Suerte Futura
Tuesday, 7. October 2008, 15:14:52
Un anciano, de cabeza blanca, encorvado por el peso de los años, vestido de andrajos y con unos zapatos viejos que no alcanzan a cubrir sua cansados pies, concurre viernes a viernes a los almacenes de La Teja, precisamente a la hora de pago en busca de la modesta ayuda que le brindan algúnos camaradas.
Lo he contemplado varias veces y no he podido menos que sobrecogerme al pesar que aquella figura personifica a cada uno de nosotros, trabajadores telefonistas, porque aquel anciano que mis ojos contemplan fue también telefonista.
El también como nosotros, dejó los mejores años de su vida al servicio de la empresa, desde el año de 1898, él fué también un competente trabajador, pero un día del año de 1928, cuando todas sus energías habían quedado allí, entre marañas de alambres, de cordónes de conmutador y de bajantes rotos, fue puesto en medio de la calle, inútil y viejo, tuvo la desgracia de ser separado cuando cuando aún los derechos del trabajador estaban en manos de la propia empresa, en que la entonces débil agrupación de nuestro gremio pudiera siquiera levantar la voz ante estas injusticias, de ahí la razón de nuestra lucha, el porque de nuestro movimiento social.
En muchas ocaciones hemos oido decir a los dirigentes de la empresa que ésta no tiene corazón, que es intangible y que no puede dolerse de la situación miserable en que viven sus trabajadores, para ella no hay consideración posible.
La posición de lucha por nuestros derechos emana de esa incomprención inhumana, de la necesidad de que nuestros servicios sean debidamente remunerados, ya se dijo en ocación anterior que nosotros trabajadores especializados, nos entregamos en vida y alma al servicio de la empresa y cuando esa nos desocupe, saldremos con los ojos cerrados, nuestro fín será el del anciano que viernes a viernes llega en busca de una ayuda de parte de los camaradas de su clase.
Si nosotros no cuidamos lo que nos a costado tanto trabajo conquistar, necesitamos mejorarlo y velar a toda costa para que no se nos arrebate nada, absolutamente nada de lo que hemos adquirido, pues ese es nuestro único patrimonio,esa es la única herencia que podemos legar a nuestros hijos proletarios, el fruto de nuestras energías.
SINATEL, núm. 37, 31 de mayo de 1943.
Lo he contemplado varias veces y no he podido menos que sobrecogerme al pesar que aquella figura personifica a cada uno de nosotros, trabajadores telefonistas, porque aquel anciano que mis ojos contemplan fue también telefonista.
El también como nosotros, dejó los mejores años de su vida al servicio de la empresa, desde el año de 1898, él fué también un competente trabajador, pero un día del año de 1928, cuando todas sus energías habían quedado allí, entre marañas de alambres, de cordónes de conmutador y de bajantes rotos, fue puesto en medio de la calle, inútil y viejo, tuvo la desgracia de ser separado cuando cuando aún los derechos del trabajador estaban en manos de la propia empresa, en que la entonces débil agrupación de nuestro gremio pudiera siquiera levantar la voz ante estas injusticias, de ahí la razón de nuestra lucha, el porque de nuestro movimiento social.
En muchas ocaciones hemos oido decir a los dirigentes de la empresa que ésta no tiene corazón, que es intangible y que no puede dolerse de la situación miserable en que viven sus trabajadores, para ella no hay consideración posible.
La posición de lucha por nuestros derechos emana de esa incomprención inhumana, de la necesidad de que nuestros servicios sean debidamente remunerados, ya se dijo en ocación anterior que nosotros trabajadores especializados, nos entregamos en vida y alma al servicio de la empresa y cuando esa nos desocupe, saldremos con los ojos cerrados, nuestro fín será el del anciano que viernes a viernes llega en busca de una ayuda de parte de los camaradas de su clase.
Si nosotros no cuidamos lo que nos a costado tanto trabajo conquistar, necesitamos mejorarlo y velar a toda costa para que no se nos arrebate nada, absolutamente nada de lo que hemos adquirido, pues ese es nuestro único patrimonio,esa es la única herencia que podemos legar a nuestros hijos proletarios, el fruto de nuestras energías.
SINATEL, núm. 37, 31 de mayo de 1943.











