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mujer y palabra... pisadas sin huarache

Salvo indicación contraria, los textos y las fotos son de mi autoría (etiquetas Esta boca es mía y Mis fotos). Son copyleft: pueden reproducirse por cualquier medio siempre que se cite a Atenea Acevedo como autora y la dirección electrónica del blog.

September 2009

( Monthly archive )

la burocracia internacional ii

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Obsesiones de papel
(o por qué las cifras suelen evocar las cuentas del gran capitán)




Las únicas muñecas con las que disfruté jugar cuando niña eran de papel, algo hoy tan arcaico como entonces me parecía el balero de madera que marcó la infancia de mi padre. Esas muñecas venían pudorosamente cubiertas con ropita interior y las vendían en paquetes de diferentes conjuntos de ropa, accesorios y peinados o sombreros con pequeños bordes que se doblaban para fijarlos al papel. Mi primer año de escuela fue aburridísimo, excepto por la hora de recortar, dibujar y pegar. Tenía unas tijeras especiales, con la punta roma para no hacerme daño, un juego precioso de lápices de colores y un resistol del elefantito, es decir, pegamento blanco que quien haya habitado el México de los setenta guardará sin duda en su memoria. Después todo fue estudiar y crecer, a veces más lo segundo que lo primero, y también divertirse y no pensar demasiado. Hasta que mi interés en el papel volvió y arrasó con todo en la época universitaria: enloquecí con el arte objeto y me inscribí en un taller donde aprendí a contar historias con residuos de todo tipo de materiales. Hice un libro objeto que a la fecha miro con orgullo trasnochado, y más de un hombre de mi vida recibió algún separador para libros con el sello de mis ideas en tinta china sobre papel kraft. Cuando no hubo remedio transité a la informática y dejé de lado el papel, aunque empecé a obsesionarme con su sentido figurado: el papel de las personas, de las instituciones, de las acciones, de las decisiones. Me pregunté cuál habría de ser mi propio papel y decidí, en adelante, tener ese pensamiento siempre a la mano, es decir, recordarme la importancia de asumir una postura, porque hay realidades y situaciones en las que no tomar partido, no desempeñar un papel, equivale a ser cómplice. Así sucede, por ejemplo, ante el conflicto del Sáhara Occidental.

Intuía que después de su visita relámpago a los campamentos cercanos a Tinduf António Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, sentiría lo mismo que quienes hemos atestiguado, así sea fugazmente, las atroces consecuencias de someter a un pueblo al exilio forzado a punta de bombas, colonos invasores y muros: la exigencia de ser mejores personas. Se trata de una decisión individual en la que se elige (o no) denunciar la injusticia y actuar desde el espacio inmediato. Así van surgiendo grandes y pequeños gestos de solidaridad acordes a las posibilidades reales de cada caso, y grandes y pequeñas indiferencias que resuenan según el impacto de su inmovilidad. Era de esperarse que un ser humano con enorme margen de acción como António Guterres hiciera declaraciones grandilocuentes sobre la urgencia de aliviar las penurias de la población refugiada saharaui, por eso el 10 de septiembre pasado afirmó apesadumbrado que el ACNUR otorgaría una ayuda de 12 millones de dólares a los campamentos. Pocos días después la prensa dominante española informó del condicionamiento de una ayuda más generosa a la realización de un censo, y otros días más tarde Guterres afirma que, gracias a tomas aéreas, la ONU calcula que la cantidad de personas refugiadas es solo 80.000, no 165.000 como afirma el Frente Polisario. Supongo que ahora empezará el jaloneo para definir si son peras o manzanas, y cuántas moneditas amerita la preservación de cada vida humana, estrategia por demás perversa. Mientras tanto, la población saharaui, una vez más, esperará a que las instituciones hagan algo, lo que sea (porque la comunidad internacional se reconforta con desfachatez ante esa proverbial paciencia). Mientras tanto, Marruecos y sus aliados ganarán tiempo y las buenas conciencias dormirán tranquilas gracias al somnífero de las falsas expectativas.

