Tuesday, 28. April 2009, 14:30:59

NUNCA DIGAS “NUNCA MÁS”
-“¡NUNCA MÁS!”- dije hace exactamente un año tras atravesar la isla y cruzar la línea de meta en la maravillosa ciudad de Garachico. Una semana más tarde, en La Laguna, ya estaba corriendo la Media Maratón y casi se me había olvidado lo mal que lo había pasado subiendo en dirección a Izaña desde el Puertito de Güimar.
Pues bien, un año más tarde, ya no recordaba nada en absoluto: ni los dolores musculares, ni las uñas amoratadas, ni la angustia sufrida subiendo aquellas cuestas interminables pensando que, cuando llegase arriba (si es que llegaba) todavía me quedarían casi 50 km para llegar a meta... “Pero ¿qué coño hago yo aquí?”- me pregunté más de una vez durante el camino y cuando avisté a mi marido en la cima sólo fui capaz de decir: “Jose, vamos para casa”... Pero no me fui.
Y allí estaba de nuevo, a las 5:45 de la mañana de un sábado, en la explanada del muelle del Puertito, mochila en ristre y, esta vez sí, con las luces delantera y trasera iluminando el camino... Parecíamos un montón de luciérnagas desesperadas por hacer cumbre... Por delante, blancas, por detrás, rojitas... ¡Qué imagen tan espectacular!
Esta vez, algo más preparada físicamente pero, sobre todo, psicológicamente (o eso creía yo) con la idea en la cabeza de mejorar mi marca del año anterior (11h 01´) y con una estrategia de carrera muy sencilla para lograrlo: procurar correr el mayor tiempo posible: “Cuanto más corras – me decía a mi misma- más pronto llegarás”. Parece ridículo, pero es tan sencillo como eso... ¡Y FUNCIONA!
Superado el primer obstáculo (los 24 km con 2.500 metros de desnivel desde el Puertito hasta Izaña) y para mi, el más duro tras la mala pasada del año anterior, ya sólo me quedaba correr. Pero, como todos sabemos, en una competición como ésta hay que contar siempre con otros factores de riesgo como son, la elección correcta del calzado para evitar heridas y ampollas en los pies, y los dolores que pueden aparecer en cualquier momento, espontáneos, impredecibles y molestos hasta llegar a conseguir hacerte abandonar.
En mi caso, fue una hinchazón en el empeine del pie derecho que me provocaba unos calambres dolorosísimos que no me permitían correr cómodamente. El miedo se volvió a apoderar de mi: “Jose, me duele un montón el pie, no se si...” –“Aguanta nena, no te pongas nerviosa y si tienes que caminar, camina” ¡PERO YO NO QUERÍA CAMINAR!
Respiré hondo, y tras comer y beber algo, enfilé el asfalto dirección a El Portillo. Allí, tras un cambio estratégico de calzado y algo más de comida en el cuerpo, salí con ya media hora de mejoría sobre mi tiempo del año anterior. Tras un poquito más de carretera, tuve que despedirme de mi mayor apoyo moral hasta línea de meta, mi marido: he de admitir, que es el momento más duro, porque es donde te das cuenta que te faltan todavía 40 km, que ya llevas acumulados 32 y que la soledad de la montaña te pasará factura tarde o temprano... que cualquier tropiezo te puede hacer perder todo lo conseguido hasta entonces, que nadie te espera al final de aquella curva, que tienes que tirar adelante como sea.
Y seguí corriendo los 17 km que me separaban del siguiente avituallamiento, cojeando cuando el dolor se agudizaba, con la música de mis cascos a todo volumen, intentando hacerme sentir mejor.
Y seguí corriendo los siguientes 15 km hasta el penúltimo “Oasis”, esta vez, con alguna pequeña caminata, eso sí, a toda pastilla, para recuperarme un poco.
Y, sorprendentemente para mi, seguí corriendo los últimos 8 km de carrera asfáltica, tremendamente empinados, con las piernas totalmente cubiertas de agujetas punzantes que me hacían recordar a cada paso lo que llevaba recorrido.
Y allí estaba... el ARCO DEL TRIUNFO, al final de aquella montaña tan tremenda como bonita, al final de aquel camino tortuoso, empedrado y resbaladizo...
Una calle estrecha y abarrotada de gente te da la bienvenida, te aplaude y te vitorea como a un héroe de leyenda... Por fin, estás allí, has llegado, lo has conseguido... Una sonrisa se desprende de tu boca, no lo puedes evitar, los dolores son irresistibles pero la felicidad es muchísimo mayor... Y ves el tiempo en el marcador, y te ríes, te ríes porque te das cuenta que acabas de mejorar tu marca en una hora y media... (9 h 29´) Y como colofón, escuchas por los altavoces tu nombre, escuchas decir que eres la 4ª mujer que cruza la línea de meta tras recorrer los 72 km que la separan de la salida... y la 3ª de tu categoría.