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mujer y palabra... pisadas sin huarache

Salvo indicación contraria, los textos y las fotos son de mi autoría (etiquetas Esta boca es mía y Mis fotos). Son copyleft: pueden reproducirse por cualquier medio siempre que se cite a Atenea Acevedo como autora y la dirección electrónica del blog.

rituales bárbaros

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Hace algunas semanas llegó a mi buzón la siguiente joya: Barbarous Rituals: 84 Ways to Feminize Humans, texto anónimo que data de la década de 1960, redactado durante el movimiento de liberación femenina. Si bien algunos de estos rituales se han modificado o han adquirido matices que los dotan de sutileza, sin duda la mayoría de las mujeres alrededor del mundo reconocerá algo de sus vivencias en más de uno. Se dice hasta el hartazgo que las cosas han cambiado y que el feminismo sobra, pero no es así.

Agradezco y dedico mi traducción y adaptación del original en inglés a mi amiga Au Humarán, a quien debo la interesante lectura de este texto. Invito a los hombres a enviarme ejemplos de aquellos rituales bárbaros que masculinizaron su humanidad: recopilemos una lista en nombre del feminismo como ideología y movimiento que ha puesto la palabra equidad en boca del mundo entero.



Rituales bárbaros: 84 maneras de feminizar seres humanos

Ser mujer es:

