Thursday, 27. November 2008, 18:06:17
Hace unos días leí en el periódico bogotano EL ESPECTADOR, una historia de un hombre casado que inició una relación virtual con una mujer a través de un novedoso sistema de vida paralela en la red que se denomina Second Life. La relación de este marido infiel con su "amiga" de turno, se iba intensificando con el paso de los días y cada vez descubrían que tenían más cosas en común. Un día, estos "más que amigos" virtuales decidieron ir a un café y conocerse. Cuál sería la sorpresa del marido infiel al ver que su compañeroa y confidente virtual era su misma esposa. Ambos decidieron separarse.
INCREIBLE
Monday, 27. October 2008, 03:14:44
Wall-E
Una entretenida película se proyecta desde el 27 de junio en varias salas del planeta, se trata de Wall-E, la historia de un robot que se convierte en el último habitante de un planeta tierra inundado de basura y quien sabe de qué más cosas indeseables para los seres humanos.
Un grupo de humanos sobrevive fuera de la órbita terrestre en una nave que se denomina Axioma. Allí los robots se encargan de generar una especie de sociedad del mínimo esfuerzo, donde las personas se han olvidado de las relaciones consigo mismo, con los demás, con el entorno e incluso con Dios. La vida de estos subhumanos obesos y pálidos trascurre encima de una máquina voladora que les ha atrofiado la capacidad de caminar e incluso de percibir lo que pasa a su alrededor.
La historia central y el desenlace lo dejo en manos de quien amablemente me está leyendo.
Cuando salí de la sala de cine experimenté una sensación extraña. El planeta alienado y deshumanizado en el que vive Wall-E no está muy lejos de la experiencia de muchos que se dicen humanos. Esa sociedad axiomática donde el gusto y el disgusto priman por encima de las decisiones centradas en los más profundos anhelos de la persona humana y el acogerse con serenidad al Plan de Dios; ya la estamos viviendo con nefastos resultados para nuestra humanidad y la inherente condición de dignidad que la caracteriza.
Esta cinta producida por el taller Pixar de Wall Disney, hace una fuerte crítica a las multinacionales, generando – desde mi opinión- la sensación errada de que la responsabilidad en relación con la deshumanización de las condiciones de vida en el Planeta sólo le corresponde a estas moles del consumo y convirtiendo al ser humano en una víctima inerte de la lógica del mercado.
En una cinta italiana que degusté hace menos de 5 años, denominada “Un Matrimonio Inolvidable”, se decía que los seres humanos cuando viven solos y son infelices, gastan más. Por ello para la lógica absurda del mercado, las familias y más las familias numerosas y felices no son rentables desde el gasto. Esa transferencia de la felicidad al consumo no es ajena a nuestra sociedad, por ello me temo que muchas personas oscilamos nuestra existencia entre la nave Axioma y el planeta de Wall-E.
Como le pasa al robotcito humanoide, la mejor manera de buscar la felicidad es afrontando una vida que no se convierta en axiomas espaciales sino en realidades tangibles con retos y esperanzas realmente humanas, donde el sentido de la propia existencia encuentre una respuesta absoluta a su propio anhelo de infinito.
Más información sobre la cinta:
http://disney.go.com/disneypictures/wall-e/
Monday, 27. October 2008, 03:06:22
Asistí hace poco a un interesante congreso que se llevó a cabo en la ciudad de Arequipa. Más de 950 personas se reunieron para escucharse y generar una visión compartida en relación con el desarrollo de esta bella región ubicada en el sur del Perú.
Me llamo mucho la atención la forma como los ponentes y los panelistas se referían a los seres humanos. Algunos los llamaban individuos, otros ciudadanos, otros habitantes y un par de personas, los llamaron: personas. No quiero despersonalizar a quienes no utilizaron esta denominación en dicho escenario, sino resaltar que uno toma mucha más conciencia de sus actos, cuando comprende que desde las diversas acciones que emprende, está afectando la vida de personas concretas con sueños, anhelos, con un proyecto de vida único e irrepetible.
Algunos piensan que referirse a la persona humana es una redundancia, sin embargo al profundizar en esta expresión, el lector encontrará una riqueza que no tiene fin. En tiempos de profundas rupturas pero también de grandes anhelos, hemos acudido a una especie de escisión de lo humano. Ríos de tinta y horas de charla han tenido como temas: los derechos humanos, la humanidad o la antropología; pero asistimos impávidos a uno de los momentos donde más se deshumanizan las referencias que hacemos para hablar del entorno que ocupamos: Las personas.
