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Poesía Sin Azúcar

Posts tagged with "MICRORRELATO"

LA TENTACIÓN O EL DITO IN BOCA

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Susi respira agitadamente. Asustada, ayer vio la foto de un águila llevándose a una niña. La manta huele a mamá. Se esconde debajo de ella. Está haciendo algo prohíbido. La tranquiliza esa húmeda rugosidad. No recuerda la palabra exacta pero quieren ponerle algo en el dedo.

¿Cuántas privaciones más tendrá que soportar Susi?

Susi se orina en la cama. Se cree débil y mala por hacerlo. Su hermana jamás lo hace. Su hermana toca el piano y canta. Su hermana se comporta muy bien, es limpia y ordenada. A Susi le gusta el olor de la orina y su calidez. Susi tiene un amiguito con el que juega a médicos.Y le gusta. Mamá le ha prohíbido jugar a eso con Fernando. A Susi le gusta estar en la cama con su prima. Jugando a los olores. Esto tampoco le gusta a mamá.

Susi les corta los dedos a las muñecas de su hermana. Susi les corta el pelo a las muñecas de su hermana. Susi se hace cortadas en los muslos con la cuchilla de afeitar de papá. Le gusta el sabor a hierro de la sangre. Mami a veces sangra por ahí ¿Le hará daño papá?.
FIN FINITO

PEUGEOT 404 (4)


Precipitadamente me despojo de la ropa y me ajusto el vestido de mamá. Le pregunto -¿qué tal me queda? - él mira despacio mis piernas y dice – “jamás superarás a tu madre” – (lo comenta con desprecio, para herirme). Repentinamente cambia el tono de voz – “¡Ven aquí, siéntate sobre las piernas de papaíto!”. Es como si tuviera dos personalidades distintas luchando en su interior. No sé cuál de las dos deseo más. Por un lado me gusta sentir el temor de su furia y por otro, adoro su lado más frágil, más femenino. “¿Por qué está manchado de sangre el vestido?” – le pregunto- “de la última paliza que le di, se la merecía la muy puta”- me responde y añade “¿a que te gustaría haberla visto eh?”. Me siento sobre sus rodillas con las piernas a medio lado. “¡No! ¡Así no! ¡con una pierna a cada lado, frente a mí!” - Lo hago. Me sujeta ambas manos a la espalda y comienza a besarme el cuello. Forcejeo con él durante un par de minutos hasta que me rindo a su pestilente aliento. Se chupa el dedo índice y me lo introduce en la vagina. Me dice “¿te acuerdas? – igual que cuando eras niña” – “Sí papá, igual” – concluyo.

FIN FINITO

PEUGEOT 404 (3)


Lleva unos tejanos demasiado cedidos y sucios, saca del bolsillo las llaves y abre la puerta. Dentro huele a humedad. Es una estancia demasiado rústica, apenas una tosca mesa de cocina, una par de sillas, una cocina a gas, una chimenea de hierro y una cama cubierta por una colcha deshilachada. Él entra primero, yo me quedo en el umbral de la puerta, escuchando la lluvia golpear el pequeño porche de madera. Tira la bolsa de deporte sobre la cama y se dirige al lavabo para darse un lavado de cara y manos. Se quita el anillo, lo deja junto a la jabonera, se suelta el botón superior de la camisa, se vuelve y dice – entra de una vez- no te quedes ahí parada joder-. Entro en la estancia como un buey dirigiéndose al altar de los sacrificios, mirada baja, pasos cadenciosos, siento los latidos del corazón en la espalda. Abre la bolsa para sacar una camisa limpia y la deja abierta. La miro de reojo, me parece ver dentro el vestido de flores de mamá. Me siento en una esquina de la cama, él se sienta a mi lado, junto las rodillas, apretándolas fuertemente, cerrándome, como el pico del halcón al atrapar su presa. Me ordena –desnúdate y ponte este vestido. Me quedo horrorizada, es el vestido de mamá manchado de sangre. ¿Qué es lo que pretendes? – le pregunto con el hilo de voz que soy capaz de articular – Nada que tú no desees – me responde-

FIN FINITO

PEUGEOT 404 (2)

