han acercado a la Alquimia sólo desde un punto de vista libresco, literario y especulativo; pero jamás han pisado el templo del Artista, que es su Laboratorio, y menos aun contemplado las etapas que se hacen explícitas con el cambio de los colores en el matraz, y que los Filósofos llaman "Regímenes". Tales autores - sentencia el amigo del surrealista Breton - difícilmente podrían haber entendido lo que realmente es Alquimia, y conocer sus efectos tan verídicos.
Interroga Cansèliet: "Más ¿quién pues podría bien comprender, por la lectura sin parcialidad ni partido tomado, que un tratado clásico de alquimia no apunta, de lejos o de cerca, al laboratorio y sus positivas experiencias?" (La Alquimia explicada sobre sus textos clásicos, op.cit., p.71).
En efecto, si la Alquimia sólo fuera mental o espiritual, ¿por qué los alquimistas crearon matraces, laboratorios, crisoles? ¿Por qué los tratados de los Sabios nos hablan de la estibina, el antimonio, el cinabrio, a los cuales ocultan con nombres alegóricos o simplemente sin escondite alguno? ¿Y por qué las condiciones exigidas como ciertos pesos, ciertas medidas, o ciertos días en los cuales se ha de trabajar? Por último: ¿Cuál es el operar de esa alquimia interna, que parece ser la defendida por Guénon y Evola, y...¡oh, contradicción!, también por los ocultistas y best-selleristas de los últimos años?
Quien quiera verificar la fortaleza de los fundamentos de Cansèliet, que revise uno de los más clásicos tratados de Alquimia: El compuesto de los compuestos, de Alberto Magno, del cual hay edición castellana en Siete Textos de Alquimia (Anónimo, Editorial Kier, Buenos Aires, 1978), y ¡busque donde se encuentra ese operar especulativo!
Pero que no se nos mal interprete: no estamos arguyendo que la Alquimia nada tenga que ver con procesos mentales o con algo espiritual. ¡Todo lo contrario! Somos enfáticos en decir que el Arte de los Filósofos no hace distinción y requiere tanto de oración como de laboratorio. Lo dicen los Sabios; a nosotros, más humildes en nuestros propósitos, basta con mostrar este enunciado a quienes tengan alma sincera y deseen conocer la Verdad respecto a la Ciencia de Hermes.
Pero continuemos.
Otra crítica hecha por Canséliet, es el rechazo de Guénon hacia "la Cábala, en único provecho de la Kábbala". Nos explicamos. Para los seguidores de Fulcanelli existe un lenguaje providencial, que es el conocido como "lengua de los pájaros" (Guénon también habla de este tema; quizás Cansèliet no lo supo. Recordemos el breve y sólido artículo del metafísico francés que devino musulmán, denominado precisamente "El lenguaje de los pájaros", y que los lectores castellanos podemos encontrar en ese maravilloso libro Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, que publicara la Editorial Universitaria de Buenos Aires en los años 80). La Cábala, o Gaya Ciencia, es la interpretación de dicho lenguaje oculto y velado para la mayoría. Nos permite entender esotéricamente las cosas. ¡Pocos son los que han recibido el Don que implica poseer tan glorioso conocimiento! Entre ellos, Fulcanelli, y su predecesor, Grasset d´Orcet, el célebre criptógrafo que habría rescatado esta "lengua perdida" para los tiempos modernos.
Escritores como Jonathan Swift, Miguel de Cervantes, Rabelais o Bergerac, dominaban la Gaya Ciencia, de lo cual dan prueba sus escritos.
Una acotación, obvia pero necesaria: Esta Cábala no debe confundirse con la Kábbala, la cual es propia de los judíos, y por tanto no universal.
Sin embargo, la crítica de Cansèliet a Guénon que maneja mayores fundamentos es otra: el desprecio de Guénon por el Hermetismo, al cual no lo reconoce como una "doctrina tradicional completa", lo que parece llevarlo a deducir que "el hermetismo, que fue la vida misma de la humanidad occidental, no hubiese sido nunca la tradición de ella".
Aquí reside una de las fallas de la arquitectura guénoniana. ¿Por qué negar el valor del Hermetismo? ¿Por qué relegarlo a la esfera de las ciencias cosmológicas, cuando Alquimia es ante todo una ciencia integral?
Tal ataque de Guénon hacia el Hermetismo, muy semejante a su desprecio por el misticismo cristiano, demuestra su mala comprensión frente a conocimientos y experiencias que le eran ajenas, dada su rigidez mental, y que sin embargo tuvo la osadía de tratar.