Es imposible pensar en el desarrollo si no establecemos que dicho desarrollo debe llevarnos a lograr condiciones cada vez más dignas para los seres humanos. Y a veces cuando hablamos de variables como empleo, salud, educación; pareciera que son más importante las obras de infraestructura física, los presupuestos financieros o las frías estadísticas, que los directos beneficiados con estas variables: Las personas.
La fuerza de las palabras imprime siempre un sentido a lo que decimos, escribimos, pensamos y por ende a lo que terminamos haciendo. Y por ello considero oportuno precisar que el desarrollo debe llevarnos en cualquier tiempo y lugar a mejorar las condiciones de vida de las personas y la manera de abordarlo en el lenguaje, condiciona si hay una peligrosa inversión en el sentido del orden natural: Los bienes al servicio del hombre y no el hombre al servicio de los bienes.
Monday, 27. October 2008, 03:02:20
El gran hermano moderno es el video. Son muy pocas las personas hoy que no pueden captar situaciones a través de los más sencillos sistemas de captura de video digital en celulares, cámaras planas, palm, laptops, entre otros sistemas que han gestado un mundo cada vez más vigilado y sobre informado, pero no con un concepto más claro de la verdad.
En 11 de septiembre de 2001 asistí – casi en vivo- a uno de los momentos más duros en la historia de la humanidad, como fue el derrumbamiento de las Torrres Gemelas en Nueva York y lo hice desde un televisor en Medellín, pues me trasmitieron en directo lo ocurrido en la llamada Capital del Mundo, por cuenta de las acciones terroristas. Indudablemente el tele periodismo mundial vivió en aquel momento una coyuntura internacional de grandes proporciones y comprendió que desde ese momento, los televidentes demandarían imágenes cada vez más frescas de la información que ocurría en cualquier rincón del Planeta.
En mis épocas de reportero para la televisión colombiana, era muy usual que nos correspondiera cubrir las acciones del terrorismo en mi país. Llegábamos al sitio de la tragedia y allí no quedaban más que vestigios de lo ocurrido. Sin embargo, siempre había una cámara de video que directa o indirectamente; voluntaria o involuntariamente, hubiese captado el hecho en vivo y tuviera las imágenes frescas de esa “verdad”. A veces obtenías dicho material, otras veces lo sacaba el compañero de la competencia. Igual, el televidente llegaba a contemplar dicha “verdad” en el material fílmico que salía al aire para “divertir” y saciar el morbo de grandes y chicos.
La verdad se oculta detrás de los hechos. Es una gran falacia que el planeta esté hoy mejor informado que hace una década y que en 10 años vamos a tener muchos más elementos que ahora, para hacernos una idea del entorno. Tenemos un gran mal que es la hiperinformación, un entorno repleto de ideas fragmentadas que responden al interés de cada emisor. Hoy es complicado hallar información que realmente permita un conocimiento a fondo de la verdad. Sólo por medio de la confrontación de canales, una persona con una capacidad de abstracción mínima, podría acceder a un grado de conocimiento sobre su entorno que puede ser parcialmente confiable.
Pero el interés con este breve texto es señalar que lamentablemente hoy asistimos a un tiempo donde lo que no hace presencia en los medios no existe y – aunque suene fuerte- lo que no está en video no ocurrió. Lamentable, porque las herramientas mediáticas son recursos que tiene el hombre para comunicar, para establecer un contacto directo con el entorno que le rodea; pero cuestionar algunos hechos porque no haya “información” sobre ellos en los medios e incluso porque no existan pruebas fehacientes, es quitarle sentido a la existencia humana, pues sólo importaría aproximarse al hombre de los hechos contundentes, cuando el mismo hombre es un profundo misterio que sólo el creador puede resolver.
Friday, 31. August 2007, 01:10:18
Es común encontrar entre los jóvenes que aspiran a estudiar la carrera de Comunicación o Periodismo, en cualquiera de las Universidades que ofrecen dicho programa en Medellín, Colombia; el deseo por incursionar en la presentación de televisión. Es normal que un joven sienta deseos de imitar a esos personajes ampliamente legitimados por la sociedad, gracias a su aparición frente a las cámaras y la legitimidad ilusoria o real que aportan estas apariciones.
Nuestros jóvenes afrontan hoy una socialización mediática, donde las pantallas tienen un protagonismo que abarca y aborda voluminosamente todos los espacios de significación y simbolismo que tiene la sociedad, desde las distintas aproximaciones culturales.
