Posts tagged with "Sahara Occidental"
Wednesday, 2. December 2009, 17:45:00
Esta boca es mía, Sahara Occidental
Nuestros sentidos, habituados a una violencia normalizada de manera nada inocente a través del prolongado bombardeo mediático, si acaso reaccionan cuando lo escandaloso de la noticia toca la frontera entre la realidad y la ficción. Cada tanto, la violencia que se ensaña con las mujeres llega a los titulares de los medios masivos, casi siempre más tarde que a tiempo: mujeres retenidas en campos de violación serbios, jóvenes trabajadoras masacradas en Ciudad Juárez, mujeres asesinadas por parejas o ex parejas románticas o sexuales. Con una frecuencia menos periódica, un rostro concreto se repite en las pantallas y un nombre busca conquistar un rincón de la memoria. Hoy ese rostro pertenece a la activista saharaui Aminetu Haidar, defensora pacífica de los derechos humanos y del derecho humanitario internacional, cuyo caso empezó a filtrarse a diversos medios a cuentagotas de tinta y ahora se extiende como una mancha de sangre irrefrenable.
La determinación de Aminetu, ex detenida desaparecida en las cárceles secretas marroquíes en más de una ocasión y durante años, es aquella que suele encontrarse en quienes han vivido y sufrido lo suficiente para conocer a fondo la fortaleza y la fragilidad del espíritu humano. La añeja y vil complicidad entre los gobiernos de España y Marruecos, connivencia que ha obligado a Aminetu a recurrir a la huelga de hambre a modo de protesta e impide que retorne a su hogar en el Sáhara bajo ocupación militar desde 1975, es la misma que marca históricamente los pactos perversos en detrimento de pueblos enteros. Toca pues el turno al pueblo saharaui, no solo hoy, sino cada día desde hace 34 años, y seguramente más durante una colonia española que modificó la identidad de una nación y explotó sus recursos hasta la consolidación de alianzas comerciales que siguen definiendo, al menos en parte, la continuidad inexcusable de un conflicto que debiera avergonzar a toda persona capaz de pronunciar la palabra dignidad.
De poco sirve hacer un recuento más de los atropellos fraguados desde las altas esferas del gobierno español en el caso de Aminetu para exigir su retorno a El Aaiún cuando su huelga de hambre cumple dos semanas y los funcionarios no solo hacen gala de oídos sordos, sino del recurso de apostar a la mentira repetida mil veces con la esperanza de convertirla en verdad. Más útil parece, a estas alturas, señalar que los hechos de los últimos días ponen al desnudo lo poco que quedaba encubierto de los verdaderos entresijos de un sistema político que se jacta de democrático y equivocadamente da por sentado, primero, que democracia es simplemente el antónimo de dictadura, y segundo, que las sociedades se conforman con elecciones periódicas y espacios donde vociferar su descontento aun cuando nada cambie en la realidad. ¿Este es el puerto al que llega la transición española, tan célebre y celebrada alrededor del globo, después de esos mismos 34 años? ¿O es que el proceso no ha terminado y una de sus estaciones de paso es la combinación del lavado de manos y la complicidad con la potencia ocupante en su ex colonia y provincia saharaui?
Un gobierno democrático se basa en la expresión popular en las urnas y asume el compromiso de representar los intereses de la mayoría sin dejar de escuchar a quienes conforman minorías; pero también sabe que la democracia es un proceso de construcción social e incluye la decisión de no pisotear los derechos de otros pueblos allende las fronteras, que también consiste en tener una mirada retrospectiva motivada por el aprendizaje y la enmienda de errores en la propia historia. La actitud del gobierno español en el Sáhara Occidental se suma a tantos otros aspectos de su política exterior que evidencian un penoso afán en seguir mirando al sur por encima del hombro, con desdén y sed neocolonizadora en África y en Latinoamérica por igual.
Ante ese desolador panorama, las personas de origen español que desde la solidaridad más humana trascienden lo aprendido en su niñez gracias a libros de texto plagados de omisiones dan un ejemplo y nos recuerdan que pueblo y gobierno no son lo mismo. En nuestros países, de este lado del Atlántico, la decepción radica en ver sociedades rebeldes con gobiernos serviles que tampoco saben o quieren abandonar su papel de colonizados mentales y económicos.
