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DE BUSTOS PARLANTES A TITULADOS PENSANTES


Es común encontrar entre los jóvenes que aspiran a estudiar la carrera de Comunicación o Periodismo, en cualquiera de las Universidades que ofrecen dicho programa en Medellín, Colombia; el deseo por incursionar en la presentación de televisión. Es normal que un joven sienta deseos de imitar a esos personajes ampliamente legitimados por la sociedad, gracias a su aparición frente a las cámaras y la legitimidad ilusoria o real que aportan estas apariciones.

Nuestros jóvenes afrontan hoy una socialización mediática, donde las pantallas tienen un protagonismo que abarca y aborda voluminosamente todos los espacios de significación y simbolismo que tiene la sociedad, desde las distintas aproximaciones culturales.

Ésta es la sociedad de la primacía audiovisual. La juventud transita por todos los rincones de un planeta que se ha convertido – para algunos ciudadanos mediatizados- en imágenes falaces y reales; gracias a la Internet, la televisión por suscripción, la telefonía celular, entre otros medios. Pero este fenómeno no puede acortar el horizonte profesional de los futuros encargados de gestionar, producir u orientar la comunicación societal y reducirlos a soñar que su despliegue profesional sólo puede producirse como “bustos-parlantes” frente a la pantalla.

Para muchos profesionales de los medios de comunicación, la respuesta de un joven estudiante de estas carreras a la pregunta sobre sus anhelos en materia profesional, siempre desconsuela e incluso desesperanza frente al futuro de ámbitos del ejercicio como son la radio, la comunicación para el desarrollo, el diseño gráfico, la comunicación corporativa, la Educomunicación, entre otros proyectos de vida y de praxis que no incluyen la aparición en una cámara. Sin embargo la academia está en la obligación de entender que los tiempos han cambiado y si bien la indiferencia es uno de los preocupantes signos de la sociedad moderna, los superficiales intereses juveniles como el de “ser presentador de televisión” permiten comprender que sí hay algún tipo de motivación que puede ser administrada, prolongada, potenciada y – con buena orientación- trascendida.

¿Qué interés tienen los jóvenes por la Pantalla? Bien lo dice una investigación que hizo hace algunos años la Subsecretaría para la Juventud de la ciudad de Medellín en Colombia: Los jóvenes buscan caminos hacia su propia legitimidad frente a una sociedad, que a pesar de estar saturada de políticas públicas para el trabajo con la juventud, viene descuidando, en una patología común a muchos países de Latinoamérica, la atención a las iniciativas de esta población, la mayoría de ellas encaminadas a hacer más visible la presencia de los jóvenes en una sociedad que parece despreciar (no confundir con la explotación comercial de la condición de juventud y la apelación con ésta a la falaz inmortalidad) esta etapa de la existencia humana.

Entonces, si la pantalla y la aparición cautiva a los jóvenes como escenario público para buscar reconocimiento y legitimidad para él o para sus ideas, ¿por qué no encaminar esta iniciativa y los intereses de estas personas hacia funciones más altruistas y menos superficiales, en lugar de condenarlos y cerrarles la puerta de la ilusión, presentándoles ofertas de despliegue que resultan aburridas cuando no se articulan sus anhelos con los anhelos y – más aún- con las necesidades de la sociedad?

Es urgente que las aulas donde se forman los comunicadores tengan una recreación de los paradigmas de la comunicación social. Necesitamos docentes que sepan escuchar los signos de este nuevo tiempo en la juventud, ansiosa por un reconocimiento público, para que el ejercicio del compartir conocimientos en el aula se haga con base en una apertura del currículo a los nuevos discursos y abandonemos ya las teorías magistrales del pasado que descartan cualquier posibilidad de interlocución con los nuevos comunicadores o los nuevos modelos que – por tener éxito comercial- no debemos satanizar como el caso de las novelas interactivas, los realyties, los programas deportivos, los portales de entretenimiento o algunas escuelas de cine que empiezan a proponer nuevos lenguajes en Europa y los Estados Unidos.

A los estudiantes habrá que convencerlos de alguna manera, que estudiar cinco años un pensum con más de 70 materias y una dedicación semanal que supera las 40 horas, no es un buen negocio como para centrar todas las esperanzas en conseguir un espacio en el mundo laboral de los presentadores de televisión. He conocido de algunos de estos que presentan gratis en canales regionales y locales y otros de Canales nacionales de Colombia cuyos sueldos por un tiempo completo no superan los US 200 dólares.

El costo de cursar toda una carrera de Comunicación Social o Periodismo, incluso sin contar con pasajes, alimentación, materiales y demás; puede superar los 20 millones de pesos. Pero más allá de los costos, la presentación en cámara es una habilidad que se adquiere con muy pocos conocimientos intelectuales y – aunque respetable como profesión- no es una respuesta adecuada a tantas preguntas que uno se hace como persona que tiene acceso a ese privilegiado 2% de latinoamericanos que puede estudiar en la Universidad.

La clave es no satanizar los anhelos de aquellos principiantes en el ejercicio profesional de la Comunicación que se sienten embrujados por el que hacer. Esto pasa en todas las profesiones, hasta que el estudiante - con algunas excepciones- comprende que su papel como egresado universitario trasciende las acciones y debe ampliarse a los pensamientos, a la creación, al cuestionamiento de las realidades creadas por otros y a la trasformación cultural.