Ésta es la sociedad de la primacía audiovisual. La juventud transita por todos los rincones de un planeta que se ha convertido – para algunos ciudadanos mediatizados- en imágenes falaces y reales; gracias a la Internet, la televisión por suscripción, la telefonía celular, entre otros medios. Pero este fenómeno no puede acortar el horizonte profesional de los futuros encargados de gestionar, producir u orientar la comunicación societal y reducirlos a soñar que su despliegue profesional sólo puede producirse como “bustos-parlantes” frente a la pantalla.
Para muchos profesionales de los medios de comunicación, la respuesta de un joven estudiante de estas carreras a la pregunta sobre sus anhelos en materia profesional, siempre desconsuela e incluso desesperanza frente al futuro de ámbitos del ejercicio como son la radio, la comunicación para el desarrollo, el diseño gráfico, la comunicación corporativa, la Educomunicación, entre otros proyectos de vida y de praxis que no incluyen la aparición en una cámara. Sin embargo la academia está en la obligación de entender que los tiempos han cambiado y si bien la indiferencia es uno de los preocupantes signos de la sociedad moderna, los superficiales intereses juveniles como el de “ser presentador de televisión” permiten comprender que sí hay algún tipo de motivación que puede ser administrada, prolongada, potenciada y – con buena orientación- trascendida.
¿Qué interés tienen los jóvenes por la Pantalla? Bien lo dice una investigación que hizo hace algunos años la Subsecretaría para la Juventud de la ciudad de Medellín en Colombia: Los jóvenes buscan caminos hacia su propia legitimidad frente a una sociedad, que a pesar de estar saturada de políticas públicas para el trabajo con la juventud, viene descuidando, en una patología común a muchos países de Latinoamérica, la atención a las iniciativas de esta población, la mayoría de ellas encaminadas a hacer más visible la presencia de los jóvenes en una sociedad que parece despreciar (no confundir con la explotación comercial de la condición de juventud y la apelación con ésta a la falaz inmortalidad) esta etapa de la existencia humana.
Entonces, si la pantalla y la aparición cautiva a los jóvenes como escenario público para buscar reconocimiento y legitimidad para él o para sus ideas, ¿por qué no encaminar esta iniciativa y los intereses de estas personas hacia funciones más altruistas y menos superficiales, en lugar de condenarlos y cerrarles la puerta de la ilusión, presentándoles ofertas de despliegue que resultan aburridas cuando no se articulan sus anhelos con los anhelos y – más aún- con las necesidades de la sociedad?
Es urgente que las aulas donde se forman los comunicadores tengan una recreación de los paradigmas de la comunicación social. Necesitamos docentes que sepan escuchar los signos de este nuevo tiempo en la juventud, ansiosa por un reconocimiento público, para que el ejercicio del compartir conocimientos en el aula se haga con base en una apertura del currículo a los nuevos discursos y abandonemos ya las teorías magistrales del pasado que descartan cualquier posibilidad de interlocución con los nuevos comunicadores o los nuevos modelos que – por tener éxito comercial- no debemos satanizar como el caso de las novelas interactivas, los realyties, los programas deportivos, los portales de entretenimiento o algunas escuelas de cine que empiezan a proponer nuevos lenguajes en Europa y los Estados Unidos.
A los estudiantes habrá que convencerlos de alguna manera, que estudiar cinco años un pensum con más de 70 materias y una dedicación semanal que supera las 40 horas, no es un buen negocio como para centrar todas las esperanzas en conseguir un espacio en el mundo laboral de los presentadores de televisión. He conocido de algunos de estos que presentan gratis en canales regionales y locales y otros de Canales nacionales de Colombia cuyos sueldos por un tiempo completo no superan los US 200 dólares.
El costo de cursar toda una carrera de Comunicación Social o Periodismo, incluso sin contar con pasajes, alimentación, materiales y demás; puede superar los 20 millones de pesos. Pero más allá de los costos, la presentación en cámara es una habilidad que se adquiere con muy pocos conocimientos intelectuales y – aunque respetable como profesión- no es una respuesta adecuada a tantas preguntas que uno se hace como persona que tiene acceso a ese privilegiado 2% de latinoamericanos que puede estudiar en la Universidad.
La clave es no satanizar los anhelos de aquellos principiantes en el ejercicio profesional de la Comunicación que se sienten embrujados por el que hacer. Esto pasa en todas las profesiones, hasta que el estudiante - con algunas excepciones- comprende que su papel como egresado universitario trasciende las acciones y debe ampliarse a los pensamientos, a la creación, al cuestionamiento de las realidades creadas por otros y a la trasformación cultural.
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