Tal es el escenario de la resistencia de Aminetu. Quienes han experimentado el horror de la tortura afirman que en su crueldad el único remanso es la mente, ese lugar que la persona sigue sintiendo propio, donde el represor no puede entrar, el páramo que salva de la locura. Por otra parte, en la negra noche de la prisión sin muros que es el exilio forzado o la vida en territorios bajo ocupación militar, el cuerpo puede convertirse en el último recurso para el reclamo de justicia. Una mujer se apropia de su cuerpo y lo convierte en vehículo de la transgresión y la denuncia. Ese gesto, real y simbólico, no solo significa adueñarse de su vida (no nos confundamos: en estas circunstancia su muerte latente seguirá siendo responsabilidad de los gobiernos español y marroquí, y de la indiferencia internacional), sino, y sobre todo, adueñarse de su cuerpo, un cuerpo antes desaparecido, violentado, golpeado y transformado a la fuerza en instrumento de terror en manos del ocupante torturador.
El mundo, todavía patriarcal, se empeña en ver a las mujeres como parte de la propiedad colectiva de los hombres que detentan la identidad de un pueblo. Por eso los invasores se ceban en la violación como acto que mancha el orgullo masculino de una nación. Incluso la izquierda no ha logrado sacudirse la idea de las mujeres como bien público (“proteger a nuestras mujeres”) o bien privado que se posee mediante el acto sexual (“te presento a mi mujer”). Aminetu sabe que, a pesar de todo, no es más que de sí misma, como lo somos todas, y desde esa conciencia ha sido compañera, amiga y luchadora. Superviviente incansable y dueña de sí, echa mano de aquello que al final está al alcance de todo ser humano para exigir el cumplimiento de un derecho: su mente, su cuerpo y su corazón irredento.
Nunca entenderé esa facilidad que tiene la humanidad para cíclicamente permitirse perder a las personas más valiosas y capaces de rescatarla de sus miserias, y además mirar hacia otro lado. Que no nos pase esta vez.
Tuesday, 24. November 2009, 19:58:51
difusión, Sahara Occidental
Monday, 16. November 2009, 03:00:00
difusión, Sahara Occidental, México
Asociación Mexicana de Amistad con la República Árabe Saharaui
Un grupo solidario con la lucha humana por el fin de las ocupaciones militares que desde México trabaja de manera voluntaria para difundir la causa saharaui y promueve iniciativas de apoyo y enlace con otros colectivos de activismo a favor de la RASD.
Thursday, 5. November 2009, 18:49:11
Esta boca es mía, Sahara Occidental
Reír en compañía es una de las maneras infalibles de estrechar lazos de amistad. Qué no daría quien mira esta imagen por haber escuchado el chascarrillo de Mohamed VI que motivó la elegante carcajada de Hillary Clinton.
¿Le habrá contado que este 6 de noviembre se conmemora el trigésimo cuarto aniversario del inicio de la Marcha Verde mientras Marruecos sigue impune y la ONU indiferente? Imposible. Cuesta suponer que los conocimientos de la Secretaria de Estado estén al punto cuando se trata de viejas tropelías de potencias menores.
Habrá que observar la imagen con atención a fin de hacer conjeturas. El pañuelo a juego en el bolsillo del rey y las insignias que adornan corbata y solapa, el índice de la mano derecha que parece señalar a su interlocutora. Las infaltables perlas y la inclinación ensayada para simpatizar con disimulo que denotan la buena cuna de Clinton. El receptor y los audífonos para interpretación simultánea que amenazan con resbalar y evidencian que él habla inglés, pero ella no entiende árabe.
Aventuro posibles móviles de la risa: el Nobel de la Paz entregado a Barack Obama, la flamante política exterior de un gobierno incapaz de abandonar la realpolitik, las pifias diplomáticas de Clinton, el oropel de la reciente visita del ACNUR a los campamentos de población saharaui refugiada en Argelia, las mentiras de Felipe González respecto al Sáhara Occidental, la complicidad desfachatada entre el sultanato alauí y la monarquía española o los largos tentáculos que vinculan al Estado español con el francés y el israelí.