El Hermetismo - que por cierto, nada tiene que ver con esa triste creación de aquel chileno que huyó de su nombre real para cubrirlo con el "mejor" de John Baines (sí, ¡un caso de esa anglofilia que a Cansèliet tanto disgustaba!) -, es un saber que incluye herramientas (símbolos, rituales, experiencias, energías) y ciertamente una Doctrina, que representa uno de los esoterismos aun vivos, más nutrido y dotado de fuentes simbólicas insospechadas. (El solo Mutus Liber es materia suficiente para dedicar toda la vida a su estudio).
Quien quiera entender lo que verídicamente es el Hermetismo que lea, lea y relea la Tabla Esmeraldina - tan breve como perfecta - o que se apoye de la magistral obra de uno de los más serios candidatos a ser Fulcanelli: el estudioso del viejo Egipto, Schwaller de Lubicz, de quien en próximos estudios hablaremos, cuya obra The Temple of Man, otorga pautas sobre este importante asunto, que es del todo serio, y que por lo mismo no puede guardar relación con las imposturas cimentadas por la New-Age.
Ni tampoco con los juicios, en este caso particular, poco consistentes de la escuela de Guénon...
©Sergio Fritz Roa
(Santiago de Chile, Enero de 2002)
Friday, 29. September 2006, 20:25:05
alquimia, hermetismo, ciencias sagradas, Fulcanelli
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Arcana entre las Ciencias, la Alquimia se presenta a nuestro entendimiento como la Llave que abre la Naturaleza, la Clave Secreta que permite la Unidad Macro- Microcósmica; es decir del Cosmos con el Hombre y viceversa. El retorno del hombre a su lugar o morada celestial. En pocas palabras: implica la reconstitución del Ser Primordial, el ADAM KADMON de los Hebreos, o REBIS de los Filósofos Químicos, como también se les denomina a los alquimistas. Al comprender la Realidad Última (la Haqiqa islámica), Natura es un libro abierto para el operador, quien desde ahora y en adelante actuará conforme a los dictados de Dios.
En un sentido más íntimo, Alquimia es el Arte que intenta obtener la Redención a través de un continuo comercio entre el espíritu y la materia. Más allá de los trabajos de laboratorio - imprescindibles, por cierto -, y más allá de toda simbología que expone los pasos necesarios que el operador debe dar para lograr la depuración interior, el Arte Real es una Ciencia que busca la Unidad Microcosmos - Macrocosmos, perdida o rota desde la Caída. Por ello es que aquí hablamos simplemente de Alquimia, y no de los equívocos conceptos de alquimia interna - alquimia externa; o espiritual y operativa.
La Alquimia es una sola, e implica una totalidad, que incluye oración, estudio, conocimientos variados (química; manejar algunos idiomas, como, por ejemplo, francés y latín; mitología griega y egipcia; nociones de astrología; teología cristiana; algo de Kabbala hebrea; magia; Cábala fonética; etc.).; mucho trabajo en el Laboratorio - el cual es nuestro Templo-; continuidad; y ante todo fe y devoción. Esto ha llevado a muchos a decir que la Alquimia es un Arte Sacerdotal, una Teurgia, y a la vez un saber aristocrático. Entendiendo por aristocracia la del espíritu, la única válida, por cierto.
Desde China, Asiria, Persia, India y el Egipto, y muy posiblemente desde la Atlántida, la Alquimia, ha recorrido el mundo, adentrándose en prácticamente todas las religiones. Por ello, aquí solemos hablar de Tradición, es decir de una línea de saber ininterrumpido, que no mira razas, culturas, ni nacionalidades. Los árabes y persas alcanzaron grandes conocimientos alquímicos, como lo hicieron los hindúes y los taoístas chinos. El cristianismo legó hijos ilustres a este saber arcano: Roger Bacon, Basilio Valentín (cuyo Tratado del Azoth se encuentra en nuestro sitio traducido al castellano, al parecer por primera vez), George Ripley, Santo Tomás de Aquino, su maestro Alberto Magno, Ireneo Filaleteo, Nicolás Flamel, Raimundo Lullio ( o al menos el seudo- Lullio), y los más modernos Eugène Canseliet, André Savoret, Solazaref (aunque este autor en la actualidad esté más cerca de una concepción de tipo neopagana, que en años anteriores) y, Séverin Batfroi. Lo anterior es prueba que la Alquimia nada tiene que ver con supercherías ni con nigromancia ni tampoco con la moda de la New- Age; sino por el contrario, es para Occidente, el esoterismo que contiene la Llave del Cristianismo.
La poesía también fue penetrada por esta Ciencia, y es así que los surrealistas, como André Breton, percibieron desde la prosa el incienso de las enseñanzas de Hermes. También fue gran conocedor de este Arte el gran poeta lituano Oscar de Lubicz Milosz - de quien se dice habría sido amigo del enigmático Fulcanelli.