Por si el panorama no fuera lo suficientemente sombrío, leo en la invaluable memoria de las jornadas 2006 y 2007 de las universidades públicas de Madrid organizadas para discutir el tema del Sáhara Occidental que ya en 2005 se llevó a cabo un recorte para limitar la ayuda del ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos de 158.000 a 90.000 personas refugiadas, algo que con bastante razón el Ministro de Cooperación de la RASD, Salek Baba, denominó en las jornadas como “la política del hambre”. Cabe preguntarse si esa criminal reducción de 43% se basó en un censo o cualquier otro instrumento matemático fiable para respaldar decisiones cuyas consecuencias afectan a varios miles de personas. Pecaré de paranoica y me atreveré a inferir que no, porque si se hubiese realizado un censo en 2005 no existiría la necesidad de llevar a cabo otro hoy so pretexto de condicionar la ayuda.*

Inmersa en esas reflexiones asistí este 19 de septiembre a la conferencia de Mohamed Ahmed Labeeid, representante de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis, en la Universidad Nacional Autónoma de México. En una población de por sí numéricamente pequeña y azotada por políticas que apuntan al exterminio, lo “normal” es que ninguna familia saharaui sobreviva intocada por la desaparición o la represión marroquí en los territorios ocupados, inaccesibles a la prensa y a los grupos de observadores internacionales, donde la clandestinidad empieza desde el acto de portar o levantar una bandera de la RASD. Lo “normal” también es que gente como Mohamed Ahmed Laabeid se adhiera a Afapredesa y constituya un colectivo militante que denuncia el silencio cobarde de la comunidad internacional al verse en el pozo de una tragedia familiar (en su caso, el secuestro, la desaparición y el posterior asesinato de su hermana Kaltoum cuando contaba 20 años de edad). Lo “normal” es que se tenga la documentación de aproximadamente 90% de los casos de desapariciones forzadas y se hayan detectado al menos cuatro fosas comunes que no se pueden investigar por la renuencia del Estado marroquí y la connivencia de las potencias que conforman el Consejo de Seguridad. Lo “normal” es que el 21 de septiembre, durante la segunda conferencia de Mohamed Ahmed Labeeid en otra universidad del Distrito Federal, hubiera una irrupción marroquí tal y como suele haberlas en otras latitudes cuando de escuchar la voz saharaui se trata. Vivimos en tiempos de una normalidad tóxica.

Recientemente leí un ejemplar de Don Quijote, el azri de la badia saharaui, antología que hace homenaje a la obra de Cervantes y la transporta, a lomo de camello, al desierto de la añoranza. Me maravilla y conmueve que el pueblo saharaui, como el latinoamericano desde hace siglos, conserve la lengua del colonizador, una lengua que es condena geopolítica en la región francófona del Magreb y a la vez canal de comunicación para hacerse oír en Occidente. Pero el idioma es tan solo una de las similitudes que nos hermanan con el Sáhara Occidental: pertenecemos al llamado “sur global”, nuestra gente es morena, padecimos las contradicciones de la corona española, conocemos el rigor de la represión financiada y entrenada por potencias extranjeras, nuestra historia cuenta cifras escandalosas de personas detenidas desaparecidas, entendemos el abismo que encierran palabras como pobreza o despojo, y sabemos que el ataque más eficaz empieza por el estómago, porque el hambre prácticamente todo lo puede. Nuestras raíces nos recuerdan que la lucha no es solo por la independencia, sino también por la denuncia, sabemos poner al mal tiempo buena cara y mezclar extrañamente la pena con la alegría, conocemos el derecho inalienable a la resistencia y también hemos constatado, en carne propia y con múltiples exilios, cuánta razón tuvo Neruda al afirmar que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Por eso es urgente decirles, desde nuestro lugar en el mundo, que la esperanza es útil para renovar fuerzas, pero no debe ser el único asidero cuando la intervención de las potencias convierte en rehenes a países enteros. Aquí nos sobran botones de muestra: ayer y hoy, el bloqueo de Cuba, antes el Plan Cóndor y la Escuela de las Américas, y su infame papel en Panamá, Guatemala, El Salvador, Bolivia, República Dominicana, Argentina, Perú, Nicaragua... ahora el Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica y la Fundación Nacional para la Democracia, y la continuación de la injerencia mediante el Plan Mérida en México, las bases militares en Colombia, Guantánamo, Perú, Puerto Rico, Honduras, El Salvador, Panamá, el reciente golpe de Honduras o el intento de golpe en Venezuela, país que junto con Ecuador y Bolivia está en la mira.

Un amigo saharaui me contó que un viejo poeta del desierto hace tiempo dijo “La cuestión del Sáhara se resolvería fácilmente si tuviéramos unas enormes tijeras: con ellas recortaríamos nuestro país del mapa africano y lo pegaríamos en algún rincón de Latinoamérica. Podemos hablar el idioma, nuestra piel tiene las mismas tonalidades y allá no molestamos a nadie”. No sé si la solución sería mágica, pero no puedo evitar el deseo de volver atrás y reencontrar aquello que a los cuatro años bastaba para resolver el mundo con unos trazos y una pizca de creatividad: las tijeras escolares, el resistol del elefantito y los lápices de colores.