Nada de esto despertaría la risa sino la indignación de un ser humano con una mínima conciencia ética. La agencia EFE pone la fotografía en contexto: en el marco de la cumbre internacional Foro por el Futuro, Marruecos presentó un proyecto para la construcción de cinco centrales solares gracias a un acuerdo estratégico consolidado con España y Alemania. La idea se pondrá en práctica en noviembre de 2010 y dos de las centrales estarán en el Sáhara Occidental bajo ocupación militar marroquí. Seguramente Mohamed VI le explicó a Hillary Clinton que una de ellas se instalará en El Aaiún, la Secretaria de Estado intentó fallidamente pronunciar el nombre de tan exótica ciudad y el rey empuñó el índice para ayudarla a vocalizar. Ella se ríe de su propia torpeza, él sonríe con caballerosidad.
Respiro aliviada: por suerte no son más que dos personas cómodamente instaladas en la opulencia del poder, reunidas en un acto oficial con el objetivo de celebrar proyectos y alianzas comunes. Menos mal.
Disponible en inglés y francés gracias a la traducción activista de Tlaxcala
Sunday, 25. October 2009, 19:58:35
difusión, Sahara Occidental
Tuesday, 22. September 2009, 17:51:14
detenidos desaparecidos, Sahara Occidental
Obsesiones de papel
(o por qué las cifras suelen evocar las cuentas del gran capitán)
Las únicas muñecas con las que disfruté jugar cuando niña eran de papel, algo hoy tan arcaico como entonces me parecía el balero de madera que marcó la infancia de mi padre. Esas muñecas venían pudorosamente cubiertas con ropita interior y las vendían en paquetes de diferentes conjuntos de ropa, accesorios y peinados o sombreros con pequeños bordes que se doblaban para fijarlos al papel. Mi primer año de escuela fue aburridísimo, excepto por la hora de recortar, dibujar y pegar. Tenía unas tijeras especiales, con la punta roma para no hacerme daño, un juego precioso de lápices de colores y un resistol del elefantito, es decir, pegamento blanco que quien haya habitado el México de los setenta guardará sin duda en su memoria. Después todo fue estudiar y crecer, a veces más lo segundo que lo primero, y también divertirse y no pensar demasiado. Hasta que mi interés en el papel volvió y arrasó con todo en la época universitaria: enloquecí con el arte objeto y me inscribí en un taller donde aprendí a contar historias con residuos de todo tipo de materiales. Hice un libro objeto que a la fecha miro con orgullo trasnochado, y más de un hombre de mi vida recibió algún separador para libros con el sello de mis ideas en tinta china sobre papel kraft. Cuando no hubo remedio transité a la informática y dejé de lado el papel, aunque empecé a obsesionarme con su sentido figurado: el papel de las personas, de las instituciones, de las acciones, de las decisiones. Me pregunté cuál habría de ser mi propio papel y decidí, en adelante, tener ese pensamiento siempre a la mano, es decir, recordarme la importancia de asumir una postura, porque hay realidades y situaciones en las que no tomar partido, no desempeñar un papel, equivale a ser cómplice. Así sucede, por ejemplo, ante el conflicto del Sáhara Occidental.
Intuía que después de su visita relámpago a los campamentos cercanos a Tinduf António Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, sentiría lo mismo que quienes hemos atestiguado, así sea fugazmente, las atroces consecuencias de someter a un pueblo al exilio forzado a punta de bombas, colonos invasores y muros: la exigencia de ser mejores personas. Se trata de una decisión individual en la que se elige (o no) denunciar la injusticia y actuar desde el espacio inmediato. Así van surgiendo grandes y pequeños gestos de solidaridad acordes a las posibilidades reales de cada caso, y grandes y pequeñas indiferencias que resuenan según el impacto de su inmovilidad. Era de esperarse que un ser humano con enorme margen de acción como António Guterres hiciera declaraciones grandilocuentes sobre la urgencia de aliviar las penurias de la población refugiada saharaui, por eso el 10 de septiembre pasado afirmó apesadumbrado que el ACNUR otorgaría una ayuda de 12 millones de dólares a los campamentos. Pocos días después la prensa dominante española informó del condicionamiento de una ayuda más generosa a la realización de un censo, y otros días más tarde Guterres afirma que, gracias a tomas aéreas, la ONU calcula que la cantidad de personas refugiadas es solo 80.000, no 165.000 como afirma el Frente Polisario. Supongo que ahora empezará el jaloneo para definir si son peras o manzanas, y cuántas moneditas amerita la preservación de cada vida humana, estrategia por demás perversa. Mientras tanto, la población saharaui, una vez más, esperará a que las instituciones hagan algo, lo que sea (porque la comunidad internacional se reconforta con desfachatez ante esa proverbial paciencia). Mientras tanto, Marruecos y sus aliados ganarán tiempo y las buenas conciencias dormirán tranquilas gracias al somnífero de las falsas expectativas.