1. patear con fuerza el vientre de tu madre mientras le dicen “Ha de ser niño, ¡se mueve mucho!”
2. quedar etiquetada con un brazalete rosa de cuentitas treinta segundos después de haber nacido, y verte envuelta en mantas rosas cinco minutos después.
3. estar confinada al rincón de las muñecas en la guardería cuando lo que te fascina son los juegos de herramientas.
4. querer ponerte un overol en lugar de un “vestidito”.
5. aprender a detestar las palabras “delicada” y “linda”.
6. ser etiquetada como marimacha cuando lo único que querías era trepar a un árbol para contemplar el horizonte.
7. aprender a sentarte con las piernas cruzadas cuando tus pies todavía ni llegan al piso.
8. odiar a los niños porque pueden hacer las cosas que tú quieres hacer y tienes prohibidas... y que te digan que odiar a los niños es una etapa y que ya se te pasará.
9. enterarte de que cuando haces algo es “una travesura”, pero si lo hace tu hermano es “un signo de valentía”.
10. preguntarte por qué tu papá se enoja de vez en cuando y, en cambio, tu mamá se la pasa suspirando.
11. ver cómo los adultos sueltan risitas cuando te oyen decir que cuando seas grande quieres ser ingeniera o médica, y aprender a decir, mejor, que quieres ser mamá o enfermera.
12. querer afeitarte las piernas a los 12 años y sufrir en agonía porque tu mami no te deja.
13. sufrir en agonía a los 14 porque ¡por fin! te afeitaste las piernas y la piel te arde.
14. que nadie te hable de la menstruación y creer que estás desangrándote cuando llega tu primer período, o
15. enterarte de todo respecto a la menstruación por los chicos de la escuela que hablan con risitas ahogadas y dejan bien claro que todo el asunto es asqueroso, o
16. recibir toda la información de tu mamá, quien cuidadosamente repite que no es nada asqueroso al tiempo que habla entre susurros y se refiere a la menstruación como “la maldición”, “estar enferma” o “el castigo de las mujeres”.
17. sentirte orgullosa y asqueada por tu propio cuerpo por primera (pero no última) vez.
18. morirte de vergüenza porque tu mamá te obliga a usar “corpiño” ahora que “te está creciendo el busto”... pero no te ha crecido nada, o
19. morirte de vergüenza porque tu mamá no te deja usar brasier y tus senos son más grandes que los de otras chicas de tu edad y se balancean cuando corres, así que te la pasas sentada con los brazos cruzados y apretados contra tu pecho.
20. sentirte básicamente cómoda con tu cuerpo, pero aprender poco a poco a odiarlo porque eres demasiado alta o baja, gorda o flaca, por el ancho de tus muslos o tus muñecas, por el tamaño de tus orejas o lo greñudo de tu pelo, por lo corto de tu cuello o lo largo de tus brazos, porque juras que eres patizamba o que tienes los dedos de los pies como garras... cualquier cosa que tal vez signifique que no le vas a gustar a los chicos.
21. querer suicidarte por el acné, la caspa o la tendencia natural a sudar… y descubrir que los comerciales de productos milagrosos son puras mentiras.
22. tenerle pavor al verano porque los demás verán (y juzgarán) más de tu cuerpo y sus imperfecciones.
23. sacarte las cejas con pinzas, blanquearte el vello, afeitarte las axilas, hacer dieta, investigar sobre desodorantes vaginales, comerte las uñas y odiar hacerlo y limar lo que queda de ellas para quedarte con los dedos en carne viva.
24. disfrutar la clase de matemáticas o historia y escuchar indirectas sobre cómo los chicos pierden interés ante las chicas inteligentes.
25. escuchar indirectas sobre cómo las otras chicas tampoco se interesan en las chicas inteligentes.
26. al final perder el interés en las chicas inteligentes, descuidar inconcientemente tus estudios, bajar tus calificaciones y caerle bien ¡por fin! al resto de tus compañeros.
27. estar chiflada por una compañera o maestra, y darte cuenta de que es algo horrible de lo que no se puede hablar con nadie.
28. ir a tu primer baile y soñar con eso días antes… y odiarlo después: no bailaste bien, se te cayó la bebida, nadie te sacó a bailar (o fuiste muy popular, pero lo pasaste fatal porque nadie sacó a bailar a tu mejor amiga), no dijiste nada inteligente.
29. estar absolutamente convencida de que eres una zoquete, una gansa, un bodrio, un fastidio, una fracasada y una torpe sin remedio.
30. descubrir que parece que todo lo que vale la pena hacer en la vida “no es femenino”; aprender a regocijarte en ser femenina y “linda”... y sentirte un poquito culpable.
31. masturbarte como loca y vivir aterrada por la posibilidad de perder la cabeza, quedarte estéril, volverte puta o acabar con tu propia virginidad.
