CAMPAÑA POLÍTICA POR LA PRESIDENCIA DE COLOMBIA CORRE POR LAS CAÑERÍAS
Tuesday, April 13, 2010 12:04:12 AM
Asistimos a una campaña enfermiza, repleta de ataques y superficialidad que oculta verdaderas propuestas de movilización pública. Hasta en el lenguaje cotidiano se encuentra uno con esta basura que el mercadeo político suele valorar tanto.
Por: Miguel Jaramillo Luján
Los acaloramientos, peleas, ataques y demás síntomas enfermizos de la llamada política de cañería encubre la carencia de propuestas, y aunque muchos expertos en marketing político hablan de captar las emociones de los electores por estas vías tan viscerales, vale la pena señalar los peligros de una campaña donde el filling sea la careta.
Se consumen por todos los medios: televisión, radio, prensa, redes sociales, blogs, vallas, eventos, discursos, tertulias, entre los más evidentes. Hacen parte de esa comidilla de la época preelectoral que tanto gustan a las personas de a pie, quienes muchas veces, con poca información e incluso poco criterio se las devoran y las convierten en “argumentos” a la hora de referirse a un candidato, una campaña o a la misma contienda democrática.
No se puede pedir mucha hondura en las opiniones políticas de un país con más de un 50% de pobreza, 25% de miseria y un acceso muy reducido a la educación básica, secundaria y donde la educación superior sigue siendo un privilegio. Incluso muchas personas con alto grado de formación, se les escucha y se les leen argumentos realmente vergonzosos sobre el debate electoral, particularmente en esta recta final hacia el Solio de Bolívar.
El peligro de esta superficialidad en la que nos sumergen las posturas viscerales, es que se encubre el esfuerzo, el tiempo y el espacio que deberían dedicar los aspirantes a exponer sus propuestas de gobierno en temas tan delicados y urgentes para el país como el desempleo, el medio ambiente, el manejo de las relaciones exteriores o la política de seguridad nacional que traerá su gobierno.
Poco o nada aporta al debate público y al conocimiento de un candidato, hechos tangenciales sobre su pasado, la ropa que usa, las cosas en las que ha cambiado de opinión, los romances que ha tenido, su simpatía por una marca de ropa o por un equipo de fútbol. Incluso los rumores que pueda tener como verdades absolutas y sobre los cuales no hay cosa juzgada.
No es extraño escuchar, leer o ver frases en el ambiente cotidiano como: “No soy un falso positivo” “No me bajé los pantalones en público” “No soy amigo de Don Berna” “Ese candidato nunca se ríe” “¿un guerrillero o un paramilitar de presidente?” cuyo trasfondo o veracidad nunca lleva a un criterio fuerte para tomar decisiones en lapicero en mano frente al tarjetón del 30 de mayo.
Dirán los expertos del marketing político que los electores deciden en las úrnas en el último momento y con base en una relación altamente emocional, lo cual es muy cierto, pero lo que desmonta esta teoría es que vivimos en un país subdesarrollado, donde dicha opinión altamente marcada por el filling se opone a la profunda necesidad que tenemos de forjar verdadera cultura en los electores en relación con lo que debería ser el ideal el modelo mental: saber cuál es el problema, reflexionar sus causas y cómo atenderlo, participar en su iniciativa de solución y al final lograr