Por si el panorama no fuera lo suficientemente sombrío, leo en la invaluable memoria de las jornadas 2006 y 2007 de las universidades públicas de Madrid organizadas para discutir el tema del Sáhara Occidental que ya en 2005 se llevó a cabo un recorte para limitar la ayuda del ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos de 158.000 a 90.000 personas refugiadas, algo que con bastante razón el Ministro de Cooperación de la RASD, Salek Baba, denominó en las jornadas como “la política del hambre”. Cabe preguntarse si esa criminal reducción de 43% se basó en un censo o cualquier otro instrumento matemático fiable para respaldar decisiones cuyas consecuencias afectan a varios miles de personas. Pecaré de paranoica y me atreveré a inferir que no, porque si se hubiese realizado un censo en 2005 no existiría la necesidad de llevar a cabo otro hoy so pretexto de condicionar la ayuda.*
Inmersa en esas reflexiones asistí este 19 de septiembre a la conferencia de Mohamed Ahmed Labeeid, representante de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis, en la Universidad Nacional Autónoma de México. En una población de por sí numéricamente pequeña y azotada por políticas que apuntan al exterminio, lo “normal” es que ninguna familia saharaui sobreviva intocada por la desaparición o la represión marroquí en los territorios ocupados, inaccesibles a la prensa y a los grupos de observadores internacionales, donde la clandestinidad empieza desde el acto de portar o levantar una bandera de la RASD. Lo “normal” también es que gente como Mohamed Ahmed Laabeid se adhiera a Afapredesa y constituya un colectivo militante que denuncia el silencio cobarde de la comunidad internacional al verse en el pozo de una tragedia familiar (en su caso, el secuestro, la desaparición y el posterior asesinato de su hermana Kaltoum cuando contaba 20 años de edad). Lo “normal” es que se tenga la documentación de aproximadamente 90% de los casos de desapariciones forzadas y se hayan detectado al menos cuatro fosas comunes que no se pueden investigar por la renuencia del Estado marroquí y la connivencia de las potencias que conforman el Consejo de Seguridad. Lo “normal” es que el 21 de septiembre, durante la segunda conferencia de Mohamed Ahmed Labeeid en otra universidad del Distrito Federal, hubiera una irrupción marroquí tal y como suele haberlas en otras latitudes cuando de escuchar la voz saharaui se trata. Vivimos en tiempos de una normalidad tóxica.