32. obtener más información como puedas y después preocuparte porque te masturbas estimulando el clítoris... y resulta que “así no es”.
33. caminar feliz calle abajo y sonreírle a la gente para, en respuesta, ser acosada como si fueras un trozo de carne.
34. tener tu primera conversación realmente humana con tu madre y enterarte de todas sus esperanzas vanas y ambiciones perdidas, y de que según ella es imposible escapar porque así son las cosas: vida, sexo, el sentido del yo, etcétera... y amarla y odiarla por haberse dejado arrastrar de esa manera.
35. tener tu primera conversación realmente humana con tu padre y enterarte de todas sus esperanzas vanas y ambiciones perdidas, y de que según él las mujeres lo tienen mucho más fácil y de “lo que un hombre busca en una mujer”... y amarlo y odiarlo por haberse dejado arrastrar de esa manera... y por haber arrastrado a tu madre en el camino.
36. darle vueltas al tema de “hasta dónde” llegar con ese hombre que tanto te gusta. ¿Y si te pierde el respeto? ¿Te costará (no, por dios) ganarte “mala fama”? Y, si no, ¿serás una mojigata? Encabronarte porque no puedes simplemente hacer lo que te apetece.
37. temer, en secreto, a la posibilidad de perder tu virginidad por usar un tampón, pero sentir demasiada vergüenza para preguntar al respecto.
38. dar vueltas en la cama sin poder dormir preguntándote si de verdad es posible quedar embarazada por el esperma capaz de nadar y atravesar tus calzones.
39. tener una pelea horrible con ese novio que no deja de gritarte lo frustrado que se siente por “no hacerlo”… y nunca se le ocurre que tú también te mueres de ganas, pero a lo mejor no te atreves a reconocerlo.
40. por fin acostarte con él y sentir que la entrepierna, las nalgas y los muslos te duelen y estás toda mojada y a lo mejor sangraste y para nada fue como en una película de Hollywood pero, dios, al menos ya no eres virgen pero, ¿de qué rayos se trata todo el asunto? Y mientras tanto él pregunta y pregunta “¿Te viniste?”
41. descubrir que necesitas un aborto y enterarte, de verdad y por vez primera, de lo que tu compañero, tus padres y tu sociedad piensan de ti. No es raro que enterarte de todo eso te cueste la vida.
42. descubrir que la profesión que elegiste exige más que estudio o esfuerzo: exige el precio emocional de que te hagan sentir “menos mujer”.
43. descubrir que casi todos los empleos a los que puedes aspirar ofrecen un sueldo más bajo a cambio de un trabajo más arduo que si fueras hombre.
44. padecer que los hombres de la oficina te fastidien porque si no coqueteas suponen que eres una mojigata virginal y que eres una fácil si eres medianamente relajada y agradable.
45. aprender a mostrar mucho tacto si tienes hombres como subordinados. Lo más probable es que tengas que aprender que siempre serás la subordinada de algún hombre.
46. llegar a ser ejecutiva, por el amor de dios, y que después alguien te pida ordenar los bocadillos para una fiesta en la oficina.
47. darte cuenta de lo difícil que es conseguir la información “súper accesible” sobre anticonceptivos.
48. perseguir un diafragma resbaladizo alrededor del baño como si se tratara de un Frisbee la primera vez que tratas de colocártelo sola, o
49. subir de peso o tener hemorragias o sentirte fatal por tomar la píldora, o alucinar con las historias de terror que se cuentan sobre ella, o:
50. embarcarte en un viaje en Volkswagen para atravesar el país y sentir cómo de pronto el dispositivo intrauterino se desplaza y te desgarra por dentro.
51. preguntarte por qué podemos tener transmisiones en vivo y a todo color de la superficie lunar, pero todavía no tenemos un método anticonceptivo realmente sencillo, humano y seguro.
52. seguir el ritual de las despedidas de soltera, las compras para la boda, los dilemas financieros, la lista de invitados, los permisos religiosos... cuando tu verdadero deseo se limita a irte a vivir con ese hombre.
53. discutir con tu prometido para definir si las palabras “y obedecer” habrán de pronunciarse en la ceremonia nupcial.
54. saber que hablan pestes de ti a tus espaldas porque en la ceremonia se dijo “esposo y esposa” y no “marido y mujer”. Molestarte por tener que cambiar tu apellido (bueno, el apellido de tu padre).
55. haberte levantado a las 6 de la mañana el día de tu boda para ver a familiares y amistades que ni siquiera te caen bien y acabar exhausta después de estar inmóvil para no arrugar tu vestido, después de la ceremonia y la fiesta y el viaje… y encontrarte a solas con este extraño que quiere “hacer el amor” mientras tú ni siquiera estás segura de si él te gusta y aun cuando te gustara muchísimo lo único que quieres es dormir catorce horas, o
