My Opera is closing 3rd of March

Contador de Historias

Libres las manos, la lengua y el corazón

Soy generación Post guerra...


Hago parte de una generación de post guerra. Viví en la Medellìn de los años 80 donde el narcotráfico estuvo muy cerca de destruir una cultura - para mí- ejemplar. Han pasado más de 20 años, pero muchos de aquellos momentos siguen muy frescos en mi memoria...nunca se van a borrar, pero siempre me van a servir para valorar demasiado los tiempos de paz. Creo que a las generaciones de la postguerra, el conflicto les ha ayudado a construir, proponer, resolver, solucionar con más avidez el presente y ver el futuro con esperanza, con una espranza fundada en que el dolor no vuelva a llenar de sombras el horizonte.




No es fácil ver morir amigos, vecinos, conocidos y hasta familiares como consecuencia de balas perdidas y otras que se encontraban nada más a la vuelta de la esquina. Charcos de sangre, balas, gritos de dolor, estallidos diurnos y nocturnos y despedidas en aeropuertos y terrapuertos de muchos seres queridos que corrían en retirada frente a la guerra que nos sumió en un dolor casi irresistible.

Pasamos del miedo a la esperanza. Crecimos con la prevenida mirada la calle y con la precaución hacia el mal a flor de piel y eso nos ayudó a valorar mucho màs que los demás, los tiempos de paz y de prosperidad. Por ello, aunque la cultura del dinero fácil marcó a mi ciudad y aún para muchos ese es un camino válido, para otros, como nosotros que sufrimos los rigores de la guerra de los carteles de la droga en Colombia, aquella crisis fue la oportunidad para prepararnos de cara a los grandes retos que se venían y de poner nuestras certezas en razones metafísicas, más que en las realidades del mundo.

En aquel momento fue la guerra, pero hoy es la carencia de muchos valores y la ausencia de una respuesta que supere nuestras propias limitaciones. Hay solo dos oportunidades en medio de una crisis: Tomar aquellas dificultades para aprender a vivir con muy poco, afrontar el dolor con esperanza y fructificar en medio de una respuesta eterna, o seguir el camino de la derrota, desesperarse y sucumbir ante la propia fragilidad humana, donde nunca halleremos respuestas infinitas.

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LA TRANSFORMACIÓN DE MEDELLINAsí es Arequipa...

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