Guardo mi alcoba tibia, fragante y esperando, como para un encuentro muy dulce y añorado, lo mismo que las hojas se esparcen por el prado, la ropa por el suelo, también la voy tirando.
Cuento uno, dos, tres, los latidos de tu alma cuando tiemblas al rito de la rosa que se abre; te llenas de suspiro, tus pupilas me hablan y es mágica en mi cama tu presencia esta tarde.
Mientras llueve en la calle y el mar se arremolina y el peine de los vientos silba hinchando su pecho, yo amante y aplicada y sin piedad ninguna, te tumbo en un abrazo, sobre el mullido lecho.
Como leona en celo, sin piedad te devoro, ávida de tu sexo que yo intuyo repleto, sumergiéndome libre entre pliegues que adoro, busco ese cenit tuyo tan lleno de secretos.
Cual frágil tximeleta huyendo del granizo, mis manos son las teclas que te ponen a punto de escribir pentágramas en la piel los dos juntos, y subirte hasta el cielo, como nadie lo hizo.
Ravel y su concierto llenan todo el espacio, la aurora con su luz va ganando a la noche, también nuestra cordura llega tras el derroche, y el sopor nos invade y el sueño y el cansancio.
¡Hola queridos amigos! gracias por pasaros por este rincón. Os he dejado un nuevo poema, sin ánimo de competir con el de Mario Benedetti. Espero que os guste. Feliz semana. Besos.