56. no casarte, vivir juntos en nombre del “amor libre” y darte cuenta de que tu relación es igual a cualquier matrimonio... y que tú eres la única que paga los costos de la “libertad”.
57. meterte de lleno en el papel tradicional, cocinar platillos especiales, hacer la limpieza, etcétera... y saber que nunca serás tan buena como la “mujer ideal” de las revistas, o
58. “escaparse” juntos a una comuna “de onda”… y acabar cocinando arroz integral en lugar del que siempre hacías en casa.
59. tener cólico menstrual cada mes con toda regularidad, cólico y/o jaquecas y/o náusea… malestares que dejarían a un hombre “normal” fuera del juego por dos semanas, pero tú sigues adelante con tu trabajo dentro y fuera de casa para no causar molestias a otros.
60. descubrir que tu compañero te aburre en la cama.
61. fingir un orgasmo por primera vez: indignación, frustración… y alivio (porque él ni siquiera nota la diferencia).
62. sentirte culpable por no tener un orgasmo: ¿cuál es tu problema?
63. descubrir que aburres a tu compañero en la cama. Sentirte desesperada, ¿en qué fallaste?
64. querer saber con ansias qué cosas especiales desea él de ti en la cama y tener miedo de decirle lo que deseas que él haga, o darle pistas que rápidamente deja en el olvido.
65. desear ser el poder detrás del trono y descubrir que, después de todo, él no es un gran hombre o no necesita de tu apoyo.
66. sentir celos y odiarte por mostrarlos.
67. odiar ciertos libros que podrían haberte encantado... y todo porque él los leyó primero y ya te contó todo. Sentir que te robó algo (también pasa con las películas).
68. desear volver a estudiar, leer, tener alguna actividad, hacer algo. ¿Por qué no te basta con la casa? ¿Cuál es tu problema?
69. volver a casa después del trabajo y empezar a trabajar de nuevo: sacar y guardar lo que compraste en el súper, preparar la cena, lavar los platos, poner la lavadora, etc., etc.
70. sentir la necesidad de decir “gracias” cuando tu compañero se prepara algo de comer porque te estás muriendo de gripe.
71. embarazarte y tener que oír a todo el mundo decir las consabidas pavadas sobre la relación madre-Tierra mientras tu aterrado rostro dibuja una sonrisa impostada.
72. advertir que los hombres en la calle, en el taxi y el autobús ya no te comen con los ojos (como mínimo); ahora te ven como Portadora de la Especie Humana.
73. saber que debe haber alguna forma interior de disfrutar este proceso y que tal vez las mujeres de alguna tribu “primitiva” lo hagan, pero sentirte como una elefanta, adolorida, asqueada... y quejumbrosa porque tienes la obligación de mostrarte alegre.
74. desear que tu compañero esté a tu lado durante el parto o desear un parto natural y enterarte de que él no quiere acompañarte o el médico o el hospital no te apoyan... y te las tendrás que arreglar sola, o
75. tal vez tengas suerte y tu compañero no sienta miedo ni asco, y el médico está de acuerdo y comparten la experiencia y ésta incluso te parece hermosa... y puedes oír a otra mujer gritar, completamente sola, mientras pare en el quirófano vecino.
76. sentirte responsable por otras vidas (las de tus hijos y tu pareja), pero nunca, jamás, por tu propia vida.
77. aprender a odiar a otras mujeres que son más jóvenes, más libres, solteras, sin hijos, con empleo, estudiantes, con trayectoria profesional... cualquier cosa. Odiarte por odiarlas.
78. esforzarte por no repetir el patrón y descubrirte de pronto diciéndole a tu hija que “así no se comporta una dama” o a tu hijo que “no actúe como un mariquita”.
79. enterarte de que tu compañero “anda portándose mal” y desear que te importara, pero ni siquiera poder sentir eso.
80. ser viuda o divorciada e intentar conseguir un “buen” trabajo... a tu edad.
81. decir que no entiendes la “rebeldía” de tus hijos, pero comprenderla desde las entrañas y no poder evitar cierta amargura porque crees que ya se te pasó el tren.
82. desear todavía tener sexo, pero sentirte ligeramente ridícula frente a tu compañero de vida, ya no digamos otros hombres.
83. padecer la condescendencia y las sonrisitas de suficiencia de tus propios hijos durante el atroz ritual de volver a tener citas tras la viudez.
84. envejecer, ir quedándote sola, prepararte para morir… y saber que, después de todo, las cosas podrían haber sido distintas.