*Hay que destacar que el Instituto Cervantes esgrime un argumento parecido cuando declara no disponer de datos confiables de demografía lingüística y así pospone indefinidamente la apertura de una de sus delegaciones a beneficio del pueblo saharaui.

guayabazo

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"Guayabazo" es un mexicanismo que significa autoelogio. Ya que no dispongo de contactos en el mundo editorial en inglés, usaré mi propio espacio para difundir la publicación de Evoking Genocide: Scholars and Activists Describe the Works that Shaped Their Lives (Evocaciones del genocidio: académicos y activistas describen las obras que moldearon sus vidas), editado gracias a la iniciativa y el tesón de mi querido amigo Adam Jones, brillante académico y entrañable activista. Adam es uno de esos raros seres que ha conseguido tener días de 48 horas o aprovechar al máximo cada minuto de aquellos que solo vienen con 24. Es fundador de Gendercide Watch y su quehacer profesional se concentra en temas de genocidio y relaciones de género.

El objetivo de Evoking Genocide es ofrecer al público una nutrida colección de reflexiones sobre obras literarias o artísticas que han tocado profundamente la sensibilidad de las personas al punto de ser decisivas para su inicio o definición en el mundo del activismo. Mi colaboración en el libro (y el motivo del título de esta entrada) es The Multiple Meanings of Lidice, una traducción al inglés de Margaret Schroeder de Los múltiples significados de Lídice.

El rigor académico y la fluidez literaria del volumen hacen suponer que encontrará cabida en las aulas universitarias y en las bibliotecas de quienes se interesan por las relaciones internacionales, los crímenes contra la humanidad, la política mundial y, sobre todo, la necesidad de ser cada día más y mejores humanos.


mujeres en foco

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El cine es una manera de romper con el silencio cotidiano y hacer visibles las formas de relaciones desiguales establecidas entre hombres y mujeres, es un espacio y una forma de discurso que permite desnaturalizar y cuestionar la obediencia, la dependencia, la violencia y la sumisión. La práctica cinematográfica nos lleva a reflexionar sobre los estereotipos sociales que soportan las mujeres de diferentes culturas, las sugestiones sociales que se encarnan en sus cuerpos. (...) La lucha consiste en hacer temblar lo determinado, en diluir los valores que sostienen la crueldad de unos a expensas de otros. Defender los derechos humanos incorporando la perspectiva de género es una tarea que nos lleva a deshacer la inercia y quebrar el silencio de lo injustamente establecido. El camino es largo, es necesario comenzar a ver para dejar de obedecer.



Con estas palabras Cynthia Judkowksi anuncia e invita a participar en el Primer Festival Internacional de Cine y Mujer por la Equidad de Género que se llevará a cabo en mayo de 2010 en Buenos Aires. Se trata de una iniciativa largamente esperada y a la que, paradójicamente, le deseo una corta vida: que las personas dejemos de definirnos a partir de nuestra biología y superemos la urgencia de denunciar el artificio de la división sexual del trabajo y las relaciones humanas. Bienvenida esta apuesta que se suma a la lucha por la equidad de género mediante la conciencia colectiva y el debate. Qué ganas de estar en la Ciudad de la Furia en esos días.

coincidir

La pregunta de sus ojos reveló el galope de su sangre con la mía. Cerré los párpados con el entusiasmo de un sí y la angustia de saber que aquella intimidad duraría lo que una mariposa efímera. De la oscuridad de su boca salieron murmullos y suspiros para cobijar nuestro miedo. Hicimos magia. Prometimos olvidarnos. El secreto de sus ojos es mi única certeza.



Detonador: El secreto de sus ojos, película inspirada en la novela La pregunta de sus ojos, de Eduardo Sacheri.

la burocracia internacional

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados visita el Sáhara Occidental
(o por qué el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones)



Acabo de enterarme de que António Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desde julio de 2005, llegó a Argel con el objetivo, según fuentes del propio ACNUR, de “tener una visión personal directa de la situación de los saharauis”. Su agenda incluye la visita a uno de los campamentos de población refugiada cerca de Tinduf, la visita a El Aiún, capital del Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí, y a Rabat.

La reacción natural ante semejante noticia debería ser de júbilo, sobre todo entre quienes también están de manteles largos por el espejismo de la llegada de Obama al poder y el nombramiento de Christopher Ross, personaje clave de la llamada guerra contra el terrorismo, como mediador de la ONU entre Marruecos y el Frente Polisario.