El Peugeot avanza por la carretera como un cuervo adentrándose en la niebla. El paisaje no cambia, aterido a su frialdad infinita parece estar muerto, no tiene colores destacables, todo él es parduzco y grisáceo. Con un gesto extremadamente lento levanta la mano de mis rodillas y saca de la guantera una pipa, la prende dando fuertes lametazos a la boquilla. Comienza a llover. El deslizar de las gomas del parabrisas sobre el cristal parece llevar el compás de la canción de Tito Puente que suena en el radio-cassette. Se hace de noche. Tras un viraje inesperado nos adentramos por un camino de tierra. Le pregunto ¿falta mucho?. No te preocupes cielo, sabes que eres mi niña y que jamás te haré daño -responde exhalando el humo dulzón de la pipa-. Por fin me atrevo a mirar sus ojos, son ámbar, tiene una mirada terrible, su desesperanza vital los hace intensamente atractivos. Soy su hija, el único fruto de un amor doloroso. Tiene las uñas demasiado cortas, sus pulgares son gruesos, el anillo que lleva en uno de ellos está labrado con signos cirílicos. Tengo en la cabeza muchas cosas que preguntarle, pero no me sale la voz. Frena bruscamente y para el coche frente a una cabaña de madera. Me dice- baja, -con voz firme, como a mi me gusta que hable. Saca del maletero una bolsa de deporte y nos encaminamos hacia la puerta. Vuelvo a ser la niña temblorosa frente a la puerta, la implacable puerta que separa el miedo del deseo.

FIN FINITO

PEUGEOT 404



Suena Annie Lennox en el radio-cassette del viejo Peugeot 404. Tras el cristal delantero se extiende una llanura inconmensurable, los grajos suben y bajan de los tormos de tierra al poste eléctrico. Hace mucho frío ahí afuera. Ha conducido con la mano izquierda fuertemente amarrada al volante, mientras que su mano derecha se ha ido acercando a mis rodillas. No me atrevo a mirar su cara, de reojo observo sus botas embarradas. Huele a una mezcla entre colonia barata, tabaco y güisqui. No hablamos. Después de conducir durante más de dos horas me pregunta ¿me odias tanto como tu madre? a lo que no respondo, sigo callada, intentando evitar que note el ligero temblor de mis piernas. Desde niña he soñado con este momento. He querido su violencia. Siempre la ejercía contra su esposa. Era una violencia extremadamente contenida. El cinturón de cuero marrón tenía los agujeros cedidos, cuarteado en el extremo, se lo quitaba furioso, siempre después de haber bebido. Cerraban la puerta de su dormitorio. Yo tras la puerta me sentía culpable. Me orinaba, se me quedaba fría la orina bajando por las piernas hasta el suelo. Después venía el enfado de mi madre por no haber sido capaz de retenerla.
FIN FINITO

HIPERBREVES

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Tyson Grumm
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Avanzó hasta el borde del precipicio
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Al bajarlo de la cruz su madre miró al cielo
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La cuna del silencio está en un jardín de Tokio
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Adeudo al banco 1/3 del trabajo que me resta
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Le asestó tres puñaladas porque
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Sé de un sitio
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La familia le ocultó la gravedad de su enfermedad
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No te diré quién lo hizo, limítate a limpiar la sangre
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¿es verdad que Bin Laden se está tirando a una judía en un prostíbulo de Beirut?
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Al doblar la esquina lo ví huír
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Ahora hazlo tú
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¿por qué? ¿para qué?
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soy

FIN FINITO

PORTADORA DEL SILENCIO

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Foto Patti Levey
Es la portadora del silencio, la cubre, la arropa, le da calor, la arrulla como si se tratara de una buena madre que amamanta a su hijo moribundo, ella lo sabe pero se niega a admitirlo, sabe que cuando sostenga a ese pelele que será su hijo, lo zarandeará como a un terrible muñeco roto, intentará sacar un ligero balbuceo de su boca, acercará su carita ya blanca y fría hasta sus ojos, gritará sin que nadie la oiga, comenzará a caminar sin volver la vista atrás, dejará su casa en llamas, no acelerará el paso no, se irá a paso lento entre zarzales y yerbabuenas.