Israel debe ser juzgado por la Corte Penal Internacionalcanto al pie de tu ventana iii

Comments

Anonymous 14. February 2009, 03:35

Malcolm writes:

Me encantó! Quedé con ganas de leer más de vos, Atenea.

Atenea 15. February 2009, 15:38

Gracias, Malcolm. Aquí está el índice, por si te resulta más fácil conocer el blog así: http://my.opera.com/mujerypalabra/archive/

Anonymous 7. March 2009, 19:09

Monísima writes:

Queridisima:
Bendito Dios que te de dio el don de la palabra y la posibilidad de traducir y así poder difundir tantas cosas!!
Hijole.. que cerca y que lejos. Hace poco hacíamos un decalogo del porque las mujeres tenemos, debemos, merecemos... participar en política. Y parecian las demandas de Stwart Mill solo que tristemente un siglo después. Pero aquí andamos, en esta brecha que nos toco caminar y tratando que poco a poco podamos "des-naturalizarnos" poder asumir nuestro deseo como mujeres y formar alianzas entre nosotras.
Un abrazo

Anonymous 7. March 2009, 23:36

Mar writes:

Muchas gracias, Atena :-).

Me las iré leyendo poquito a poco...

Saludos,

Mar

Anonymous 10. March 2009, 13:32

Eva writes:

Qué terrible, desde luego; me costó acabar de leerlo con la cabeza fría. Es cierto que en algunas cosas concretas no me reconocí, pero el mensaje sigue siendo el mismo ayer y ahora: si eres mujer, hagas lo que hagas, está mal.

Anonymous 24. March 2009, 04:03

Sam writes:

Definitivamente la lista de como masculinizar a los seres humanos es igual de desmotivante, y desgraciadamente tiene la irrevocable óptica del que lo ve desde arriba, pero a ver, como sea es aun posible un mea culpa.
1.Comencemos con un rito de miles de años: Ser hombre es agradecer a dios que no te hizo mujer y ...
2.Llegar a la conclusión que el dios de Abraham de plano no tiene madre o vaya uno a saber que tanto le hizo cuando dios era niño; a mi gusto el complejo de Edipo es mucho mas antiguo de lo que los griegos creían.
3.Y desde Abraham no paras con los profetas y representantes divinos que estaban acomplejados con sus sus figuras maternas: Mohamad, Pablo (ese esta en el top 3), John Smith (ese si que se vio hábil, poligamia inscrita en jeroglificos, escritos por primeros cristianos bien blanquitos que llegaron a America por alla del siglo II), toda la Papez, los Ayatolahs y los que aun nos falten por llegar....
4.Llegar a la irrevocable conclusión que definitivamente uno no puede ser hombre si se cuestiona tanta evidencia divina de mi lugar en el universo. Tanto libro sagrado para nomas poder tener el control remoto.
5.Como cuestionar a dios te asegura el infierno (y como yo me quiero ir a cielo), entonces ser hombre es aceptar que miles de años no pueden estar equivocados. Nadas mas como unos 30000 para darse cuenta que la tierra NO es el centro del universo, ¿Cuando fue que China descubrió que no estaba ni remotamente cerca del centro de la tierra?
6.Reconocer que fuerza (la motriz, la que cuenta)= supremacía. Esta en todos lados, es evidente, el destino del hombre aceptar lo que salta a la vista. Aun lejos de acabar de entender que toda esa energía química que se va los músculos (y seguido en detrimento del cerebro) en la mujer se va a su capacidad gestadora.
7.Pero hay otra manera ultra in y mega aca de ser hombre, y es casi tan letal (a penas un poco menos que la física porque esta ultima puede llevar al ultimo fatalismo) y es vil y se te ves muy ducho puedes hacerlo casi invisible : cuando la vida te agracia con unos cuantos puntos IQ, no hay manera mas “limpia” que joderte a tu pareja sistemáticamente con la fuerza de la palabras, con la paciencia de la gota que atraviesa el cráneo de tu víctima. Tus amigos te pondrán una estatua. Te lo juro.
8.La tele lo dice (y la tele no miente), desde Pedro Picapiedra hasta Peter Griffin (pasando por todas las sit-com del mundo), para estar casado con la eternamente buenota hay que ser un gran idiota, deshonrar tu cuerpo y tratar como un despojo a tu pareja.
9.De alguna extraña manera, ingeniarse para que se paternalista no sea la contra-versión “exacta” de maternalista. Ups, perdon, maternalista ni siquiera existe en el diccionario.
10.Ah la madre, nada mas hombre que gritar que todas putas menos mi queridisima.
11.Ah las putas. Acto ultimo tras descubrir que como atractivo reproductivo, no vales gran cosa.
12.Eliminar el genero femenino de la lengua, acto ultimo para afianzar nuestra supremacía. Ups, los ríos antiguamente era en femenino (como aun en francés), entonces se decidió conservar el genero, todo mundo sabe que necesitamos ríos.
13.Ah, el deporte. Rito de cohesión masculina, donde los lazos fraternales se tejen. Me perdonaran, pero cuando vi un entrenamiento de Rugby (muy supuesto de la definición ultra de ser masculino) los tipos se la pasan con las manos en los testículos de sus camaradas. Ni hacer la inocente pregunta porque casi me rompen la figura.
14.Ah el deporte. Marica si no lo practicas, marica si lo practicas mal, marica si no te gusta, marica si no le vas al equipo de tus cuates, y la lista sigue
15.Ah, obsesionarse con no ser maricon (o con si ser). Marica por esto, marica por aquello. Y nunca entendí el albur entre hombres “Ey tu, no seas puto y dame un beso”, para mi siempre fue tan obvio lo idiota de las intenciones.
16.Ah los albures. No hay nada mas viril que derramar neuronas en el pavimento (las que logran activarse en los centros de deseo sexual, claro esta).
17.Enojarse que “dos mujeres y un camino” no terminara como tu quisieras.
18.Decidir por ser gay porque la otra opción no te parece suficientemente misógina. Ups, perdon, no olvidarse que ser hombre …
19.es rechazar la opción de decidir sobre tu cuerpo, porque
20.se nace hombre (normal según la mayoría)
21.o se nace gay.... (jodido según la mayoría)
22.Nada mas las mujeres pueden tener episodios lesbi, para el placer de tus sentidos.
23.Porque todo mundo sabe que nomas hay ins and outs, y las puertas suelen tener un marco muy estrecho.
24.Al mismo tiempo encontrar “divertido” que los gays tiene por la figura femenina un objeto de obsesión desmesurado.
25.Ingeniárselas para pasar por feminista, sin dejar ni remotamente a un lado tus convicciones de supremacía. Ey, escritores de Sex & The City, hablo de ustedes.
26.Asumir que ser relativista sobre de la cuestión femenina en la sociedad siempre esta a la moda entre los hombres. Joder, esta supuesta lista de mea culpa comenzo no tan mal y ve en lo que va.
27.Ah el cinismo, que harían los hombres sin ti.
28.Descubrir que este tipo de ejercicio no termina por llegar al verdadero fondo de nosotros (los hombres), porque al fin y al cabo nos aterra la posibilidad de encontrarnos irremediablemente solos.

En fin, se trata y se lucha todos los días, uno termina yéndose muy lejos con tal de buscar alternativas. Y creeme, 20000, 100000 km no son suficientes para cortar con la estupidez, para poder de plano partir por lo sano. La fuerza de las costumbres regresa de vez en vez a recordarte que esta ahí, latente, como un cáncer dormido. Milan Kundera nunca jamas me ha parecido tan valido como en estos últimos tiempos. Un abrazo desde los ya por fin no tan frios nortes canadienses.

Sam

Atenea 24. March 2009, 05:09

Queridísimo Sam, qué sorpresa tan grata saber que andas por estos lares. Estoy encantada con tus 28 rituales bárbaros, que siga la mata dando, compa.

Besos,
A.

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