Recientemente leí un ejemplar de Don Quijote, el azri de la badia saharaui, antología que hace homenaje a la obra de Cervantes y la transporta, a lomo de camello, al desierto de la añoranza. Me maravilla y conmueve que el pueblo saharaui, como el latinoamericano desde hace siglos, conserve la lengua del colonizador, una lengua que es condena geopolítica en la región francófona del Magreb y a la vez canal de comunicación para hacerse oír en Occidente. Pero el idioma es tan solo una de las similitudes que nos hermanan con el Sáhara Occidental: pertenecemos al llamado “sur global”, nuestra gente es morena, padecimos las contradicciones de la corona española, conocemos el rigor de la represión financiada y entrenada por potencias extranjeras, nuestra historia cuenta cifras escandalosas de personas detenidas desaparecidas, entendemos el abismo que encierran palabras como pobreza o despojo, y sabemos que el ataque más eficaz empieza por el estómago, porque el hambre prácticamente todo lo puede. Nuestras raíces nos recuerdan que la lucha no es solo por la independencia, sino también por la denuncia, sabemos poner al mal tiempo buena cara y mezclar extrañamente la pena con la alegría, conocemos el derecho inalienable a la resistencia y también hemos constatado, en carne propia y con múltiples exilios, cuánta razón tuvo Neruda al afirmar que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Por eso es urgente decirles, desde nuestro lugar en el mundo, que la esperanza es útil para renovar fuerzas, pero no debe ser el único asidero cuando la intervención de las potencias convierte en rehenes a países enteros. Aquí nos sobran botones de muestra: ayer y hoy, el bloqueo de Cuba, antes el Plan Cóndor y la Escuela de las Américas, y su infame papel en Panamá, Guatemala, El Salvador, Bolivia, República Dominicana, Argentina, Perú, Nicaragua... ahora el Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica y la Fundación Nacional para la Democracia, y la continuación de la injerencia mediante el Plan Mérida en México, las bases militares en Colombia, Guantánamo, Perú, Puerto Rico, Honduras, El Salvador, Panamá, el reciente golpe de Honduras o el intento de golpe en Venezuela, país que junto con Ecuador y Bolivia está en la mira.
Un amigo saharaui me contó que un viejo poeta del desierto hace tiempo dijo “La cuestión del Sáhara se resolvería fácilmente si tuviéramos unas enormes tijeras: con ellas recortaríamos nuestro país del mapa africano y lo pegaríamos en algún rincón de Latinoamérica. Podemos hablar el idioma, nuestra piel tiene las mismas tonalidades y allá no molestamos a nadie”. No sé si la solución sería mágica, pero no puedo evitar el deseo de volver atrás y reencontrar aquello que a los cuatro años bastaba para resolver el mundo con unos trazos y una pizca de creatividad: las tijeras escolares, el resistol del elefantito y los lápices de colores.*Hay que destacar que el Instituto Cervantes esgrime un argumento parecido cuando declara no disponer de datos confiables de demografía lingüística y así pospone indefinidamente la apertura de una de sus delegaciones a beneficio del pueblo saharaui.
Wednesday, 9. September 2009, 18:20:59
Sahara Occidental
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados visita el Sáhara Occidental
(o por qué el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones)
Acabo de enterarme de que António Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desde julio de 2005, llegó a Argel con el objetivo, según fuentes del propio ACNUR, de “tener una visión personal directa de la situación de los saharauis”. Su agenda incluye la visita a uno de los campamentos de población refugiada cerca de Tinduf, la visita a El Aiún, capital del Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí, y a Rabat.
La reacción natural ante semejante noticia debería ser de júbilo, sobre todo entre quienes también están de manteles largos por el espejismo de la llegada de Obama al poder y el nombramiento de Christopher Ross, personaje clave de la llamada guerra contra el terrorismo, como mediador de la ONU entre Marruecos y el Frente Polisario.
Sin embargo, antes de echar las campanas al vuelo es necesario y urgente poner en perspectiva la visita de Guterres con algunos datos puntuales:
La primera y única vez que el máximo funcionario del ACNUR visitó los campamentos de población refugiada fue en 1976, año en que el Alto Comisionado era el príncipe Sadruddin Aga Khan. Marruecos ya había organizado la Marcha Verde para colonizar los territorios hasta hoy ocupados y había atacado a la población saharaui con napalm y fósforo, forzándola al exilio en una guerra abierta con el Frente Polisario que duraría hasta 1991. El año 1976 también marca la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática como Estado, a la fecha reconocido como gobierno en el exilio por 85 países.
El Alto Comisionado actual declara querer conocer la realidad de los campamentos de población refugiada en Argelia y la vida saharaui en los territorios ocupados. Para ello, pasará dos días en un campamento (de un total de cinco) y tres entre El Aiún y Rabat. Sin duda, la primera impresión de lo precario de la sobrevivencia en un campamento de población refugiada es como una bofetada que remece nuestra hipocresía tan occidental, nuestra indiferencia y nuestro poco aprecio de la abundancia también constituida como un valor muy occidental. Ciertamente, la población refugiada saharaui, sin proponérselo y desde la hospitalidad más generosa, obliga a una reflexión sobre las desgarradoras consecuencias y la escasa asunción de responsabilidades del colonialismo y el neocolonialismo. Pero una se pregunta si la labor que debería realizar un funcionario como Guterres, si las decisiones que un organismo como el que dirige pueden fundamentarse en una visita que ni un turista aceptaría si de una capital europea se tratara. ¿Quién puede conocer la realidad de un pueblo en 48 horas? ¿De dónde vendrá la firmeza para llevar a cabo el referéndum por la independencia? ¿Hasta cuándo dependerá la vida saharaui de la ayuda internacional y de la buena voluntad de las asociaciones de cooperantes?