Es la portadora de la muerte, pero no de una muerte común, su muerte es más dura si cabe, la muerte de alguien que jamás tuvo vida, inasible a nada a nadie, un rabo de nube que intenta agarrarse, sin conseguirlo, al descarnado hueso de la montaña.

Se le han ido las ganas a fuerza de vivir, se ha disfrazado con tantos vestidos que ya no se reconoce en ninguno, incluso desnuda frente al espejo ya no es fehaciente reflejo, es un ciento de sombras superpuestas, adheridas unas a otras por ligeros hilos de nada, sin color.


FIN FINITO

MI COMALA IMAGINADA

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bajo un cielo avasallador
las pezuñas del burro
marcan en el camino
pequeñas medias lunas

huele a maguey

- ¿Es Comala lo de tan lejos?
- Sí señor - fue Comala - ahorita las ruinas nomás


la tierra seca
útero matriarcal
deja escapar la vida
como si le sobrase

- ¿Viene a quedarse por mucho tiempo señor?
- No, un extraño no puede quedarse aquí, vengo a rezar por los muertos que me precedieron

rencor hecho de piedra
dos Méxicos y un muro
culebra de adobe

páramo cortado
mentira de madre
eterno retorno

ausencia de palabras
pertenecen a los que ya no están

- Mi patrón me mandó arreglar la aldaba del sepulcro
- Ya lo sé, le pagaré más tarde
- No se preocupe señor, ayer acuclillada para recoger la leña, me encontré un peso de plata, me doy por pagada por la divina providencia.
- Entonces no se hable más, márchese, que ahora quiero estar solo

la sombra de una anciana
resbala por mi espalda

en el bolsillo una foto sobada por dedos infantiles
mis pequeños dedos de 6 años
inocentes

y ahí los muertos con ojos de vivos
con dientes de vivos
con huesos de vivos
con voces de vivos

¡¡¡ dejadme ya !!!

de vuelta
vi en las moles de piedra
la cara de mis padres
sonrientes
como cuando eran felices

olvidándome por un instante
que fui el fruto
de una violación consentida

madre
padre
¿por qué?

FIN FINITO

Fotos: Juan Rulfo

EL CRUCE DE PIERNAS DE CONDOLEEZZA O QUÉ LIBRO SALVARÍAS

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En el último amanecer de la tierra se enzarzaron en agrias discusiones sobre qué libro salvar, ¿cuál de ellos era digno de tal mérito?

Presidiendo la mesa Nietzsche se atusaba su poblado bigote dudando entre dar su voto a "Así habló Zaratustra" o a "El Evangelio de María Magdalena", estaba molesto porque la música de fondo que estaba sonando era el "Sigfrido" de Wagner y momentos antes había visto de soslayo una estúpida sonrisa en la cara de Hitler.

Cerró los ojos, contó del diez al cero, abrió los ojos y dijo:

- Sois unos hijos de puta ¿no os dais cuenta de que vuestra riqueza empobrece a muchos y a vosotros mismos? ¿no os dais cuenta de que solo se ama al pobre y al desdichado? ¿que solo se ama al que inspira compasión?

A la derecha de Nietzsche Franz Kafka tamborileaba con su lápiz sobre la mesa, eran unos toc, toc, toc, toc acompasados y ligeros, sus grandes ojos no parpadeaban, miraban fijamente a un muro infinito que había decidido construir entre su posición y la de Hitler, pretendía ignorarlo por completo.

Su propuesta era que se salvara "La Metamorfosis", hacer inmortal a Gregor Samsa y que otro futuro escritor le devolviera a su estado original, quizás en otro mundo, en otro planeta. No tenía la menor duda de que aunque la tierra terminara ese mismo día, en otro lugar del universo continuaría.

