LA TRANSFORMACIÓN DE MEDELLIN
Thursday, January 29, 2009 6:09:36 PM
Por. Miguel Jaramillo Luján
Evidencia Medellín un aire de esperanza que contagia a propios y extraños. He vuelto a mi ciudad y percibo que ésta sí se ha trasformado en una ciudad con mejores condiciones de vida. Debo reconocer que en el pasado creí en muchas falacias que hacían parte del intento funesto por derribar esta esperanza forjada por una manera distinta de hacer la política.
Desde hace más de dos años vivo fuera del país por una opción personal de experimentar otros horizontes de vida familiar y a nivel profesional. Desde afuera es muy rico mirar a Colombia y tomar cierta distancia, aunque es inevitable que te duela tu propia ciudad y lo que pasa con ella. Este dolor por Medellín me llevó en algún momento a pensar que ciertas iniciativas que proponían una transformación de la ciudad a partir de un Plan de desarrollo donde la educación fuese el centro de sus esfuerzos, sólo eran discursos mediáticos y algunas obras de cemento que no se harían tangibles en la verdadera trasformación de la realidad.
Desinformado incluso y en medio de ciertos fragores electorales, di crédito a varias apreciaciones en contra de esta propuesta. Sin comprender que las fuentes de estas valoraciones, tenían otros intereses; quizá la nostalgia por el poder de la politiquería que antes ejercían y que venía destruyendo la esperanza en la ciudad, la esperanza en lo público.
En diciembre pasado regresé a mi ciudad con el anhelo de que mi hijo de 10 meses conociera la tierra de sus padres y abuelos. Con Juan José recorrí las calles de Medellín, visité varios parques, vi nuevos colegios y sobretodo palpé la evidente trasformación del tejido social y cultural de la ciudad, por cuenta de la intervención de algunos sectores donde creía imposible que pudiera haber un cambio de fondo que le arrebatara a la violencia, algo de la esperanza perdida durante los años en que el narcotráfico y el dinero fácil eran el valor cultural.
Creo en la trasformación de Medellín y pienso que la ciudad transita, a pesar de la guerra sucia, los ataques y el entorno hostil que se ha querido generar alrededor de la actual administración municipal, por un sendero que la sigue llevando – como dicen los gestores de estas obras- del miedo a la esperanza.
No sigamos perdiendo el tiempo en debates y discusiones matizadas por la nostalgia de un ejercicio de lo público que ya no debería tener cabida en nuestra ciudad. No sigamos haciendo el juego a ciertos medios de comunicación y personas desinformadas o que siguen negando lo innegable. Que los organismos de control investiguen, pero que el desarrollo con equidad que propone el nuevo Plan de Desarrollo de Medellín se ejecute sin trabas ni palos en la rueda; pues nos estamos jugando el presente y el futuro de nuestra ciudad.
Evidencia Medellín un aire de esperanza que contagia a propios y extraños. He vuelto a mi ciudad y percibo que ésta sí se ha trasformado en una ciudad con mejores condiciones de vida. Debo reconocer que en el pasado creí en muchas falacias que hacían parte del intento funesto por derribar esta esperanza forjada por una manera distinta de hacer la política.
Desde hace más de dos años vivo fuera del país por una opción personal de experimentar otros horizontes de vida familiar y a nivel profesional. Desde afuera es muy rico mirar a Colombia y tomar cierta distancia, aunque es inevitable que te duela tu propia ciudad y lo que pasa con ella. Este dolor por Medellín me llevó en algún momento a pensar que ciertas iniciativas que proponían una transformación de la ciudad a partir de un Plan de desarrollo donde la educación fuese el centro de sus esfuerzos, sólo eran discursos mediáticos y algunas obras de cemento que no se harían tangibles en la verdadera trasformación de la realidad.
Desinformado incluso y en medio de ciertos fragores electorales, di crédito a varias apreciaciones en contra de esta propuesta. Sin comprender que las fuentes de estas valoraciones, tenían otros intereses; quizá la nostalgia por el poder de la politiquería que antes ejercían y que venía destruyendo la esperanza en la ciudad, la esperanza en lo público.
En diciembre pasado regresé a mi ciudad con el anhelo de que mi hijo de 10 meses conociera la tierra de sus padres y abuelos. Con Juan José recorrí las calles de Medellín, visité varios parques, vi nuevos colegios y sobretodo palpé la evidente trasformación del tejido social y cultural de la ciudad, por cuenta de la intervención de algunos sectores donde creía imposible que pudiera haber un cambio de fondo que le arrebatara a la violencia, algo de la esperanza perdida durante los años en que el narcotráfico y el dinero fácil eran el valor cultural.
Creo en la trasformación de Medellín y pienso que la ciudad transita, a pesar de la guerra sucia, los ataques y el entorno hostil que se ha querido generar alrededor de la actual administración municipal, por un sendero que la sigue llevando – como dicen los gestores de estas obras- del miedo a la esperanza.
No sigamos perdiendo el tiempo en debates y discusiones matizadas por la nostalgia de un ejercicio de lo público que ya no debería tener cabida en nuestra ciudad. No sigamos haciendo el juego a ciertos medios de comunicación y personas desinformadas o que siguen negando lo innegable. Que los organismos de control investiguen, pero que el desarrollo con equidad que propone el nuevo Plan de Desarrollo de Medellín se ejecute sin trabas ni palos en la rueda; pues nos estamos jugando el presente y el futuro de nuestra ciudad.