Habrá quienes piensen que más vale 33 años después que nunca y que dos días es mejor que nada. No me sumen a su alegría. El papel de la ONU y sus agencias (¿qué decir de la MINURSO?) en la cuestión del Sáhara Occidental revela un maquillaje de pésima calidad que trasluce la verdadera faz de la burocracia internacional, esa enorme agencia de viajes que traslada a su personal de alto nivel de un rincón a otro de un planeta donde cada vez hay más personas desplazadas y refugiadas. Me temo que las declaraciones de António Guterres en los próximos días estarán hechas del mismo material.
Tuesday, 14. July 2009, 23:30:49
Esta boca es mía, Sahara Occidental
Esta elocuente imagen viaja por el ciberespacio gracias al talento de Leon Kuhn. Llegó a mi buzón hace meses con el siguiente mensaje: ¿Y si solo cambió de máscara?
Es inevitable plantearse esta pregunta en serio ante las noticias que han plagado los titulares en estas semanas y las acciones más recientes del presidente Obama. Basta analizar la retórica estadounidense en El Cairo y con motivo del canalla golpe de Estado en Honduras para recordar las sabias palabras de mi madre postiza durante mis tiempos adolescentes en Estados Unidos: Sweetie, love is not a noun, it's a verb. Cursi, pero cierto: el amor no basta, amar es lo que cuenta. En lenguaje peninsular, por sus actos los conoceréis. Y es que en política, como en el amor y en todo quehacer humano, la consonancia entre lo que decimos y lo que hacemos es tan poco frecuente que lo mejor es tomar la verborrea con pinzas y mantener la mirada alerta.
Seguramente esta predisposición obedece a mi bagaje latinoamericano, pero no hago más que suspirar cuando leo los entusiastas mensajes de mis compañeros de activismo prosaharaui ante el supuesto cambio de postura estadounidense hacia la ocupación del Sahara Occidental. Obama dice apoyar al Polisario. Obama dice que confía en la labor de su compatriota Christopher Ross como enviado especial de la ONU para resolver el conflicto. Obama dice que presionará a Marruecos para negociar.
Me temo que al mundo le sobran discursos y le faltan acciones. Que empiece la verdadera función o se confirme el maquillaje del imperialismo, luego seguimos platicando.
Saturday, 20. June 2009, 19:23:13
difusión, Sahara Occidental, México
El 20 de junio se conmemora el Día Internacional de la Población Refugiada. Es una buena fecha para contar que en México estamos impulsando la consolidación de la Asociación Mexicana de Amistad con la República Árabe Saharaui Democrática, para lo cual se necesitan donativos y ganas de trabajar. Te invito a visitar la página de la Embajada Saharaui en este país, conoce la causa de este pueblo, suma esfuerzos.
¡Gracias!
Tuesday, 2. June 2009, 16:38:55
difusión, Sahara Occidental
Wednesday, 20. May 2009, 18:33:40
andanzas, Sahara Occidental, mis fotos
para J.O.La sonoridad de la palabra Sahara contiene la suavidad esponjosa de las dunas, la tiranía del sol, el azul profundo de un cielo espumado de estrellas, la visión fantástica de un infinito yermo. En ella también caben la guerra, el expolio, la precariedad, el destierro y la injusticia. Por la irreprimible fuerza de un pueblo hace treinta y tres años que decir Sahara también es decir resistencia, anhelo, templanza.