- Propongo salvar "La Metamorfosis" señores, y no es porque yo sea su autor sino porque en él se refleja a la perfección la degradación del ser humano, la soledad como final, la incapacidad real y absoluta del hombre para albergar la esperanza y las fuerzas externas que se alían para vencerlo. - comentó Kafka

Adolf Hitler movía su pierna derecha bajo la mesa e intentaba limpiarse el barro de las botas, su bigote era mucho más pequeño que el de Nietzsche y su atributo sexual también (claro está), desconfiaba de la inquisidora mirada de Sigmund Freud, que en esos momentos intentaba calcular la longitud del miembro de Adolf, y por qué habiendo sido físicamente tan insignificante había podido a llegar donde llegó.

- Algún día “Mi credo” será de obligatoria lectura, las generaciones venideras comprenderán que la salvación del hombre está en una selección de la raza superior, en una dominación sobre el débil. La naturaleza es sabia señores, ella obra por su cuenta y solamente deja sobrevivir y desarrollarse al fuerte, el resto debe de ser exterminado. Debemos ser nuestros propios dioses. Un mundo perfecto donde lo incompleto no tenga lugar. Por los tanto propongo salvar “Mi credo” – Dijo Hitler-

Sigmund Freud no había abierto la boca en toda la reunión, se limitaba a tomar apuntes en su sobado moleskine negro, entre nota y nota, alzaba la vista al techo, se mordía los labios, su mano izquierda rascaba la barba una y otra vez, hasta que por fin se levantó de la silla y expuso lo siguiente:

- Queridísimos contertulios, les he observado con gran detenimiento durante toda la sesión, he tomado notas de cada una de sus intervenciones y he llegado a la conclusión de que todos Vds son unos jodidos engreídos que lo único que desean es matar al padre y seducir a la madre.

Se armó un fuerte revuelo en la sala, hasta que desde una esquina de la habitación surgió voz firme y a la par melancólica, era Einstein imponiendo orden

- Cállense de una vez, que esto parece un corral de gallinas ¿qué pretendemos salvar un libro o montarla de nuevo? – gritó Einstein


Se hizo un silencio de 5 o 6 segundos, todos miraron atónitos a ese hombrecillo despeinado que surgía de entre las sombras,

- ¿qué pretendía? – pensó Nietzsche

- ¿vendrá a por mí? – pensó Kafka

- vaya el que faltaba… ¡¡¡otro judío de mierda!!! - murmuró Hitler

- este seguro que sigue siendo un onanista compulsivo – pensó Freud

- Hay que salvar algo que sea fácil de recordar, que no se necesite papel ni otro soporte que pueda ser susceptible de ser destruido, algo que quepa en la memoria de un idiota, porque probablemente el único ser vivo que quede sea George Bush. Propongo que se salve mi fórmula E = emc2 .- expuso Einstein -

Así continuaron durante todo la mañana sin llegar a ningún acuerdo. A eso de las 13:30 entró en la sala Condoleezza Rice para servirles un buen café italiano, después de servirles tomó una silla la puso frente a ellos y se sentó haciendo un cruce de piernas de vértigo.

- Juro ante la Sagrada Biblia, si es preciso, que de todos Vds. el que la tiene más pequeña es el Sr. Adolf Hitler y además su bigote es de quita y pon, vamos que es postizo, ayer noche me lo tiré escuchando a Wagner y juro por Dios que ha sido el peor polvo de mi vida. Respecto a los restantes aquí presentes comentarles que agradezco su interés en salvar un libro pero he hablado con mi jefe George Bush y me ha dicho que les comunique que en su cerebro solo entran dos únicas palabras QUIERO MÁS, así que ya está preparado en la lanzadera para ser enviado al espacio, será testigo de la explosión de la tierra, por si acaso se le olvidan esas dos palabras ya me he encargado de colgarle del cuello un cartelito con la susodicha misiva. Así que si no tienen nada más que objetar doy por concluida esta reunión.

- Y ahora que Dios nos acoja a todos en su seno. – sentenció Condoleezza -



FIN FINITO

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FUERA CACHONDEO ¿QUÉ LIBRO SALVARIÁIS?

UN MINUTO EN LA VIDA DE H.

H. sopló sobre las migajas del mantel
tomó un sorbo de café amargo
posó la taza sobre la mesa
apoyó los codos y tapándose los ojos con las manos dijo:

- no me respondas pero ¿me quieres?

N. hizo un gesto para que el camarero recogiera la cuenta.


FIN FINITO