Sin embargo, antes de echar las campanas al vuelo es necesario y urgente poner en perspectiva la visita de Guterres con algunos datos puntuales:

La primera y única vez que el máximo funcionario del ACNUR visitó los campamentos de población refugiada fue en 1976, año en que el Alto Comisionado era el príncipe Sadruddin Aga Khan. Marruecos ya había organizado la Marcha Verde para colonizar los territorios hasta hoy ocupados y había atacado a la población saharaui con napalm y fósforo, forzándola al exilio en una guerra abierta con el Frente Polisario que duraría hasta 1991. El año 1976 también marca la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática como Estado, a la fecha reconocido como gobierno en el exilio por 85 países.

El Alto Comisionado actual declara querer conocer la realidad de los campamentos de población refugiada en Argelia y la vida saharaui en los territorios ocupados. Para ello, pasará dos días en un campamento (de un total de cinco) y tres entre El Aiún y Rabat. Sin duda, la primera impresión de lo precario de la sobrevivencia en un campamento de población refugiada es como una bofetada que remece nuestra hipocresía tan occidental, nuestra indiferencia y nuestro poco aprecio de la abundancia también constituida como un valor muy occidental. Ciertamente, la población refugiada saharaui, sin proponérselo y desde la hospitalidad más generosa, obliga a una reflexión sobre las desgarradoras consecuencias y la escasa asunción de responsabilidades del colonialismo y el neocolonialismo. Pero una se pregunta si la labor que debería realizar un funcionario como Guterres, si las decisiones que un organismo como el que dirige pueden fundamentarse en una visita que ni un turista aceptaría si de una capital europea se tratara. ¿Quién puede conocer la realidad de un pueblo en 48 horas? ¿De dónde vendrá la firmeza para llevar a cabo el referéndum por la independencia? ¿Hasta cuándo dependerá la vida saharaui de la ayuda internacional y de la buena voluntad de las asociaciones de cooperantes?

Habrá quienes piensen que más vale 33 años después que nunca y que dos días es mejor que nada. No me sumen a su alegría. El papel de la ONU y sus agencias (¿qué decir de la MINURSO?) en la cuestión del Sáhara Occidental revela un maquillaje de pésima calidad que trasluce la verdadera faz de la burocracia internacional, esa enorme agencia de viajes que traslada a su personal de alto nivel de un rincón a otro de un planeta donde cada vez hay más personas desplazadas y refugiadas. Me temo que las declaraciones de António Guterres en los próximos días estarán hechas del mismo material.

arte para Palestina

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Ya está a la venta el calendario 2010 de Resistance Art. En esta ocasión la obra es del dibujante activista Carlos Latuff, brasileño. El dinero reunido por la venta del calendario se destina a artistas de origen palestino. Súmate a la lucha. Conoce el blog de Carlos Latuff, en inglés.

crecer en Qalandia

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En Qalandia, Cisjordania, se encuentra el principal puesto de control para pasar de Ramallah a Jerusalén, también se encuentra un campo de refugiados palestinos fundado en 1949 y la zona es conocida como uno de esos sitios que evocan el infierno en la Tierra, una muestra cotidiana de humillación, despojo y violación de derechos humanos.

La resistencia adopta múltiples formas; por ejemplo, las mujeres del campo han formado una cooperativa de artesanías y Helga Tawil Souri está trabajando en la postproducción de un documental sobre la vida en el puesto de control. Pero hay una iniciativa particularmente valiosa que acaba de estrenarse: gracias al apoyo de Vento di Terra, organización de activistas italianos, nació Kalandia Children, un proyecto que ha puesto dos cámaras en las manos de 10 peques palestinos para que muestren al mundo cómo es su vida cotidiana. Haz una visita virtual a Qalandia, conoce a los niños palestinos y ayúdales a hacerse presentes alrededor del mundo.





una mujer ante la literatura

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Yo no leía más que las historias para muchachos. En el fondo eso no ha cambiado: si observo los estantes de mi biblioteca, sigue siendo un mundo de hombres en porcentaje de 95%; hombres de los cuales muchos no ocultan su misoginia. Muchas veces he pensado que las mujeres no son rencorosas, pues ellas son las que más leen, a pesar de ser ignoradas o satanizadas por tantos libros. O pese a ver que algunos de los escritores más lúcidos confiesan que la escritura les fue transmitida por una mujer, su madre o su abuela, pero que fue el instrumento para tratar de prescindir de las mujeres.

Cuando era niña o adolescente no encontré las palabras y las imágenes que expresaran qué muchacha era yo. Tan sólo varones con destinos envidiables. Los libros que encontré en esa época me revelaron mi parte varonil, aventurera. Para descubrir la mujer que era sólo me quedaba el amor. Y quizás la escritura.




Michèle Petit en las últimas líneas de Lecturas: del espacio íntimo al espacio público
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