Llegar a Dajla, uno de los campamentos de población refugiada saharaui en Argelia cuyo nombre corresponde a una de sus ciudades bajo ocupación militar marroquí, es una odisea en toda regla. Como si las peripecias se conjugaran para poner a prueba la determinación y la dureza del pellejo de la viajera, tan solo para recompensarla con imágenes y emociones irrepetibles. Las horas en un avión charter que más parece un autobús alquilado por un grupo de conocidos y el despiadado masaje que me regala el transporte todoterreno desde Tinduf son el peaje del primer amanecer en el desierto. Mis ojos dejan el atisbo y se abren como abanicos, embrujados ante el vigor del fuego que se alza con el impulso de un dios absoluto. No se cerrarán en mucho tiempo, acaso para dormitar en la jaima o el gueton cuando el cuerpo se niega a acompañar mi necesidad de recorrer y recordarlo todo.
A golpe de consigna, la realidad de los campamentos viene pausada a mi encuentro. La reflexión inmediata evoca eso que aprendí a entender como «comodidades» o «vida moderna», eufemismos para señalar un grifo, una toma de corriente eléctrica, una calle pavimentada y, también, una puerta cubierta de cerrojos. Aquí, donde el tiempo ha adoptado la forma del horizonte ilimitado, basta un rato para reconocer en esos objetos peculiares vehículos del derroche y el desperdicio. Necesitamos poco y queremos todo, qué importa si en el camino atropellamos o arrebatamos. El pueblo saharaui, inmerso en la brutalidad de la ocupación de un lado del muro más largo del globo o en el rigor del exilio del otro, sabe que su supervivencia depende del sentido de colectividad. Y es que los días y las noches en Dajla dan paso a una reflexión más detallada sobre aquello que en mi mundo se ha perdido y que no es poco: la noción de comunidad, la motivación para reconocernos en otras humanidades, el ánimo de rebeldía, la celebración de la vida por sí misma.
Al igual que los cientos de personas que estamos de paso, disfruto el ritual del té, el cobijo de una familia, las bondades del turbante, el lucero que presagia el amanecer, la sabia cadencia de los dromedarios. La quietud de cada momento obsequia un aprendizaje. Escucho atenta el saludo saharaui, un intercambio de preguntas sobre el bienestar de la familia y el ganado, sobre los caminos recorridos y la deseada presencia del agua en un páramo sin dueño. Se trata de algo más que una tradición de errantes, aquel diálogo útil para trazar la propia ruta y aminorar las probabilidades de perecer o perderse en rojizos senderos: al preservar el saludo que distingue su espíritu nómada, el pueblo saharaui sella su convicción en la victoria y persigue la urdimbre de su identidad legendaria.
La imaginación reina en el Sahara, espacio ideal para la delirante organización de un festival internacional de cine. Proyectar películas en la inmensidad de una mal llamada nada no solo refresca los sentidos marcados por una paciencia que se agota. ¿Qué mejor medio para asomarse a otras realidades y presentar la propia que el lenguaje audiovisual, insignia de nuestros tiempos? Por eso el festival ofrece talleres de documental, fotografía, edición, sonido o radio. Por eso se trabaja en la construcción de la primera escuela de cine y acaban de inaugurarse las transmisiones de la televisión saharaui. Todo sirve para fortalecer la trinchera de la dignidad y defender la sonrisa de esta gente que no pide permiso para ser y empuñar su bandera.
El lugar común dicta aguzar la perspectiva después de viajar a un campamento saharaui, lugar donde el necio pulso humano supera adversidades inimaginables, paisaje singular en un planeta donde el pensamiento único ha arrancado de cuajo todo rasgo de originalidad y las ciudades y las personas son cada vez más aburridamente parecidas. Tal vez así se explica la sonrisa que nace de mi boca cuando hablo del Sahara y de un pueblo que tiene los ojos puestos en el futuro, los pies enraizados en la historia y los brazos creciendo alas. Pero mi fascinación no vale su herida. Por más que quienes llegamos de lejos necesitemos una cura contra el consumismo y la superficialidad, por más intensa que resulte la experiencia, nadie tendría que vivir inventando maneras de gritar al mundo su tristeza y su reclamo de justicia.
Sumo mi voz al coro que exige Sahara libre YA.
Este texto puede leerse en
francés y
portugués gracias a la traducción activista de
Tlaxcala.